La vorágine del arte colombiano

Con una exposición denominada La vorágine, la galería OMR de la Ciudad de México se suma al auge comercial que tiene actualmente el arte contemporáneo colombiano.

Presente desde el año pasado en publicaciones interesadas en el devenir mercantil del arte, la creación de ese país se ha convertido en la protagonista latinoamericana de moda 2015 en el mainstream. Además de haber sido el invitado especial en la pasada edición de la feria española ARCO durante junio, resonará en Nueva York con una retrospectiva de Doris Salcedo (Bogotá, 1958) en el Guggenheim y una exposición-venta denominada Colombia recontada en la casa de subastas Christie’s. Cocurador de esta última, Óscar Roldán-Alzate, artista y politólogo del país sudamericano, es también el curador de la muestra en la OMR.

Inspirada en la famosa y crítica novela que escribió José Eustacio Rivera en 1924 –en la que plantea la desigualdad social de Colombia a través de la descripción de la cultura y la geografía de la selva amazónica–, La vorágine sintetiza no sólo la diversidad de la escena artística colombiana, sino también las tendencias curatoriales de moda en el mainstream institucional.

Interesado en “abrir escenarios posibles de reflexión en torno a la relación entre el arte y la política en el contexto latinoamericano, particularmente desde el caso colombiano”, Roldán estructura una narrativa curatorial basada en los vínculos entre tradición y territorio. Desde su perspectiva, estas categorías son construcciones simbólicas que cuestionan, interpretan y fundamentan ideas sobre el ser, la sociedad y la nación.

Integrada por 12 autores nacidos entre 1941 y 1984 –entre los cuales sorprende la ausencia de la generación nacida en los años cincuenta–, la muestra permite conocer la riqueza creativa de prácticas bidimensionales y tridimensionales de plataformas convencionales, neoconceptuales y tecnológicas.  Con discursos estéticos que sin describir –o criticar– la violencia refieren a sus consecuencias, las obras de La vorágine sugieren una actitud artística más interesada en construir un presente que en denunciar un pasado.

Con pocas firmas reconocidas como las de Alejandro Restrepo y Carlos Castro, la muestra presenta un dinámico escenario en el que sobresale la vigorosa pintura de atrevidos cromatismos con intervenciones dibujísticas de  José Horacio Martínez (1961), los nostálgicos y crípticos videos de Juan Manuel Echavarría (1947), la ficción de los lenguajes pictóricos de poéticas conceptuales de Delcy Morelos (1967) y la recuperación del conocimiento tradicional de la vegetación colombiana a través del dibujo de Abel Rodríguez (1941). Entre lo más atractivo e incluso divertido, las espléndidas acuarelas sobre papel del siglo XIX en las que Carlos Castro (1976) reproduce escenas costumbristas del México virreinal invadidas con referencias de colonización cultural como un vocho o el Chavo del Ocho.

Sintética e interesante, La vorágine le recuerda a las instituciones museísticas la pertinencia de organizar, al margen del mercado, una exposición que permita profundizar en la vorágine del arte contemporáneo colombiano.