El “yernísimo” de Pinochet

Julio Ponce es dueño de Soquimich y uno de los hombres más ricos de Chile. Obtuvo su empresa, productora del muy codiciado litio, en tiempos de Pinochet, con una de cuyas hijas estuvo casado. Su suegro lo protegió, le dio la cobertura de la impunidad y lo hizo agigantarse económicamente. Luego el empresario, haciendo gala de un gran cinismo, transitó del gobierno militar al socialista y se mantuvo al frente del consorcio. Pero ahora todo parece estar llegando a su fin: diversas investigaciones judiciales podrían demostrar que su fortuna es mal habida… y las consecuencias son impredecibles.

Valparaíso, Chile.- El imperio económico del exyerno del dictador Augusto Pinochet y principal accionista de la Sociedad Química y Minera de Chile (Soquimich) Julio Ponce Lerou, comienza a desmoronarse.

Investigaciones judiciales y periodísticas demuestran que este ingeniero forestal de 69 años, quien en 2014 se estrenó en el ranking de Forbes (puesto 764), generó su fortuna –estimada en 2 mil 300 millones de dólares– mediante robos, apropiación de bienes fiscales, engaños a trabajadores, uso de información privilegiada y sobre todo, abusando del poder que le dio ser protegido del dictador.

El pasado 24 de abril, después de 28 años y obligado por su deteriorada situación, Ponce dejó la presidencia del directorio de Soquimich, cargo que fue asumido por el ingeniero Juan Antonio Guzmán.

El equipo de fiscales del caso Soquimich, encabezado por el fiscal nacional, Sabas Chauán, y por el jefe de la Fiscalía de Alta Complejidad, Carlos Gajardo, tiene evidencia de que esta empresa financió ilícitamente campañas y sobornó a decenas de políticos de todos los signos.

Como reconoció el recién asumido gerente general Patricio Solminihac en teleconferencia con inversionistas el pasado 24 de marzo, entre 2009 y 2014 Soquimich hizo pagos “irregulares” por 11 millones de dólares; responsabilizó de tales hechos al anterior gerente general y “brazo derecho” de Ponce, Patricio Contesse, despedido el 16 de marzo.

En audiencia el pasado 30 de abril, Contesse fue acusado de presentar reiteradamente declaraciones maliciosamente incompletas o falsas entre 2010 y 2014 y por incorporar facturas y boletas falsas en la contabilidad de la empresa.

El 17 de abril la contadora Clara Bensan –de la empresa Asesores en Gestión Integral Limitada y militante de la Democracia Cristiana (DC)– reconoció ante los fiscales que en 2009 emitió dos facturas a Soquimich por 92 millones de pesos (150 mil dólares) por trabajos que en realidad no se hicieron. El dinero tenía como destino la campaña presidencial del democristiano Eduardo Frei Ruiz Tagle.

Bensan dijo que hizo esto conminada por el jefe de recaudación de la campaña de Frei, Giorgio Martelli, quien desempeñó similar función en las dos giras presidenciales de Michelle Bachelet (en 2005 y 2013).

Según denunció el diario electrónico The Clinic, el presidente en ejercicio del consorcio energético Enersis, Jorge Rosenblut, se reunió en diciembre de 2012 con Contesse, a quien le pidió 1 millón de dólares para la campaña de Bachelet; y aseguró que hubo una segunda reunión en la cual participó Martelli. El aludido reconoció esto dos días después en entrevista con El Mercurio.

Estos problemas del dueño de Soquimich con la justicia se suman a otros que tiene con la Superintendencia de Valores y Seguros. Esta entidad le impuso en septiembre de 2014 una multa de 70 millones de dólares por hacer transacciones bursátiles para obtener ganancias ilícitas, utilizando las múltiples “sociedades cascadas” de las cuales está compuesta la minera.

Mediante estos artificios, accionistas minoritarios y las administradoras de fondos de pensiones (AFP) –todas las cuales invirtieron en Soquimich–, se quedaban con las pérdidas y las sociedades donde Ponce tenía mayor participación, con las ganancias.

Las trampas del exyerno de Pinochet abarcan todas las áreas. En carta de noviembre de 2012, firmada por seis senadores de diversas bancadas, al gerente general de la estatal Corporación de Fomento de la Producción (Corfo), Hernán Cheyre, se denuncia que en 1999 SQM Potasio –filial de Soquimich– inscribió como propias mil 150 hectáreas del Salar de Atacama, que en 1993 arrendó 27 años al fisco.

