Parque Revolución, otra obra inconclusa

Vecinos de la colonia Americana y organizaciones sociales que solían reunirse en el área verde del Parque Revolución acusan al ayuntamiento tapatío de otorgar los trabajos de reconstrucción de ese entorno a una empresa negligente y de presunto desvío de fondos para beneficiar al candidato priista a la alcaldía, Ricardo Villanueva.  Lo peor, dicen, es que Ramiro Hernández García termina su gestión el próximo 30 de septiembre y a lo sumo entregará los trabajos de la primera etapa, que debió estar lista en noviembre pasado.

La reconstrucción del Parque Revolución a cargo del ayuntamiento de Guadalajara sigue complicándosele al alcalde Ramiro Hernández García, quien dejará el cargo el próximo 30 de septiembre. Ante los rezagos manifiestos, es imposible que termine la obra antes de ese plazo, sostienen sus críticos.

Si bien el proyecto es una copia del original de los hermanos Luis y Juan José Barragán, no responde a las necesidades planteadas por los vecinos de la colonia Americana y las organizaciones civiles que durante años realizaban sus encuentros deportivos y actividades recreativas en ese entorno.

Todos ellos se quejan porque, dicen, los paseantes no podrán descansar en el césped porque el ayuntamiento ordenó la pavimentación de casi 70% de áreas verdes de antaño. Los trabajos iniciados en septiembre de 2014 por la constructora Gleoss debieron concluir en noviembre, pero no fue así; hoy se observan por doquier los trazos malhechos, dicen los vecinos inconformes.

Algunos aseguran que la compañía abandonó la obra durante semanas. Incluso presentaron una queja contra Gleoss ante la Secretaría del Trabajo y Previsión Social porque, dicen, nunca entregó a sus empleados el equipo de seguridad adecuado para hacer sus labores, como botas, cascos, chalecos reflejantes y guantes.

El 12 de marzo pasado, tras una revisión ocular, la dependencia observó la situación de los trabajadores y solicitó a la constructora acreditar su personalidad jurídica en los siguientes cinco días hábiles, pero no informó si Gleoss cumplió la solicitud.

La empresa, dicen los colonos, tampoco acreditó el otorgamiento de prestaciones sociales a sus trabajadores, como su registro ante el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), pago de prima vacacional y el aguinaldo correspondiente.

Uno de los trabajadores comenta a Proceso Jalisco que los inspectores de la Secretaría del Trabajo acudieron “por mero trámite”. La empresa entregó ese 12 de marzo cascos, botas y guantes para pasar la inspección, pero después se los quitaron, en tanto que los representantes legales de Gleoss amagaron con despedirlos si hablaban con los medios de comunicación.

No obstante, él se atrevió a hablar, a condición de no mencionar su nombre. Comenta que ninguno de sus compañeros fue dado de alta en el IMSS; además, “de manera inexplicable”, les recortaron su sueldo de 6 mil pesos mensuales a 5 mil 500.

Una empresa irresponsable

Sergio Morales, vocero del Comité de Vecinos de la Colonia Americana, comenta que el domicilio fiscal que registró la constructora ante el ayuntamiento de Guadalajara: calle Bugambilias 9, en el fraccionamiento Rancho El Centinela, no existe. Según el buscador de Google, las instalaciones están en Avenida Bosques del Centinela 608, en la colonia del mismo nombre, al sur de Zapopan.

La constructora no tiene página en internet, por lo que su localización es difícil. Sin embargo, fuentes allegadas a la Cámara Mexicana de la Industria de la Construcción aseguran que pertenece al arquitecto Salvador Castro Guzmán, quien este año no renovó su membresía con la institución.

La compañía está registrada como contratista en los padrones de proveedores de la Universidad de Guadalajara (UdeG), así como en los municipios de Tonalá, Zapopan, Guadalajara, Tlajomulco de Zúñiga y en el gobierno del estado.

En 2012, Gleoss fue descalificada por la UdeG en el concurso de adjudicación del Conjunto de Artes Escénicas del Centro Cultural Universitario por no entregar los precios unitarios de insumos de materiales, mano de obra, equipo y maquinaria necesarios para la ejecución de la obra.

En 2008 la empresa se apuntó para participar en la construcción de un taller de maquinaria pesada dentro de la Universidad Tecnológica de Jalisco, con sede en la colonia La Cantera. El monto asignado a la obra fue superior a 10 millones de pesos, pero el Comité Administrador del Programa Estatal de Construcción de Escuelas de la Secretaría de Educación descalificó su propuesta, por ser insolvente.

Según el portal FindTheCompany, la empresa tiene 10 empleados y genera ingresos de 444 mil dólares anuales, lo que la sitúa por encima del promedio de las constructoras de desarrollos urbanos, cuyos ingresos anuales promedio son de 112 mil dólares.

La reconstrucción del Parque Revolución se proyectó en dos etapas. Según el proyecto, a la primera, que corresponde al ala sur, se le asignaron 8 millones 197 mil pesos, provenientes del Fondo Metropolitano.

Constructora Gleoss recibió un anticipo de 30% y firmó el contrato el 3 de julio de 2014. De acuerdo con el registro que llevan los vecinos de la colonia Americana, ese monto se entregó en tres partes: 2 millones 459 mil pesos el 2 de julio; 113 mil pesos el 19 de septiembre, y 202 mil pesos el 13 de octubre.

