Chapala, foco de discriminación

La ribera de Chapala, que muchos estadunidenses y canadienses eligen para vivir tranquilamente su retiro, está preocupando a los mexicanos por los frecuentes actos discriminatorios de que son objeto ellos y los extranjeros que se atreven a defenderlos. Varias víctimas de insultos y agresiones físicas relatan sus experiencias.

CHAPALA.- La ribera del Lago de Chapala, adonde buscan tranquilidad desde hace décadas pensionados estadunidenses y canadienses, principalmente, se está convirtiendo en un bastión racista.

Este semanario recabó testimonios de mexicanos de escasos recursos que se quejan de actos discriminatorios de residentes extranjeros, pero no se atreven a denunciarlos: quienes lo hacen, aunque sean solventes, terminan encarcelados, y aun los extranjeros que se atreven a defender a los mexicanos terminan excluidos de su comunidad y hasta golpeados.

Muestra de lo anterior quedó en la averiguación previa 966/2015, abierta a partir de la denuncia del canadiense Bruce Alan Sondergaard, de 62 años, quien a través de la perito traductora Lorenza Castiello relató la agresión que sufrió por defender a los mexicanos de comentarios racistas hechos por sus compatriotas y estadunidenses.

Al retirarse de su empleo en su país natal, Sondergaard vino a descansar en Chapala desde hace cinco años. En 2012 compró una membresía en el Country Club Chapala, en el fraccionamiento Vista del Lago, a ocho kilómetros del municipio ribereño.

En la declaración que rindió ante la Agencia del Ministerio Público Uno de Chapala, de la Fiscalía General del Estado (averiguación previa 966/2015), relató que el 13 de marzo de 2015, a las 20:30 horas, se encontraba en la terraza del Country Club junto con Robert Walton, James B. Park y Jeff Zimbak.

También estaban ahí la cocinera Alicia Indalecio Toscano, así como la apoderada del Country Club, Esther Solano Zamora.

“Estábamos platicando los señores Robert Walton, James Park y Jeff Zimbak sobre la asamblea general del club, que iba a celebrarse el día 14 de marzo, porque la que se celebró el 24 de enero se anuló debido a que no había traductor al iniciar la asamblea, por lo cual los socios mexicanos se retiraron molestos. Esto dio cabida a que esa asamblea se anulara, y se iban a nombrar nuevos directivos.”

Prosigue: “Esa asamblea se anuló porque yo fui quien les dijo que no tenía validez, porque no se había tomado en cuenta a los mexicanos que son socios del club y ellos tenían derecho de elegir a quienes ellos quisieran que los representaran. Este comentario molestó mucho al señor Robert Walton y de manera violenta me dijo: ‘¿Por qué defiendes a los cochinos mexicanos?’”.

Sondergaard respondió a Walton que “era un chingado idiota. En eso me levanté, me di la vuelta y ya me iba. Entonces sentí que me golpearon con un objeto en la parte de atrás de la cabeza, en mi cuello… Me volteé para defenderme, pero en eso el señor James Park me agarró por detrás y el señor Jeff Zimbak me empujó hacia atrás. James Park le dijo a Robert Walton que se fuera”.

Éste “se fue corriendo y se cruzó con la señora Esther Solano (…). Yo sentí que perdí la conciencia como unos 90 segundos y lo siguiente que recuerdo es que estoy en el coche sosteniéndome el cuello por la parte de atrás de la cabeza”.

Solano acompañó al afectado a la Cruz Roja delegación Chapala, donde por exceso de trabajo no lo pudieron atender de inmediato. Sondergaard fue a su casa. Pero transcurrieron dos días y su dolor de cabeza no aminoró, ni siquiera con medicamentos contra el dolor, por lo que regresó a la Cruz Roja, donde se levantó el parte médico de lesiones número 8833.

Su dolor se hizo más intenso y se sentía desorientado, por lo que fue a que le aplicaran una resonancia magnética y consultó al neurólogo Francisco Grajeda del Castillo. Su dolor de cabeza no ha cesado. Además, los socios del Country Club lo ignoran: “Me aplicaron la ley del hielo para hacerme renunciar a mi membresía, pero no lo van a lograr; desde pequeño he sido una persona solitaria”, advierte.

