Sutil censura diplomática… en México

La comunidad armenia en México se topó de frente con la realidad: algunos actos preparados para recordar los cien años de la primera limpieza étnica del siglo XX, y que tendrían lugar en recintos oficiales, se cancelaron o sufrieron modificaciones, como la eliminación de la palabra “genocidio”. Para el investigador Carlos Antaramián, de origen armenio, detrás de esto se halla la sombra de Turquía y de sus recientemente establecidos lazos diplomáticos y comerciales con México. Y aun hay quienes atribuyen este fenómeno al intenso cabildeo de la embajada de Azerbaiyán.

La mañana del jueves 16, el director del Museo Nacional de las Culturas, Carlos Vázquez Olvera, convocó a una reunión extraordinaria a sus colaboradores en el recinto del museo. Les informó que la directora general del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), María Teresa Franco, le había dado la instrucción de cancelar la muestra de cine armenio, a estrenarse un día después en la Sala Intermedia, también conocida como Mediateca de la institución cultural.

La agenda del Ciclo de Cine Armenio, Centenario del Genocidio Armenio preveía la proyección y comentarios de ocho películas durante tres sesiones los días 17, 24 y 25 de abril.

“El problema se nos sale de las manos, escala arriba del museo”, comentó Vázquez. Según el director del museo, Franco insistió en que no se podía abordar el tema armenio “en este momento” ya que a su vez ella recibía “llamadas” de más arriba, pero no detalló de quién.

Los armenios eligieron el 24 de abril como fecha simbólica para conmemorar el genocidio que perpetró el Imperio Otomano contra sus antepasados en 1915: más de un millón 200 mil perdieron la vida y centenares de miles más se exiliaron. Como otros países, México no lo ha reconocido como genocidio.

Vázquez urgió a sus colegas a encontrar una justificación creíble para explicar la súbita cancelación. Acordaron una versión: lo atribuirían a un defecto en la red eléctrica, aunque esto implicó cancelar o trasladar a otro salón el resto de actos culturales programados en la Mediateca.

Un trabajador de la institución relata lo anterior a Proceso a condición de reservar su nombre. Insiste en que los funcionarios del museo sólo cumplieron órdenes de la Dirección General del INAH.

El embajador de Armenia en México, Grigor Hovhannissian inauguraría el ciclo de cine el viernes 17. Con un manejo muy diplomático de sus palabras, dice que supo de la postergación de la muestra de cine por medio de una notificación “por parte del museo”. “No tengo la razón exacta de la postergación”, subraya en entrevista con Proceso y añade que su interlocutor “no mencionó ningún problema eléctrico”.

“No puedo negar que tuve repetidas conversaciones con la Secretaría de Relaciones Exteriores de México en las que me plantearon su deseo de mantener el tema (del genocidio) fuera del país”, afirma. “Todo se hizo de manera muy diplomática y aceptable”, agrega.

Los pasados miércoles 22 y jueves 23 este semanario buscó de manera insistente a la directora del INAH así como al director del Museo Nacional de las Culturas para recoger sus versiones. Pese a la amable atención de sus encargados de comunicación, ninguno devolvió las llamadas.

La Cancillería, a través de su área de comunicación social, negó categóricamente estar implicada en la cancelación del ciclo de cine armenio.

“Genocidio” desaparecido

El investigador de El Colegio de Michoacán, de ascendencia armenia, Carlos Antaramián, duda de la versión oficial de la cancelación. Activo en la comunidad armenia de México, coordinó varios de los actos por el centenario del genocidio.

Afirma en entrevista con Proceso que en varios de ellos “hubo mucha presión para que se evite a toda costa hablar del genocidio; por ejemplo para cambiar el título de la exposición temporal que presenta el Museo de la Memoria y la Tolerancia”.

El anuncio de la exposición decía: “Armenia. Una herida abierta”. Abajo, en blanco, el subtítulo señalaba: “A 100 años del genocidio armenio”. Esta imagen todavía era visible en la sección de “cartelera” de la página del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes hasta el jueves 23.

Pero la imagen promocional colgada en la fachada del museo, a un costado de la Secretaría de Relaciones Exteriores, así como en su página de internet, aparece con un hueco en el lugar del subtítulo. En pocos días desapareció la mención del genocidio.