Morales se queja porque, dice, aun cuando invitaron al propietario de la constructora en varias ocasiones para que les informara de los avances, nunca se presentó.

El 3 de febrero último, el presidente municipal, Ramiro Hernández, declaró a los medios de comunicación locales que se habían agotado los recursos para continuar la reconstrucción del parque, por lo que “sólo le alcanzaría para adjudicar la segunda etapa, que corresponde al ala norte”.

El regidor Alain Fernando Preciado López, del partido Movimiento Ciudadano, respondió que eso era inverosímil, pues el dinero asignado a la obra se etiquetó el año pasado. Incluso comentó que el alcalde presuntamente desvió el dinero a la campaña del candidato a la alcaldía de Guadalajara: Ricardo Villanueva Lomelí.

Reconstrucción cuestionable

El arquitecto Ignacio Gómez Arriola, del Instituto Nacional de Antropología e Historia, se pregunta si era necesario recuperar el diseño original del parque que heredaron los hermanos Barragán, el cual incluía juegos infantiles y delimitaba el ala sur mediante un muro perimetral, o si fue una intención velada de las autoridades para ahuyentar disimuladamente a las organizaciones civiles y colectivos que se habían apropiado del espacio para realizar sus actividades.

En su edición 447, Proceso Jalisco documentó que diversas agrupaciones que se daban cita ahí fueron desplazadas porque al secretario de Medio Ambiente y Ecología municipal, Juan Carlos Vázquez Becerra, no le gustaba que los paseantes se acostaran en el césped o se subieran a los árboles. Para impedirlo, ordenó la instalación de jardineras y la siembra de plantas donde antes había pasto.

Uno de los más perjudicados fue el colectivo Bordamos por la Paz, que cada domingo reunía a decenas de mujeres en el cruce de las avenidas Federalismo y Juárez para bordar en servilletas los nombres de las víctimas de la guerra contra el narcotráfico emprendida por el entonces presidente Felipe Calderón y personas desaparecidas en ese contexto.

El pasado 19 de abril, el colectivo volvió al Parque Revolución, pero tuvo que recorrerse hacia la calle de López Cotilla, donde no luce su presencia, sostiene Teresa Sordo, una de las fundadoras del colectivo.

Gómez Arriola cuestiona que la constructora haya levantado los pisos originales del parque –que datan de la década de los treinta del siglo pasado– sin valorar su estado. Muchos estaban en perfectas condiciones y podían durar varios años más.

“No sé si en este momento hubiera valido tanto la pena hacerla (la reconstrucción en el área de juegos infantiles) porque en la idea del control de las autoridades de los espacios públicos, se les hizo que si se cercaba una parte –como estaba en el proyecto original– le ganaban (espacio)”, dice.

El autor del proyecto es el arquitecto Juan Palomar Verea, quien desde junio de 2013 amarró en total secrecía el contrato con el municipio tapatío para llevar a cabo la reconstrucción del parque, informó Proceso Jalisco en su edición 520.

Sin mencionar a Palomar Verea, Gómez Arriola dice que quizá le asaltaron al autor las ganas de sembrar su huella en el mítico parque de los Barragán, como le ocurrió a Fernando González Gortázar con el diseño de los accesos a la Línea 2 del Tren Ligero, dos grandes muros de concreto en forma de prisma (uno en cada sección) que rompen con todo el arbolado.

E insiste: Si existiera un verdadero plan integral de la recuperación del parque, en este momento se estaría discutiendo la posibilidad de replantear las estaciones del afamado arquitecto.

Hace más de dos décadas, González Gortázar se hizo cargo de una remodelación previa del Parque Revolución, pero se apegó en lo posible a la originalidad del trazo, aunque removió todo el piso de concreto rojo.

“Una solución un poco más discreta que permitiera la vista de un lado a otro, de lo que se trata es de tener una escalera hacia abajo, no esos elementos que son una irrupción innecesaria en el espacio diseñado por Barragán”, señala Gómez Arriola.

Otros arquitectos consultados, quienes prefieren que no se les mencione por su nombre, señalan que el historial de Palomar Verea en materia de urbanismo es desastroso. Comparan su columna “La ciudad y los días” –que publica en el diario El Informador–, donde generalmente externa sus propuestas para una urbe ordenada con ejemplos exitosos de otras latitudes, con lo que ha hecho en la práctica. Aseguran que Palomar Verea es un destructor del patrimonio de Guadalajara.

Uno de ellos recuerda que fue asesor del constructor que derribó la privada Pedro Castellanos, que se localizaba en la esquina de Pedro Moreno y Marsella, para la construcción de un estacionamiento.

Asimismo, varios de los arquitectos consultados por el reportero señalan que Palomar es el ideólogo del fallido proyecto de las Villas Panamericanas en el Parque Morelos para acoger a los atletas durante los Juegos Panamericanos de Guadalajara 2011.

Si la obra se hubiera hecho, precisan, la declaratoria que otorgó la Unesco al Instituto Cultural Cabañas como patrimonio de la humanidad se habría perdido.