Los legisladores exigieron al fisco querellarse contra Soquimich y cancelar el contrato, lo cual no se ha concretado. El Salar de Atacama es uno de los más grandes reservorios de litio del mundo y es la principal fuente de ingresos de Soquimich.

El protegido

“Los contactos, su talento innato para los negocios y la protección de su suegro le permitieron a Julio Ponce Lerou construir el imperio que es Soquimich en la actualidad… Pinochet se encanta con su yerno porque él tiene lo que sus dos hijos varones carecen… lo ve como su hijo mayor, el hijo que nunca tuvo. Y le ayuda”, afirma el periodista y autor del libro Todo sobre Julio Ponce Lerou (2015), Manuel Salazar, quien en entrevista aborda aspectos oscuros y desconocidos de este personaje.

“Él tuvo un golpe de suerte que lo marcó para siempre. Muy joven se vinculó con la familia Pinochet Hiriart, que al igual que la suya, veraneaba en Maitencillo, en la actual región de Valparaíso. Se enamoró de Verónica, la tercera y más reservada de los cinco hijos de este matrimonio.

“Todo esto ocurre a mediados de los sesenta, tiempo en que Ponce Lerou terminaba sus estudios de ingeniería forestal en la Universidad de Chile. Ellos se casan en 1969, cuando Pinochet ya es general de Ejército y comanda la guarnición de Iquique, una de las más importantes del país”.

En 1971 –con Salvador Allende en la Presidencia– Ponce parte a Panamá donde trabaja como gerente del aserradero El Chagres. “Tras el golpe militar vuelve a Chile y le dice a Pinochet: ‘Suegro, yo quiero ayudarlo a reconstruir el país. Entonces Pinochet le abre las puertas de un futuro esplendoroso”, asegura Salazar.

En julio de 1974 el dictador lo nombró director de la Corporación Nacional Forestal (Conaf), que administraba una enorme cantidad de tierras agrícolas y forestales. En 1975 asumió la presidencia de las celulosas Constitución y Arauco, las que pronto traspasó al empresario Manuel Cruzat. También se hizo cargo de Industrias Forestales (Inforsa) y del gigantesco Complejo Forestal y Maderero Panguipulli (Cofomap).

Inforsa era la principal productora de papel de Chile y una de las más grandes de América Latina. Era de propiedad compartida entre el Estado y 50 mil pequeños accionistas. En 1976 Ponce la vendió a su compinche, el empresario Javier Vial, en 32 millones de dólares, precio muy inferior al valor real, generando un gran perjuicio a los pequeños propietarios y a los trabajadores. Vial sólo pagó la tercera parte de este monto.

El Cofomap era un complejo de 24 fundos, estatizados por Allende en 1971, que cubrían una superficie de medio millón de hectáreas. Ponce entregó, en completa oscuridad y sin fiscalización alguna las tierras y bienes del Cofomap, beneficiando “a los grupos económicos más importantes del país”, señala Salazar en su libro.

En 1980 dejó la Conaf para asumir la gerencia general de Corfo. Pronto asumiría también la presidencia de la Industria Azucarera Nacional, de la Compañía de Teléfonos de Chile integrando muchos otros directorios de empresas estatales, todas las cuales se dedicó a esquilmar.

En junio de 1983 circuló por todo Chile un folleto anónimo en el cual se denunciaban los oscuros negocios de Ponce: “Es uno de los hombres con más dinero de este país, gracias al poder que le otorgan los diversos cargos que ocupa y ha utilizado como trampolín para sus actividades en el sector privado”. Allí se daba cuenta, por ejemplo, de que utilizó “el complejo Panguipulli como si fuera fundo propio, haciendo uso de los medios técnicos, humanos y económicos para sus actividades personales relacionadas con el sector forestal y ganadero que es su fuerte en el sur de Chile”.

Pese a los emplazamientos públicos que le hicieron importantes personeros como el exfiscal militar Alfonso Podlech, Ponce se negó a transparentar la cuantía de sus bienes y a explicar cómo los había adquirido. Fruto del malestar generado por la impudicia de sus actos renunció a Corfo y se sumió en el anonimato… un tiempo.

La joya de la corona

Soquimich es la mayor productora mundial de litio y está valuada en unos 7 mil millones de dólares. También produce salitre, yodo y potasio, especializándose en el rubro de fertilizantes. Sus ganancias anuales se estiman en 360 millones de dólares, con proyecciones mucho mayores.

