“La orden era disparar y disparar”

Un informe de la organización civil israelí Breaking the Silence, compuesta por exsoldados, recoge los demoledores testimonios de más de 60 militares que participaron en la guerra de Gaza de julio y agosto de 2014. En sus relatos detallan los excesos cometidos y el comportamiento “contrario a la ética militar” que imperó durante la operación Margen Protector, en la que murieron cerca de 2 mil 200 palestinos y 73 israelíes.

JERUSALÉN.- “Recuerdo que era nuestro primer ‘shabbat’ (sábado) de la guerra. De repente apareció aquel anciano y creo que todos pensamos que podría ocultar explosivos. El soldado que estaba en la torre de control vio al civil y le disparó, pero no logró matarlo. El hombre, malherido, aullaba de dolor, pero los médicos no querían acercarse por miedo a que fuera un kamikaze. Teníamos dos opciones: dejarlo morir lentamente o aliviar su agonía. Decidimos lo segundo. Un tanque fue y lo enterró bajo una montaña de escombros y así acabó todo.”

El crudo testimonio de este sargento que participó en la guerra de Gaza forma parte del extenso y desolador informe publicado el lunes 4 por Breaking the Silence.

Ocho meses después de la entrada en vigor de la tregua que puso fin a siete semanas de guerra, varias decenas de soldados y oficiales de diferentes unidades decidieron “romper su silencio” y explicar cómo lucharon realmente en Gaza.

De forma anónima –con el fin de no pagar un “precio social demasiado alto”– estos militares describen sus dudas, su angustia a la hora de apretar el gatillo, su desconcierto ante las órdenes de los comandantes, su zozobra al sospechar que muchos blancos eran civiles y el sentimiento extraño de estar en una especie de siniestro videojuego en el que los muertos eran de verdad, pero nadie les pediría cuentas por ellos.

Durante semanas, la mayoría de los soldados actuó, tomó decisiones u obedeció mecánicamente, sin compasión, en silencio y sin hacerse demasiadas preguntas.

“La idea era: ‘Si divisas a alguien cerca, dispara’. Sin autorización. ‘¿Por qué debemos disparar?’, preguntamos. ‘Porque nadie que no sea un terrorista y que esté en su sano juicio se acerca a un tanque’, respondieron. No interesaba si la persona a la que disparábamos representaba una amenaza, y en el fondo aquello me parecía bien. Cuando disparas a alguien en Gaza no le importa a nadie, primero porque es Gaza y segundo porque la guerra es así”, resume uno de los soldados.

“Al principio había cosas que me molestaban, pero después de tres semanas en Gaza, disparando contra todo lo que se mueve, ya no sentía nada. Las nociones del bien y del mal se diluyen, se pierden los principios morales y todo se convierte en una especie de juego. Aquello no parecía real”, narra un sargento de artillería.

Al regresar a sus casas, aquellos militares comprobaron que sus familias, amigos o vecinos no tenían la menor idea de cómo se había librado la guerra en Gaza y tampoco querían saber qué había pasado realmente. A algunos de ellos, esta indiferencia –sumada al empeño en idealizar al ejército– comenzó a resultarles insoportable.

“En Israel no hay debate público sobre la actuación del ejército o los daños colaterales de una guerra. Cada dos o tres años realizamos una incursión en Gaza y los límites se empujan un poco más allá, se causa más daño a civiles y se destruyen más casas. Ahora, con este informe, los hechos están sobre la mesa y los ciudadanos no pueden decir que no saben”, declara a Proceso Avihai Stollar, exmilitar y director de investigación de Breaking the Silence.

“La noción del deber”

La guerra de Gaza dejó un saldo de casi 2 mil 200 muertos palestinos y 73 israelíes. La Agencia de la ONU para los Refugiados Palestinos (UNRWA) calcula que 10 mil viviendas de la Franja fueron totalmente destruidas y más de 100 mil sufrieron daños.

Barrios como Shuyaiyah, al norte de Gaza, siguen arrasados hasta la fecha y dan testimonio de la crueldad de esta guerra. Según cifras de la UNRWA, el número de personas desplazadas por los enfrentamientos rondó las 300 mil; es decir, uno de cada seis habitantes de la Franja tuvo que abandonar su casa. Además, más de 80 escuelas e infraestructura vital, como la central eléctrica o el sistema de depuración y distribución de agua potable, fueron objetivos de la artillería israelí.

Para desconsuelo de todos, las circunstancias que provocaron la guerra siguen presentes: Israel no ha aliviado su bloqueo contra la Franja, las milicias palestinas siguen activas, el movimiento de resistencia islámico Hamas controla Gaza y hay túneles que siguen usándose para hacer entrar mercancías y armas.

Breaking the Silence, que denuncia desde hace más de una década los abusos y comportamientos reprochables del ejército israelí, cree que durante la operación Margen Protector se violaron las principales leyes de la guerra, comenzando por la preservación de la vida de los civiles enemigos.

“Se batió un récord en el uso de la fuerza y en la magnitud de la destrucción. El fuego fue tan indiscriminado que no se podía distinguir entre civiles y combatientes, lo cual multiplicó el balance de muertos palestinos”, explica Stollar.

Las cifras hablan por sí solas. Según datos de la organización no gubernamental, en 2008-2009, durante la operación israelí Plomo Fundido contra Gaza se dispararon 8 mil proyectiles de artillería mientras que en 2014 se superaron los 35 mil.

Experto legal de Breaking the Silence, Michael Sfard considera que apenas hubo restricciones para disparar y la noción de “deber” se vio claramente “distorsionada”.

“En 2014, los testimonios demuestran claramente que todo aquel que no perteneciera al ejército israelí y se encontrara en una zona de combate se convertía de forma automática en ‘sospechoso’”, afirma.

