Los africanos que mueren en su intento de alcanzar la Unión Europea cruzando el Mediterráneo en embarcaciones precarias se cuentan por miles y miles. Engañados por mafias de traficantes, los migrantes son abandonados a su suerte y muy pocos llegan a su destino. Y los países europeos, señala un documento de Amnistía Internacional, poco hacen para abrirles plazas de reasentamiento o hacer admisiones humanitarias para esas personas que huyen de la miseria o de regímenes dictatoriales. Es la vergüenza de Europa.
Londres.- “Había un árabe que nos dijo que mantuviéramos el rumbo ocho horas, nos explicó cómo llenar el depósito de combustible y luego saltó al agua y se marchó. Estuvimos en el mar toda la noche, pero no llegamos a Italia. La gente empezó a volverse loca. Algunos decían que querían ir por comida o volver a su país y luego saltaban al agua. No sé cuántos saltaron”.
Así narró Abukaer Jallow, gambiano de 21 años, la odisea de cruzar el Mediterráneo a comienzos de este año para alcanzar las costas de Europa, en busca de un futuro mejor para él y su familia.
“Algunos bebieron agua de mar (…) Muchos murieron (…) Arrojamos los cadáveres al mar, no sé cuántos”, agregó el joven en entrevista con Amnistía Internacional (AI), organización que el pasado 22 de abril publicó el informe La vergüenza de Europa, a pique. Omisión de socorro a refugiados y migrantes en el mar.
De las aproximadamente 122 personas que viajaban en esa embarcación rescatada por tropas de Malta el 22 de enero de 2015, unas 34 murieron ahogadas; otro falleció en el hospital luego del rescate.
Entre los 88 jóvenes africanos que lograron sobrevivir estaba Jallow, quien contó que el grupo de migrantes salió de la ciudad libia de Garabouli el 15 de enero, sin teléfonos, agua, comida ni chalecos salvavidas.
Iban tan apretados en su pequeña lancha neumática, explicó, que no podían sentarse ni tumbarse para dormir y al poco tiempo de iniciar el viaje ya estaban exhaustos, helados y sedientos. Al cabo de unos días el combustible se acabó y la lancha empezó a hacer agua. No tenían cómo achicarla y algunos sentían que los pies empezaban a congelárseles después de tenerlos varios días mojados con la fría agua del Mediterráneo.
La pesadilla duró una semana, tiempo que la lancha estuvo a la deriva antes de que un barco de pesca la divisara a unas 2.5 millas náuticas de la costa maltesa a las 07:00 horas del 22 de enero. Media hora después dos patrullas navales de Malta llegaron hasta la lancha.
Cuatro naufragios
Otro incidente con migrantes que buscaban cruzar el Mediterráneo ocurrió el 8 de febrero de 2015, cuando cuatro naufragios causaron la muerte de más de 330 personas. Los guardacostas italianos recibieron una llamada de auxilio por un teléfono satelital la tarde de ese día, desde un punto 120 millas náuticas al sur de la isla italiana de Lampedusa y 40 al norte de Libia.
Los guardacostas italianos enviaron un avión de salvamento y barcos-patrulla. Pese a las terribles condiciones meteorológicas –vientos excepcionalmente fuertes y olas de varios metros–, tras seis horas y media de navegación los guardacostas alcanzaron una barca de la cual salvaron a 105 personas.
A los rescatados los subieron a bordo de los barcos-patrulla, pero durante las 18 horas que duró el viaje de regreso, las condiciones meteorológicas empeoraron, con granizo y olas de hasta ocho metros. Ahí 29 de los rescatados murieron: casi sin ropa, debilitados tras dos días de navegar a la deriva con mal tiempo y temperaturas bajo cero, no pudieron resistir la nueva exposición a los elementos en los barcos guardacostas, donde no había espacio a cubierto, y murieron de hipotermia.
“Estaban agotados, sedientos, con mucha hambre (…) Cuando empezamos a trasladarlos a nuestros barcos, mientras un buque mercante trataba de protegernos, el mar se embraveció aún más y apenas veíamos. Les dimos mantas térmicas y bolsas calientes, pero no les servían de mucho (…) Hacía mucho frío, quizá cero grados. Algunos estaban tan empapados que se quitaron toda la ropa (…) Para mantenerlos calientes los hacíamos entrar por turnos en la cabina, pero era todo muy difícil (…) Yo sentía tanta rabia: salvarlos y luego verlos morir así”, contó el enfermero Salvatore Caputo, del guardacostas italiano CP302.
Los supervivientes contaron –tras su llegada a Lampedusa– que unos 420 refugiados y migrantes habían salido de Garabouli, 40 kilómetros al oeste de Trípoli, en cuatro lanchas neumáticas. La mayoría eran hombres jóvenes de África occidental; también había varios menores. Los traficantes de personas los habían mantenido en un lugar cercano a Trípoli esperando el viaje, por el cual pagaron el equivalente a unos 650 euros.