El litio –Chile tiene 22% de las reservas mundiales de ese elemento– es un mineral estratégico y altamente codiciado. Se usa en la fabricación de baterías para automóviles, celulares, relojes y computadoras, así como para cerámicas de alta resistencia, insumos médicos y para la energía nuclear.

En 1979 Pinochet nombró a Ponce gerente general de Soquimich. Inmediatamente instaló a Contesse y a su hermano Eugenio Ponce, quien ocupó la Gerencia de Ventas.

A principios de los ochenta, haciendo caso de las recomendaciones que le hacían los economistas liberales, Pinochet decidió deshacerse de gran parte de las más de mil 200 empresas estatales. La venta de Soquimich comenzó en octubre de 1983. En noviembre de 1986 pasó a ser una empresa mayoritariamente privada.

El 24 de agosto de 1987 Ponce compró 4 millones de dólares en acciones. El Banco del Estado de Chile –con el beneplácito de Pinochet– fue una de las entidades que le facilitó los recursos para que hiciese este negocio.

Como parte de la modalidad de “capitalismo popular”, los trabajadores alcanzaron en 1987 la propiedad de 12% de Soquimich. Salazar señala en su investigación que Contesse jugó un rol clave en dicho proceso. “Se ofreció para ponerse al frente de la nueva sociedad que compraría las acciones (Pampa Calichera), argumentando que ellas les permitirían tener una jubilación más que digna”.

Para seducirlos, se prometió a los trabajadores que una vez que se liquidaran los créditos que permitieron la compra de Soquimich, por cada acción que poseyeran se les entregarían otras tres, lo que nunca sucedió. “Más tarde se les negó el reparto de dividendos bajo el pretexto de las necesidades de la empresa”, señala Salazar.

Ponce se valió de Pampa Calichera y otras sociedades cascada de su propiedad para obtener el control de la empresa. Clave en este objetivo fue en 1986 el Decreto Ley 3500 que permitió a las AFP adquirir 42.6% de esta empresa. Los directivos nombrados por las administradoras, muchos de los cuales eran exaltos funcionarios de Pinochet, fueron serviles al objetivo de instalar al “yernísimo” –como se le conocía popularmente– al frente de la empresa.

Salazar –coautor del ya clásico libro La historia oculta del régimen militar (1997)– cuenta que “a fines de los ochenta, cuando se acercaba el término de la dictadura, Ponce empieza a vincularse a la DC, principal partido de la Concertación por la Democracia (antecesora de la Nueva Mayoría). “Inmediatamente después del cambio de gobierno –en marzo de 1990– empieza a contratar avisos en la revista Hoy que poco antes había sido comprada por Marcelo Rozas, un operador de Gutenberg Martínez, principal articulador de este partido durante el gobierno de Aylwin”.

En 1998 Pinochet abandona la jefatura del ejército. Ponce vislumbra que el nuevo presidente será el socialista Ricardo Lagos. “Pero él no tiene entonces contactos ni amigos en el mundo de la izquierda de la Concertación. Entonces empieza a buscar con quien contactarse”, expresa Salazar.

“Ponce, que ya estaba separado de la hija de Pinochet, vive en esos momentos en Viena, donde había partido a la siga de un hermosa equitadora austriaca. Allí conoce al embajador de Chile, Osvaldo Puccio, hijo homónimo del socialista secretario personal de Salvador Allende”.

Salazar asegura en su libro que Puccio tenía como encargo especial del gobierno “mantener los vínculos con todos los organismos internacionales que tienen que ver con el desarrollo de la energía nuclear”.

A Ponce eso le interesó, pues el litio y otros minerales no metálicos que Soquimich explota en los salares del norte de Chile, son muy importantes en el desarrollo de la energía nuclear.

“Se hacen amigos… y Puccio le abre las puertas al yerno de Pinochet al corazón mismo del socialismo histórico chileno”.

–¿Qué es lo que busca ocultar y proteger Ponce Lerou? –se le pregunta a Salazar.

–Se ha visto muy asediado por empresas trasnacionales –como la canadiense Potash Corp– que le han querido quitar el control de Soquimich. El mensaje de él a los políticos chilenos es: “Mientras yo esté aquí les puedo ayudar en lo que pidan. Si yo pierdo el control de Soquimich, no podré hacerlo. Y la ambición propia de los partidos políticos, de la que hoy se sabe más, hace que le ayuden y lo hagan en una enorme cantidad de cosas: plantas eléctricas, caminos, puertos, cierta legislación. Todo eso se lo presta la Concertación inicialmente y la Nueva Mayoría después.