Acusa a una empresa de despedir gente cercana a la tercera edad

Señor director:

Ruego a usted publicar en Palabra de Lector la presente carta, que dirijo a los integrantes del Consejo de Administración de la empresa Becton Dickinson de México, S.A. de C.V.; a los secretarios del Trabajo federal y del Estado de México, y desde luego a la opinión pública, sobre todo aquella que está interesada en conocer lo que está ocurriendo tras la entrada en vigor de la reciente reforma laboral.

Me desempeñé como empleada de Becton Dickinson de México durante los últimos 19 años hasta que, el pasado 25 de abril, fui despedida de manera injustificada, pues no cometí ninguna falta que ameritara mi separación.

Debido a que tengo casi 50 años de edad, a mis escasas posibilidades de encontrar otro empleo, y a la necesidad de cubrir un crédito –ya con muchos retrasos– al Infonavit, demandé por la vía laboral la reinstalación forzosa. Como sólo encontré una actitud en extremo dilatoria de la Junta del Trabajo Número 9 en Cuautitlán, interpuse un juicio de amparo.

Ante esto, los abogados que representan a Becton Dickinson me han manifestado que aunque gane el juicio no me reinstalarán, pues según ellos la Ley Federal del Trabajo se los permite, a través de una figura que denominan “insumisión al laudo”, por lo que me han sugerido recibir una cantidad irrisoria por 19 años de servicio.

Me di entonces a la tarea de averiguar los posibles motivos de la negativa de reinstalarme aunque gané el juicio laboral, y me encontré con el argumento de que, por una política de la empresa adoptada hace poco, se empezará a despedir a las personas que estén próximas a entrar a la tercera edad.

En caso de que esto sea cierto –lo cual explicaría la política adoptada por Becton Dickinson con ciertas personas–, dicha situación sería más que alarmante, ya que además de ser una violación flagrante de derechos laborales, constituiría una medida discriminatoria e inhumana con quienes rebasamos la edad ideal para ser contratados y necesitamos seguir con nuestra vida laboral para alcanzar una jubilación o ahorro digno para la vejez.

Esta realidad ha sido cruda y dolorosa, ya que la imagen que tuve de Becton Dickinson como mi trabajo y casa durante 19 años fue la de una empresa preocupada por dar estabilidad en el empleo a sus trabajadores sin importar sexo, religión, preferencias, mucho menos edad, que nos proporcionaba un adiestramiento envidiable por otras empresas, así como una oportunidad de realización como trabajadores y seres humanos.

Con este antecedente, hago un llamado a Becton Dickinson de México, con la esperanza de que esta política sea una visión errónea o resultado de intereses de un grupo dentro de la empresa, un lamentable error que pueda solucionarse con la intervención de los directivos.

Si dicha política fuera una triste realidad con la que se nos discrimina a las personas de mayor antigüedad, se trataría de un fenómeno que las secretarías del Trabajo no pueden tolerar, pues cuando menos se nos debe garantizar la dignidad como trabajadores. Eso es lo único que nos queda después del arrebato de derechos que nos hicieron con su reforma laboral.

Es importante resaltar que desde la fecha en que fui despedida injustificadamente, decenas de personas han sido echadas de la misma forma. Se trata de empleados que sobrepasan los 40 años de edad como consecuencia de la reforma laboral que nos han impuesto. (Carta resumida.)

Atentamente

Mercedes Ruiz Campero