En la querella también se lee que “al día siguiente de la agresión, se realizó la asamblea del Country Club. Ese día James Park les dijo a Charles Temple y a Esther Solano que Robert Walton me había golpeado. Hubo una junta del Consejo Directivo del club y en esa junta suspendieron a Robert Walton, James Park y Jeff Zimbak por haberme golpeado, y ya no los dejaron entrar al club por tres días”.

Sin embargo, de acuerdo con un correo electrónico que Rodney Brooks envió el 1 de abril a Sondergaard, la suspensión no fue por la agresión contra el canadiense, sino porque el Comité Ejecutivo del Country Club –integrado por George Stevenson, Charles Temple, Rod Pye y el propio Brooks– acordó que ante los socios y la autoridad dirían que fue asaltado y herido.

“Todos estuvimos de acuerdo en que fuiste asaltado y herido. Todos estuvimos de acuerdo en que había tres socios cuando fuiste herido. Todos estuvimos de acuerdo en que uno de ellos lo hizo y dos de ellos están cubriendo el incidente”, dice Brooks en su correo electrónico.

Además, el directivo del club le aclara que ya tiene su declaración ministerial, sus registros médicos, el testimonio de Esther Solano y los tres señalados, que ya no mueva nada.

“No es isla de canadienses”

Solano, quien durante 12 años fue representante legal del Country Club, primero fue acosada laboralmente y después despedida por declarar a favor de Sondergaard, aunque oficialmente argumentaron “pérdida de confianza”.

Entre sus acosadores se encuentran los socios e integrantes del Consejo Directivo del club Alan Henningsgaard (de Estados Unidos) y Bradly Clark, Catherine Vine y Denise Van Dyck (de Canadá). La última la agredió verbalmente.

“Me consta que existe la discriminación. El 13 de marzo escuché al señor Robert Walton señalar que nosotros los mexicanos somos cochinos. Eso para mí es inaceptable”, comenta Solano.

Explica: “Siento que este tipo de gente racista, que viene a vivir a México como reyes, mujeres que se sienten princesas y que están violentando los derechos de nuestra gente y de algunos extranjeros que tienen la capacidad de ver que lo que hacen es incorrecto, deben respetar las leyes mexicanas”.

La ofendieron especialmente las palabras de Lynn Fryan: “Me dijo: ‘Este es nuestro club y aquí podemos hacer lo que queramos’. Debe entender que aquí no es la isla de los canadienses; el club está en México”.

En su opinión, a los extranjeros que emiten comentarios racistas y discriminan a los mexicanos debe aplicárseles el artículo 33 de la Constitución: … “el Ejecutivo de la Unión, previa audiencia, podrá expulsar del territorio nacional a personas extranjeras con fundamento en la ley, la cual regulará el procedimiento administrativo, así como el lugar y tiempo que dure la detención”.

Aclara: “Los extranjeros son bienvenidos. Muchos vienen con la intención de vivir mejor que en sus países, compran residencias principescas en Vista del Lago, que no pueden tener de donde vienen; hacen dinero pero no pagan impuestos. Ellos deben de respetar a nuestra gente”.

Considera que en los últimos años, con la llegada de canadienses, se agudizó la discriminación hacia los mexicanos. Anuncia que interpondrá una queja ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y solicitará la intervención de las autoridades migratorias.

Por su parte, César Cruz relata que durante los tres años que trabajó en el Country Club fue discriminado por algunos de sus miembros, como Alan Henningsgaard.

“Hay americanos que son muy buenas personas –señala–, pero otros son malos; piensan que uno no entiende el inglés y se agarran diciendo cosas feas de uno. En mi caso, entiendo bien el inglés.”

Cruz oyó decir a Henningsgaard injurias como: “Estos puercos, pedazos de mierda” y que “el color de nuestra piel es de cagada”. Sin embargo, para él era impensable pedirle respeto a los extranjeros: “Mi necesidad económica es muy grande. No les podía decir nada, son socios, todo se comunican. ¡Me hubieran corrido!”.

Comenta que el motivo del mal trato es la piel morena, pues tenía “un compañero güero y lo trataban bien. Yo le pedía a él que los atendiera, porque todo les parecía mal, sobre todo a Henningsgaard, cuando por mi buen servicio muchas otras personas me pedían que los atendiera”.

Por eso, Cruz también pide “que se les llame la atención a los extranjeros que no respetan a los trabajadores mexicanos. Si aquí nos tratan así, no quiero imaginar como será allá”. Incluso comenta que los actos de racismo no sólo ocurren al interior del Country Club, sino en otros rubros de servicios.