“Al principio no se recibía autorización para disparar si había riesgo de herir civiles. Pero el tiempo pasó y nos llegaban muchas más autorizaciones para bombardear. La orden era disparar y disparar. Si había gente en aquellas casas, no deberían estar ahí porque habían recibido nuestra orden de evacuar. Por lo tanto, si permanecían allá es porque eran terroristas”, resume un combatiente.

Pero Sfard recuerda que “hubo civiles que habían recibido una advertencia del ejército israelí, pero se quedaron en la zona porque eran ancianos, estaban enfermos, eran amenazados por milicias o simplemente no tenían otro lugar adonde ir. (…) Y eso no los convertía en un blanco legítimo ni eximía a nuestros soldados de diferenciar entre civiles y combatientes palestinos”, añade.

“Aquello era una porquería”

Julio de 2014. Ciudad de Rafah, al sur de la Franja de Gaza. Una unidad de infantería del ejército israelí ve a dos chicas palestinas caminando a una distancia de 800 metros. “No debían estar allí”, por lo tanto, son sospechosas y mueren acribilladas. Un tanque se acerca a los cadáveres y ve que sólo llevaban encima un teléfono celular. Es claramente un error, pero los responsables militares deciden incluirlas en la lista de terroristas muertos durante la operación.

“Sentí que todo aquello era una porquería”, dice el soldado israelí que narra el episodio.

Avihai Stollar fue sargento de infantería durante la Segunda Intifada (segundo “levantamiento” de palestinos contra israelíes, entre 2000 y 2005). Estuvo destacado cerca de Hebrón, una de las zonas más complicadas de Cisjordania. Recuerda que, en aquellos momentos en los que había atentados suicidas y enfrentamientos frecuentes el código de conducta era “muy claro” y sólo se podía disparar “si el supuesto enemigo tenía un arma, mostraba intenciones de usarla y si, por la distancia a la que se encontraba, tenía la capacidad de hacer daño”.

“Pero en 2014, estas reglas parecen hacer desaparecido”, lamenta este exmilitar de 32 años.

“No sé cómo se habría comportado otro ejército durante la última guerra en Gaza. En el fondo me da igual: Soy israelí y sirvo a este ejército. Mucha gente dice que Hamas disparaba desde hospitales y usaba a civiles como escudos sin importarles su suerte, pero a mí lo que me aterra es que nos parezcamos a ellos. Decimos con orgullo que tenemos el ejército con más ética del mundo, pero aquí hay soldados diciendo otra cosa”, abunda Stollar.

¿Cómo se explica este cambio drástico en el código de conducta militar? Para Breaking the Silence hay un factor de peso: “La opinión pública israelí no quiere ver más funerales de soldados”. Por ello y pese a que los Convenios de Ginebra que regulan los conflictos armados insisten en la necesidad de proteger a los civiles durante una guerra, en Gaza la vida de los soldados israelíes era prioritaria. “Y eso lo justificaba todo”, asevera un soldado en su testimonio. Aun así, en Gaza fallecieron 67 militares israelíes.

En un artículo publicado a finales de 2014 en la revista Jewish Review of Books, el filósofo Asa Kasher, autor del código de ética de las fuerzas armadas israelíes, defendió la actuación del ejército en Palestina y consideró que las acusaciones emitidas contra la institución castrense eran “injustas”, ya que las fuerzas armadas habían dado prueba de “mesura” durante esta guerra.

“¿La presencia de un número importante de civiles cerca de un edificio que es el punto de origen de ataques terroristas contra Israel torna este edificio intocable? La respuesta es no. Israel no puede dejar de proteger a sus ciudadanos simplemente porque terroristas usen a civiles como escudos”, escribió.

El informe de Breaking the Silence se publicó días después de que la ONU denunció los bombardeos israelíes de varias de sus instalaciones en Gaza –en los que murieron 44 civiles– y en un momento en que la Corte Penal Internacional (CPI) de La Haya estudia abrir una investigación sobre posibles crímenes de guerra en Gaza.

En los testimonios de los soldados o las declaraciones de los miembros de la ONG no es usado en ningún momento el término “crímenes de guerra”. El objetivo de Breaking the Silence es sobre todo abrir los ojos de la opinión pública israelí e impulsar una investigación independiente sobre la actuación de ejército para corregir sus “excesos morales” de cara al futuro.

“Pero todo el mundo puede utilizar este informe. Lo que hacemos nosotros es exponer los hechos y si parte de este informe es usado en la CPI no será porque nosotros hayamos publicado estos testimonios, sino porque lo que estamos contando ocurrió”, matiza Stollar.

El lunes 4, horas después de que se hizo público el informe de Breaking the Silence, un portavoz militar israelí subrayó que se investigará “con seriedad cualquier denuncia creíble” sobre la operación en Gaza. Portavoces militares israelíes siempre subrayaron que el ejército hizo todo lo posible para reducir al mínimo la cantidad de víctimas civiles palestinas en Gaza y culparon a Hamas de usarlos como escudos humanos.

Además, en este momento, la policía militar investiga 19 denuncias sobre presuntos delitos cometidos por el ejército durante la operación Margen Protector. Los casos van desde el robo de dinero en casas hasta la muerte de cuatro niños que correteaban en una playa en Gaza cuando fueron bombardeados.

Pero basándose en casos precedentes –que revelaron el escaso poder de sanción del ejército israelí hacia los suyos–, los responsables de Breaking the Silence dudan que estas investigaciones consigan el efecto deseado.

“Si no logramos ahora abrir los ojos de la opinión pública israelí, nuestra pregunta es qué pasará en Gaza durante la próxima operación militar”, concluye Stollar.