Inaugurado a finales de 2010 y utilizado como trampolín electoral del entonces gobernador del Estado de México Enrique Peña Nieto, el Viaducto Bicentenario se levantó sobre un terreno inestable, con oquedades, que puede colapsar la enorme estructura. Aunque los vecinos y un equipo de ingenieros del IPN advirtieron acerca del riesgo a las autoridades, Peña Nieto y la constructora española OHL acallaron las protestas y realizaron el proyecto a través de zonas residenciales.
CUAUTITLÁN IZCALLI, EDOMEX.- El Viaducto Bicentenario, la costosa vialidad elevada construida por la empresa española OHL para lucimiento político de Enrique Peña Nieto, está en riesgo de desplomarse en un tramo de más de tres kilómetros que atraviesa el municipio mexiquense de Cuautitlán Izcalli, debido a que se levantó sobre un frágil terreno movedizo plagado de minas y cavernas subterráneas.
En varias denuncias hechas por los vecinos de la zona, y después en un amplio peritaje realizado por científicos del subsuelo del Instituto Politécnico Nacional (IPN), quedó asentado lo peligroso que resulta el Viaducto Bicentenario en esta “zona minada”, como la llaman.
Sin embargo, OHL y Peña Nieto, entonces gobernador del Estado de México, hicieron oídos sordos a todas las llamadas de alerta y no modificaron el trazo de la obra, inaugurada el 24 de noviembre de 2010 y considerada como la “cereza del pastel” que sirvió para impulsar a Peña a la Presidencia de la República.
Actualmente, las pesadas columnas de concreto que sostienen al Viaducto Bicentenario han agrietado aún más al frágil suelo de la zona, donde se ubica el Fraccionamiento La Quebrada, cuyas calles y viviendas también han sufrido mayores cuarteaduras.
Arturo Chavarría Sánchez, presidente del Colegio de Arquitectos y Urbanistas del Estado de México, lanza la siguiente advertencia:
“Los especialistas del Politécnico no andaban mal en sus cálculos; el viaducto elevado puede desplomarse en ese tramo. Sería una catástrofe no sólo para los habitantes que viven al lado y saben el peligro que corren, sino también para los automovilistas que circulan por los dos niveles de esa importante autopista, la México-Querétaro, que comunica al Distrito Federal con el norte del país.
“Aparte de pérdida en vidas humanas, ese colapso provocaría un gran daño económico al país, pues por esta vialidad se transporta mucha mercancía y además conecta con la importante zona industrial de Cuautitlán y Lechería. Sobre estos riesgos les estuvimos advirtiendo a Peña Nieto y a OHL.
“No nos hicieron caso. Sólo les importó el negocio. Y continuaron con la construcción del Viaducto Bicentenario, al que siempre publicitaron como la gran obra de Peña Nieto durante su gobierno en el Estado de México. Fue la cereza del pastel. La utilizaron para ganar la Presidencia de la República”.
Cuenta Chavarría que, desde varios años atrás, los habitantes del fraccionamiento La Quebrada ya sabían de las oquedades del subsuelo. Por eso se alarmaron al saber que el Viaducto Bicentenario pasaría por ahí.
A inicios de 2009, dice, empezaron a pedir audiencias con funcionarios municipales y estatales para advertirles del riesgo. Pero se topaban con el ninguneo. Los colonos acudieron entonces –dice– al Colegio de Arquitectos y Urbanistas en busca de asesoría técnica y apoyo a sus gestiones.
Prosigue Chavarría: “En ese momento intervenimos nosotros. Logramos concertar reuniones con la entonces alcaldesa de Cuautitlán Izcalli, Alejandra del Moral Vela, lo mismo que con el ingeniero Ortiz García, entonces director de autopistas del estado, entre otros funcionarios. Sobre el problema también estuvo muy al tanto Gerardo Ruiz Esparza, entonces secretario de Comunicaciones de la entidad y actual encargado del ramo a nivel nacional. Ruiz Esparza jamás quiso reunirse con nosotros. Siempre se escondió. Fue muy esquivo”.
–¿También lograron reunirse con funcionarios de OHL?
–Por supuesto. Y en esas reuniones con funcionarios de la empresa y del gobierno hubo mucha discusión. OHL argumentaba que no tenía responsabilidad y el gobierno le daba largas al asunto. Ganaban tiempo para seguir construyendo la obra. Ya hasta que estaba por terminarse, a mediados de 2010, y ante los crecientes daños que les estaba ocasionando a los vecinos de La Quebrada, sobre todo a un enorme muro de contención que los protege de la autopista, se acordó realizar un peritaje profesional para tener la plena certeza si el suelo estaba o no minado.
–¿Y cómo se eligió al IPN para que lo hiciera?