Otro extranjero inconforme con los malos tratos a los mexicanos es Charly, quien señala que en el torneo de golf Copa Amigo escuchó que estadunidenses y canadienses hacían comentarios como “puercos mexicanos”, “estúpidos mexicanos” y “chinguen a su madre los mexicanos”.

Y aunque afirma que no todos sus compatriotas son racistas, Charly reconoce que “no hacen nada para detenerlos porque temen perder a sus amistades”. Personalmente, dice, “crecí fuera de Estados Unidos y aprendí a respetar a todos. Sus comentarios me avergüenzan, porque es gente de mi país faltándole el respeto a gente de otro país”.

Una mujer, que pidió guardar el anonimato porque trabaja en un lugar donde la mayoría de los clientes son extranjeros, también ha visto a mexicanos humillados que se callan por temor a perder su empleo. “No quieren que nos acerquemos con ellos, se portan muy mal con uno. Nos ven de pies a cabeza, y tenemos que estar sólo en nuestra área”, indica.

Autoridad “malinchista”

El abogado Ángel Morando Sánchez recuerda que hace años defendió a una mexicana víctima de agresión verbal y física de un estadunidense.

Detalla que el 4 de abril de 2009 Elizabeth Mora Rivera, una mujer de tez morena, de 45 años y habitante del Country Club Chula Vista, fue agredida por su vecino Jerry Donald Bell, de 73 años.

El residente extranjero comenzó por excluirla de las actividades dirigidas a los vecinos del coto; después la insultó.

Ella ignoró por más de un año las agresiones verbales. Sin embargo, aquel día Mora paseaba a sus perros cuando se topó de frente con Bell y éste se le acercó para insultarla. Ella le respondió, comenzaron a discutir. El sujeto la golpeó en la frente con un llavero y le dejó una herida de un centímetro de diámetro, según quedó asentado en el parte de lesiones 0763, emitido por la clínica municipal de Chapala.

Aunque Mora solicitó ayuda policiaca y Bell fue detenido, salió casi de inmediato bajo fianza. El mismo día, Bell también acudió a la clínica municipal, donde el médico Roberto Reyes Mendoza indicó que “aparentaba huellas de agresión física” (parte médico 0765).

El abogado indica que la víctima presentó una denuncia (expediente 448/ 2010C) contra Bell por lesiones dolosas; éste hizo lo mismo y añadió el cargo de daño en las cosas, según quedó asentado en la averiguación previa DRZC/685/2009, del 8 de abril de aquel año en la Agencia uno del Ministerio Público de Chapala.

A decir de Morando, los litigantes de Bell “le armaron un cuatro a la señora Mora y revirtieron la situación. Dijeron que ella golpeó a Bell, e incluso a la señora le giraron orden de aprehensión. Salió bajo fianza”.

En ese entonces no había contratado a Morando. “A mí me tocó conocer del asunto tiempo después –relata éste–; tramité el amparo 861/2010. Afortunadamente salió a favor de la señora. Se acreditó que el extranjero fue quien la agredió y se nos concedió el amparo liso y llano para que se declarara inexistente la causa”.

La afectada no quiso proceder después contra su agresivo vecino porque, a decir de su abogado de entonces, vio cómo “las autoridades se prestan al juego de los extranjeros, son malinchistas. Los extranjeros tienen poder económico y pueden comprar voluntades”.

El litigante agrega que ha sabido de mexicanos que realizan labores domésticas para extranjeros y son discriminados. “Por no perder el empleo se quedan callados. Incluso supe de casos en que las mujeres fueron violadas pero no continuaron la querella cuando el extranjero les dio dinero”.

Lamenta que en Chapala existan, en los hechos, zonas de exclusión para los mexicanos, como serían cotos donde sólo se venden propiedades a extranjeros.

Morando Sánchez también apunta que “no todos los extranjeros son malos. Hay un buen número que vienen a generar trabajo y son amigables con los mexicanos. Del 100% de la comunidad extranjera que está en la ribera, calculo que 37% es agresiva con nuestra gente”.

Sin embargo, también considera que debe cambiar la actitud de los mexicanos en su propio país: “No hay que ser agachones ni tolerar las prácticas discriminatorias”.