MIKTA

Para Antaramián, detrás de la cancelación están la sombra de Turquía y de los recientemente establecidos lazos diplomáticos y comerciales entre esa nación y México, dentro de la asociación estratégica de los países MIKTA (México, Indonesia, Corea, Turquía y Australia).

El gobierno turco siempre se ha negado a reconocer el genocidio –habla de “eventos” ocurridos durante una guerra civil y que causaron centenares de miles de muertos, tanto turcos como armenios– y ha desplegado amplios esfuerzos diplomáticos para bloquear su reconocimiento a escala internacional.

En cambio, asienta el embajador Hovhannissian, el reconocimiento del genocidio es un eje fundamental de la política exterior armenia.

En 2013 Enrique Peña Nieto fue el primer presidente mexicano en hacer una visita de Estado a Turquía mientras Recep Tayyip Erdogan fue el primer mandatario turco en visitar México.

A raíz de esos dos encuentros, ambos gobiernos acordaron las bases de un tratado de libre comercio y según datos de la Secretaría de Economía, si bien el comercio entre México y Turquía sigue siendo escaso, se multiplicó por tres en los últimos cinco años: pasó de 292 millones de dólares en 2009 a 967 el año pasado.

El exrector de la Universidad Nacional Autónoma de México, José Sarukhán, de origen armenio, estima que “México tiene que buscar este tipo de relaciones con países con los que tiene similitudes e intereses en un mundo mucho más comercializado”.

“Espero que no fuera la razón por la que México adoptara una posición u otra respecto al reconocimiento del genocidio”, agrega, al recordar que el presidente estadunidense Barack Obama, durante su primera campaña presidencial prometió que reconocería el genocidio armenio, lo cual no cumplió. “Querían seguir utilizando a Turquía como plataforma de acceso directo a Medio Oriente”, estima.

“Existe una actitud de negación y de defensa a ultranza por parte de algunos países. Turquía y Azerbaiyán son muy afines en su política exterior”, recuerda el académico, al subrayar que ambos se oponen al reconocimiento internacional del genocidio armenio.

Respecto a la cancelación de la muestra de cine, el embajador armenio declara: “No creo que las relaciones dentro de un bloque económico deriven en censura”.

Diplomacia antipoética

La tarde del lunes 20, a unos pasos de la avenida Ámsterdam y del Reloj Armenio instalado en la Condesa, un mensajero bajó de su vehículo, atravesó el porche de la Casa Refugio Citlaltépetl y entregó un sobre al director de la institución cultural, el francés Philippe Ollé-Laprune.

Hacía varios días que la Casa Refugio Citlaltépetl –dedicada a recibir y difundir las obras de escritores exiliados– había anunciado un acto de lectura de poesía armenia para la noche del martes 21.

Fue el poeta exiliado de origen iraní Mohsen Emadi quién sugirió el acto, a fin de “tener un momento de comunión con toda la gente que quiso conmemorar el genocidio en el mundo”, cuenta Ollé-Laprune a Proceso.

Ollé-Laprune recuerda que en el sobre había una carta firmada por el embajador turco en México, Oguz Demiralp, un paquete de trípticos que explican “Los sucesos de 1915 y la polémica turco-armenia sobre la Historia”, así como ejemplares de un pequeño libro de historia.

“Entiendo que usted organizará una actividad el 21 de abril de 2015 en la Casa Refugio Citlatépetl sobre los eventos de 1915”, planteó el diplomático en el primer párrafo de la carta, redactada en inglés. Enseguida insistió en la importancia que representa el tema de los refugiados para el gobierno turco.

“Respecto a los eventos de 1915, le invito a que refleje también el punto de vista de Turquía”, precisó luego el embajador, quién concluyó su misiva al urgir a la institución cultural a “considerar el tema de manera objetiva y humanitaria” y distribuir a los asistentes el material adjunto a la carta.

El director de la Casa Refugio Citlaltépetl considera que la misiva era “bastante respetuosa” y que la reacción del embajador es “bastante comprensible”.

“Nos pidió que observáramos los hechos de 1915 de manera más imparcial, pero nosotros no quisimos ver los hechos de manera parcial o imparcial”, asevera. “Lo que conforma el corazón de esta casa es dar la palabra a los escritores y a la literatura”, precisa.

Sin embargo el penúltimo párrafo de la misiva le pareció extraño. El embajador enfatizó que “la República de Armenia causó un problema mayor de refugiados en Azerbaiyán al invadir y ocupar el 20 por ciento del territorio azerí” y que a consecuencia, “más de 200 mil ciudadanos azerís fueron desplazados y se volvieron refugiados en sus propios países”.