–Ahí hubo más discusiones. Los funcionarios proponían a despachos privados para hacer la investigación. Pero los colonos y nosotros nos negamos porque podían estar coludidos con el gobierno. Finalmente escogimos al Politécnico por ser una institución académica independiente y con especialistas muy competentes.
Fue así como un grupo de peritos de la Escuela Superior de Ingeniería y Arquitectura, especializados en ciencias de la tierra, realizó el Estudio de geotecnia, topografía y geofísica para identificación de los daños físicos que presenta el muro de contención de la autopista México-Querétaro en el cadenamiento 30-200 al 30-440, con la finalidad de emitir un dictamen y también para determinar la situación del subsuelo de la zona habitacional del fraccionamiento La Quebrada.
La investigación detectó, como aseguraban los vecinos, una red de cavernas y minas en el subsuelo, incluso algunas a muy corta distancia de la superficie –a 1.50 metros, por ejemplo–. Determinó sus longitudes y alturas, la calidad de la tierra, las filtraciones de agua, entre otras especificaciones.
Hizo la siguiente recomendación: “Es importante tomar medidas de prevención antes de la construcción de la obra civil debido a que en la exploración geofísica, geológica y geotécnica se detectó que el subsuelo presenta baja compactación y posible saturación, lo cual aunado a los rasgos de la estructura geológica son factores que generan grietas de tensión y asentamientos diferenciales”.
También advirtió sobre el riesgo de más fracturas subterráneas: “Estas anomalías pueden generar fracturas en el subsuelo sin verse reflejadas en superficie; además de ser aceleradas por las fugas de agua potable a residual, por lo que se recomienda la revisión de las tuberías de abastecimiento de agua y alcantarillado y una constante supervisión para llevar a cabo un control de estas posibles fracturas y así tomar medidas correctivas antes de que se presenten asentamientos diferenciales en otra zona”.
El estudio analizó las grietas y la peligrosa inclinación del alto y largo muro de concreto que divide al fraccionamiento de la autopista. Determinó que su inclinación ya tiene siete centímetros más de lo “permisible” debido a las “minas” del subsuelo, por lo que puede caerse.
También detectó peligrosos “escurrimientos” de aguas que “se pueden atribuir a que las tuberías se encuentran rotas”, roturas ocasionadas muy probablemente por las mismas fallas subterráneas.
De 84 páginas, más anexos de gráficas, mapas y fotografías, el peritaje concluye señalando que –por todos estos “resultados geofísicos” – el tramo analizado es una “zona minada”.
Y recomienda por último que “para definir un tratamiento a estas minas es necesario realizar un levantamiento topográfico a detalle de cada una de ellas”, así como “complementar con más sondeos directos, con los cuales se determinarán los lineamientos más convenientes a seguir en el diseño de la obra civil por ejecutar”.
Voces acalladas
En lenguaje llano, Arturo Chavarría y el ingeniero Adolfo Nicolás Bastida, vicepresidente del mismo Colegio de Arquitectos y Urbanistas, explican el alance de los llamados “asentamientos diferenciales” sobre los que tanto advierte el peritaje:
“Son peligrosos hundimientos del suelo que pueden tener el efecto de un terremoto. Y en este caso sería el cobro de la naturaleza por construir una obra tan pesada sobre un frágil terreno hueco. No es que seamos alarmistas, pero la naturaleza tarde o temprano se las cobra”.
–Ante tantas advertencias y riesgos, resulta increíble que OHL no haya hecho nada.
–Sí, hizo una simulación de medio resolver el problema poniendo costales de arena en algunas minas y cavernas. Quiso dar la impresión de que había rellenado esos huecos para aplacar las protestas vecinales. Aunque parezca increíble, estamos ante una voracidad empresarial que llegó a estos extremos criminales.
Indican que antes de ponerse a construir el Viaducto Bicentenario, el gobierno de Peña Nieto ni siquiera realizó –como lo marca la ley– el dictamen de impacto regional, el cual incluye los dictámenes de protección civil, vial y ambiental.
Incluso los vecinos afectados estuvieron requiriéndole al gobierno, de manera formal, ese dictamen de impacto regional. Y en una carta fechada el 14 de septiembre de 2010, el director de autopistas, Ortiz García, les dijo sin tapujos que ese dictamen jamás se realizó porque “no fue requerido” en las “bases de licitación que se establecieron”.
La autopista México-Querétaro atraviesa el fraccionamiento La Quebrada haciendo una larga curva de tres kilómetros de longitud, sobre el mismo trazo se levantó arriba el Viaducto-Bicentenario, sostenido con sus altas patas de concreto. A toda hora los colonos de La Quebrada ven pasar los automóviles sobre los techos de sus casas, escuchando el ruido de los motores y los cláxones.