Según lo narrado por los migrantes a AI, al atardecer del 7 de febrero los traficantes, armados con ametralladoras y pistolas, los hicieron abordar las lanchas, numeradas del 1 al 4. Éstas tenían pequeños motores fuera de borda, pero no les dieron gasolina suficiente para el viaje.
A primeras horas del 8 de febrero las lanchas ya estaban a la deriva. Los migrantes contaron que las altas olas arrastraron a algunos al mar.
La primera lancha se desinfló y empezó a hacer agua, hasta que fue encontrada por los guardacostas italianos.
La segunda no fue hallada.
Unos buques mercantes auxiliaron a las otras dos.
A bordo de una de ellas sólo había siete personas vivas y se hundió con numerosos cadáveres mientras los sobrevivientes trepaban por la cuerda que les lanzaron.
La cuarta lancha fue hallada por otro buque mercante la tarde del 9 de febrero, desinflada y con sólo un costado a flote, al cual dos hombres habían conseguido asirse.
Los supervivientes creen que más de 330 de sus compañeros de viaje murieron.
Ruta letal
El documento de AI destaca que la ruta del Mediterráneo hasta Europa sigue siendo la más letal del mundo y agrega que pese a los riesgos, decenas de miles de personas –migrantes económicos o refugiados políticos– siguen usándola.
“Las impulsa el peligro al que se enfrentan en sus países de origen; las penurias que sufren en los países de acogida; el cierre de las rutas terrestres; la provisión, extremadamente limitada, de plazas de reasentamiento y admisión humanitaria; y la insuficiencia de canales regulares de migración. Mientras los gobiernos europeos no ofrezcan rutas adecuadas, seguras y regulares hacia Europa, la gente seguirá emprendiendo viajes peligrosos”, señala el texto.
La investigación sostiene que aunque el cierre del operativo Mare Nostrum –el cual tenía un presupuesto de 9 millones de euros al mes y llegó a contar con cinco buques de la marina italiana, unidades aéreas y unos 900 empleados– no ha dado lugar a una reducción del número de personas que emprenden la travesía, “sí puede vincularse razonablemente con un aumento de las muertes en el mar”.
En abril hubo dos episodios en los cuales murieron más de mil 200 personas. El más grave ocurrió el día 18, cuando al menos 750 migrantes fallecieron 210 kilómetros al sur de Lampedusa y a 27 de la costa libia. El hecho ocurrió días después de que un barco cargado de migrantes naufragara al norte de Libia, provocando la muerte de unas 400 personas. La respuesta de los gobiernos europeos fue el despliegue de la Operación Conjunta Tritón a partir del 1 de noviembre de 2014, coordinada por Frontex, la agencia de control de fronteras de la Unión Europea.
Tritón es una operación de gestión de fronteras, no de búsqueda y salvamento; tiene barcos más pequeños, menos aviones y menos personal que Mare Nostrum. Sus recursos se despliegan mucho más cerca de las costas italianas y maltesas que los de Mare Nostrum, y mucho más lejos de la zona en la cual tienen lugar la mayoría de los salvamentos.
Según Frontex, más de 43% de quienes cruzaron el Mediterráneo en 2014 eran refugiados y 46% de las más de 170 mil personas que llegaron a Italia en barco en 2014 eran de Siria o Eritrea. Muchas más procedían también de Sudán, Afganistán o Irak.
AI denunció que Europa “únicamente ha prometido unas pocas plazas de reasentamiento y ha brindado una admisión humanitaria sumamente limitada a los refugiados sirios que soportan condiciones de vida absolutamente inadecuadas en Líbano, Jordania, Turquía, Irak y Egipto”.
En los países vecinos de Siria y en Egipto hay inscritos casi 4 millones de refugiados. Desde 2013 y hasta el 12 de marzo de 2015, los países de la UE han ofrecido 40 mil 137 plazas de reasentamiento y admisión humanitaria (30 mil de ellas en Alemania).
“En el anárquico entorno resultante, donde todas las partes enfrentadas han cometido abusos graves contra los derechos humanos, los refugiados y migrantes corren especial peligro de sufrir abusos a manos de grupos armados, milicias y traficantes de personas. Han denunciado secuestros a cambio de rescate, agresiones físicas, tortura y otros malos tratos en centros de detención”, asevera el documento.
Para AI, la única forma de resolver el problema es que los gobiernos europeos “desplieguen con urgencia una operación humanitaria plurinacional que tenga como cometido salvar vidas en el mar Mediterráneo, envíen recursos navales y aéreos de una magnitud acorde con las tendencias previsibles de salida y patrullen en alta mar a lo largo de las principales rutas de migración.
“(…) La Agenda Europea de Migración, que se lanzará en mayo de 2015, debería incluir esa petición y debe establecer rutas seguras y regulares para las personas refugiadas”, destacó.
Y para reducir las cifras de quienes emprenden la travesía por mar, pidió a Europa “aumentar el número de plazas de reasentamiento, admisiones humanitarias y visas para las personas necesitadas de protección internacional, garantizando que los refugiados tengan acceso efectivo al asilo en las fronteras terrestres”. l








