“Negro como el carbón”

En una ciudad de la provincia de Heilongjiang (Manchuria), aparecen pedazos diseminados del cuerpo de un hombre asesinado; el muerto se llamaba Liang Zhijun, trabajador de la planta local de carbón; el detective Zhan Zili (Liao Fan) es retirado del caso luego de una balacera donde varios pierden la vida. Cinco años después, Zhan Zili, divorciado y alcohólico, trabaja como guardia de seguridad; cuando ocurren dos crímenes similares y se entera que las víctimas estaban relacionadas con Wu Zhizhen (Gwei Lun-mei), esposa del primer asesinado, decide involucrarse por su cuenta.

Entre callejones de barrios industriales, paisajes helados, montones y bandas de carbón, deambula un detective dañado física y mentalmente, obsesionado por una mujer fatal. Tan negro como el carbón (Bai Ri Yan Huo; China, 2013) es una cinta tan negra como el título con el que juega el director Yi’nan Diao que la bautizó en inglés Carbón negro, hielo quebradizo (Black coal, thin ice), pero que del mandarín se traduciría como “Fuegos de artificio en el día”, una forma de decir ensueño y evasión.

Si se mira únicamente desde el género y se añade el cálculo de realizar un producto que signifique éxito comercial y premios al mérito artístico como el Oso de Oro de Berlín, Tan negro como el carbón resultaría un estupendo ejercicio de estilo, made in China, que se inspira en El halcón maltés y El tercer hombre. De ahí que una parte de la crítica norteamericana apruebe el trabajo de Yi’nan Diao con ciertas reservas, porque resiente el lirismo de las pistas de hielo en la noche, donde la fosforescencia de los neones (todo un lenguaje en el cine chino) forma estanques de color, deslices de la trama en detalles de la vida cotidiana con un toque surrealista.

Yi’nan, quien tardó casi una década en escribir el guión, abre una ventana hacia la realidad de un país agigantado pero agobiado por la desigualdad social, la incertidumbre de los pueblos mineros y la respuesta autoritaria que deja poco margen a cualquier muestra de inconformidad. Su primer mérito es haber librado la censura; Jia Zhangke, con una cinta de tema equivalente (A touch of sin), tuvo prohibido comentar o dar entrevistas.

De Jia proviene el estilo documental, irresistible para los herederos de la Sexta Generación ocupados en captar la diversidad de maneras de vivir y de subsistir de millones de gente en las grandes urbes, donde de repente todo era posible, siempre y cuando hubiera acceso al capital. Más allá de la crítica social en la que inevitablemente se deslizan, estos cineastas documentan nuevas especies de seres urbanos, sus rituales, su búsqueda de significado en una cultura que se esfuerza por reconocerse a sí misma.

Tan negro como el carbón aprovecha el espacio, cada vez más amplio, de un cine de autor que no queda confinado a festivales y circuitos de arte. La maestría de la puesta en escena de Yi’nan compone planos-secuencia que pasan de un lugar a otro como de un tiempo a otro, tal es el túnel nevado por el que transcurren cinco años y combina planos fijos que escudriñan rostros. De la misma manera construye metáforas de hielo, carbón y fuego, luz y oscuridad, que hablan del rango humano de sus personajes vulnerables y quebradizos, explosivos y aniquiladores.