Señor director:
El motivo de esta carta es denunciar lo que a plena luz del día sucede en las calles de República de El Salvador y Uruguay y la mejor conocida Plaza Meave en el centro de esta ciudad.
El pasado 28 de abril acudí a dicho lugar para reparar un celular. La cantidad de gente que me abordó en la calle era infinita. Después de preguntar en varios sitios y ya decidida a marcharme, alguien me ofreció reparar el equipo por un costo menor.
Sin ninguna reserva le entregué el aparato, y ante un gran público, cámaras de vigilancia, guardias de seguridad e incluso policías, se esfumó y fui descaradamente extorsionada por otro miembro de la banda que me pidió mil 500 pesos para recuperar el teléfono. Le dije que no tenía esa cantidad pero que podía sacarla del cajero.
Uno de los delincuentes me acompañó hasta el cajero mientras el otro se quedó en la calle de República de El Salvador. Retiré el dinero y nos dirigimos hacia donde se encontraba su cómplice. Ahí mismo le proporcioné los mil 500 pesos y me dijo que iría por mi celular. En cuestión de segundos ambos desaparecieron ocultándose entre los pasillos que comunican a una calle con la otra, de modo que se quedaron con el aparato y la cantidad de dinero mencionada.
Es inadmisible que esto ocurra con la complacencia de las autoridades y la mirada indiferente de algunos elementos de la policía preventiva. Debemos hacer algo para rescatar nuestros espacios, actualmente ocupados por la delincuencia. Nuestra tranquilidad y dignidad se encuentran constantemente amenazadas debido a estos delitos que, por comunes, hemos adoptado como algo natural. Es preciso empezar por exigir a los encargados de nuestra seguridad que cumplan con su trabajo y hagan lo necesario para acabar con estas prácticas, en las cuales se encuentran coludidos delincuentes y autoridades.
Atentamente
Mónica Rodríguez de la Vega








