“La Veritá”

A partir de un cuadro de Dalí, Tristán e Isolda, la Compañía Daniele Finzi Pasca recrea un mundo lleno de imaginería. El circo es el recipiente donde se mezclan trapecios, imágenes surrealistas, actos acrobáticos, números de clown, música, ciclorama de múltiples colores y hasta cabezas de rinoceronte con cuerpo de mujer.

En La Veritá no hay fantasía, porque todo está en la realidad, en esta intangible y tangible realidad, la del interior y exterior de nosotros, la que recreamos, la que surge y, al plasmarse, por más imposible que parezca, es nuestra verdad.

Para Daniele Finzi la pregunta acerca de la verdad en el teatro lo lleva a mostrar las cosas que en apariencia son opuestas pero que pueden coexistir sin violentar. Lo que es falso pero que en el teatro es verdadero. La sangre es jugo de tomate, pero para el actor y por tanto el espectador, existe como lo que fluye dolorosamente fuera del cuerpo.

En La Veritá, el flujo de la vida es suave y constante, los opuestos se armonizan y pueden convivir los juegos de payasos con los actos peligrosos en el aire, teniendo, en vivo, voces tenues que exaltan el espíritu.

Como telón de fondo, la pintura de Dalí, y como sustento el surrealismo y la asociación de imágenes: la flor etérea del diente de león convertido en báculo, cuerpo de mariposa reflejando colores y ocultando la magia de cambiar de vestuarios, hojas volando mientras un rinoceronte canta y toca el piano, bailarines de ballet con máscaras superpuestas, hombres y mujeres en trapecios de formas variadas.

Los actos acrobáticos y de malabares están realizados, además de la precisión y el rigor técnico requerido, con tal sutileza en el vestuario y en la composición, que transforman un acto circense en un poema. A estos se intercalan números de payasos –la profesión originaria de Finzi Pasca– como es en la estructura clásica del circo. El leit-motiv es la subasta de la pintura con el objetivo de recolectar dinero para hacer un asilo para actores; de ahí pinponean equívocos, tropiezos y risas; en ocasiones, acotados mientras se presencia un acto en un trapecio, y también mientras los actores/cirqueros preparan el siguiente número.

El primer acto de La Veritá sucede de manera más tradicional, con algunos números conocidos o menos atractivos sin que carezcan de belleza. En el segundo el espectáculo crece y la sensibilidad, la delicadeza y el placer visual y sensorial hace que nos sumerjamos en un universo desconocido y al mismo tiempo conocido.

Daniele Finzi Pasca tiene experiencia en los grandes espectáculos. Ha dirigido en el Circo de Soleil, en el 2006 diseñó y dirigió la ceremonia de clausura de los Juegos Olímpicos de Invierno de Turín y en el 2014 la apertura de los Juegos Paralímpicos de Sochi, Rusia. Así, además de poder concebir imágenes de largo alcance, también borda en aquellas sensibles para provocar, al interior de un teatro, una emoción al espectador. Con este detalle es con el que creó su espectáculo Ícaro con el que fue conocido en México, monólogo donde lograba grandes momentos. Su compañía, que a lo largo de los años ha cambiado de nombre y forma, la ha ido consolidando desde hace quince años junto con su mujer Julie Hamelin Finzi. Ella es cofundadora de la actual: Compañía Finzi Pasca, y La Veritá es la primera producción. El detonador de este espectáculo que se presenta en el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris fue una nota que Julie escribe y lee a Daniele: “La verdad es todo lo que soñamos, lo que experimentamos, lo que creamos; todo lo que es parte de nuestra memoria”.