La señora María Regina Palacio, quien vive a pocos pasos de la vialidad, comenta angustiada:
“Los 12 mil habitantes de La Quebrada siempre estamos con los nervios de punta. El viaducto es una bomba de tiempo, en cualquier momento puede venirse abajo. Por más que les dijimos a las autoridades que estaban construyendo sobre terreno minado, nunca nos hicieron caso.
“En septiembre de 2009, por ejemplo, un grupo de colonos esperamos a que Ruiz Esparza terminara una reunión con su equipo de funcionarios, que se realizaba en el hotel del Rey, en Toluca, para plantearle nuestras quejas. Lo abordamos al salir. Yo le planteé brevemente el problema de las minas. Él me contestó molesto: ‘Por favor, señora, en La Quebrada siempre ha habido minas. Todo mundo lo sabe. Y eso no me corresponde tratarlo con ustedes, sino con sus autoridades municipales’. Y se alejó desdeñoso.”
–¿Aproximadamente qué tramo del viaducto tiene el suelo minado?
–Los más de tres kilómetros que abarca la curva de La Quebrada. Lo tenemos muy comprobado. Conocemos bien la zona. Las cavernas del subsuelo son formaciones naturales. Pero las minas las escarbaron compañías cementeras que estuvieron extrayendo de ahí dióxido de silicio para elaborar sus productos. Nunca las taparon.
“En 2001, al ampliarse la autopista México-Querétaro, aparecieron algunas minas y cavernas. Fueron apuntaladas con muros de tabique y vigas de madera. Pero aun así ese tramo de la autopista siguió con hundimientos. Mientras que en la zona habitacional, Protección Civil del gobierno del estado prohibió el tráfico pesado para que nuestras viviendas no siguieran agrietándose. Pero OHL no tomó en cuenta todos estos antecedentes al construir el Viaducto Bicentenario.”
–¿Y ahora qué está pasando?
–El peso del viaducto agravó más nuestros problemas. La red subterránea de agua potable y drenaje se está colapsando. Aparte, cada vez aparecen más grietas. ¡Véalo!
Y muestra las grietas estampadas en el piso de la calle. Semejan una enorme telaraña que va escalando las bardas y los muros de las casas, ya levemente inclinadas.
Otro vecino, don Fermín Muñoz, que habita frente a una columna del viaducto, relata: “Una madrugada regresaba yo a la casa. Venía de un velorio. Estacionaba el auto cuando de pronto escuché un trueno muy fuerte. Era la columna que había tenido un asentamiento. Cimbró a mi casa y agrietó una pared. Desde entonces ando muy espantado”.
Don Federico Portilla Vázquez, por su parte, enseña una resquebrajadura en el suelo del primer piso de la autopista, y explica: “Esa grieta aparece y la tapan con asfalto. Vuelve a surgir y la vuelven a tapar… ¡Mírela!… ahora está ahí de nuevo, en el piso cada vez más hundido”.
Para protegerse de los embates gubernamentales, los vecinos crearon la asociación civil Colonos Unión Anáhuac. A través de ella, el 5 de noviembre de 2010 interpusieron un amparo contra Peña Nieto, Ruiz Esparza y OHL, por los daños que les está ocasionando el viaducto.
El amparo pedía claramente “que paren las obras que se están construyendo respecto al viaducto elevado… en virtud de que nuestro derecho a la vida está en grave riesgo”. Señala que la obra “en cualquier momento puede venirse abajo”, provocando también “la muerte” de “los transeúntes y usuarios de dicha vialidad”.
El amparo interpuesto ante el juez de distrito en el Estado de México, con residencia en Naucalpan, expone a detalle las peligrosas condiciones del suelo, así como los actos “omisos” de Peña Nieto y de los funcionarios estatales y municipales que no cumplieron con la ley al permitir la obra, violando las más elementales garantías individuales, como el derecho a la vida y a la vivienda.
El abogado de los colonos, Juvenal Solares, indica que después “se emitió una sentencia de sobreseimiento, la cual fue impugnada mediante el recurso de revisión”.
Ahora, con el viaducto ya concluido, María Regina Palacio indica que una solución al problema podría ser que a los vecinos se les compren sus casas a un precio justo para salirse inmediatamente de esa zona de alto riesgo, aunque analizan otras opciones.
Comenta: “Aparte de la vía legal, organizamos marchas de protesta en la autopista México-Querétaro, aunque la policía nos tiene bien vigilados. El día de la inauguración del viaducto, por ejemplo, la Policía Estatal nos impidió manifestarnos contra el Grupo Atlacomulco, que implementa este urbanismo salvaje a costa nuestra”.
Ese día, en un rojo autobús sin techo, Peña Nieto, Ruiz Esparza y José Andrés Oteyza, representante en México de OHL, saludaban y recorrían sonrientes la obra elevada que impulsaría al primero a Los Pinos. Abajo, la policía reprimía a los afectados.