Correspondencia azerbayana

La perplejidad cedió el paso a la franca sorpresa, cuando apenas dos horas después de llegar el paquete turco, otro mensajero entró a la Casa Refugio, se dirigió a las oficinas del director y le entregó un sobre, en cuya esquina derecha destacaba el sello de la República de Azerbaiyán.

Dentro había una carta, la edición de enero de 2015 de la revista Genocidio en Jodyalí así como copias de resoluciones de la ONU y de distintos parlamentos, incluido el de México.

La carta que firmó el embajador azerbayano, Ilgar Mukhtarov, también mencionó el “millón de refugiados y personas internamente desplazadas” a raíz de la “ocupación ilegal del 20 por ciento del territorio de Azerbaiyán” y denunció la “infame política de limpieza étnica” llevada a cabo por el gobierno armenio.

Mukhtarov se refirió a la disputa que opone a armenios y azerbayanos desde 1905 por el control del enclave de Nagorno-Karabaj, que provocó el desplazamiento de centenares de miles de personas de ambos países. En febrero de 1992 una ofensiva del ejército armenio sobre el pueblo de Jodyalí mató a un gran número de civiles, 150 según los armenios, 613 según Azerbaiyán.

Mucho menos diplomático, el embajador azerbayano escribió en el último párrafo: “En un defecto (sic) solicitamos el evento sea cancelado o pospuesto a una fecha donde todos los estados de la crisis humanitaria regional puedan estar presentes para representar justamente las diferentes perspectivas”.

“Nos hablan de problemas de frontera que existen actualmente entre Azerbaiyán y Armenia. ¡No era para nada el tema del evento del martes! El embajador se confunde porque evoca un problema de refugiados, relacionado con el derecho internacional, nosotros no tenemos nada que ver con ello”, estima Ollé-Laprune.

Además “se nos pidió cancelar un evento del día a la mañana”, lamenta, al comentar, con una sonrisa: “fue bastante atrevido, pero por supuesto no atendimos su solicitud”.

“Resulta muy raro que una embajada se pague el lujo de pedir la cancelación de un evento en una asociación independiente; sobre todo cuando defendemos la libertad de expresión y que la solicitud viene de un país como Azerbaiyán, dónde no se le respeta mucho”, apunta.

Desde 1992 el gobierno azerbayano, aliado de Turquía en la región, multiplicó los esfuerzos y las invitaciones a parlamentarios, celebridades y empresarios extranjeros para conseguir el reconocimiento internacional de lo ocurrido en Jodyalí como un genocidio.

“Han estado invirtiendo mucho dinero en un aparato de propaganda, mediante el cual han invitado a congresistas a Azerbaiyán de viaje y de regreso, han hecho declaraciones respecto de Jodyalí. Tienen recursos porque tienen petróleo”, recuerda Sarukhán, a quien una revista azerbayana comparó una vez con un “oficial de la SS nazi”.

En América Latina, y particularmente en México, Mukhtarov tuvo éxito: en febrero de 2011 se abrió las puertas del Congreso a través del Grupo de Amistad Interparlamentario México-Azerbaiyán, presidido por el diputado panista Marcos Pérez Esquer y cuyos integrantes fueron invitados varias veces a Bakú, capital azerbayana.

La noche del 8 de diciembre de 2011, apenas nueve meses después de la creación del grupo, la Cámara de Diputados aprobó un punto de acuerdo redactado por Pérez Esquer que mencionaba el “denominado ‘Genocidio de Jodyalí’”.

En ese entonces ningún país ni instancia internacional lo había “denominado” como tal, lo cual obligó la Cancillería mexicana a aclarar que esta postura no era la del gobierno.

En 2012 Mukhtarov desató una polémica en la Ciudad de México al colocar una monumental estatua de Heydar Aliyev, el padre del actual presidente de Azerbaiyán –y fallecido dictador del país–, en una parte del bosque de Chapultepec que renovó la embajada azerbayana, lo que generó una reacción hostil en sectores de la sociedad civil mexicana.

Ese año Mukhtarov también inauguró la Plaza Tlaxcoaque-Jodyalí, recién restaurada con dinero azerbayano, donde el embajador logró colocar una placa evocando el “genocidio de Jodyalí”. Tanto la estatua como la placa estaban incluidas en cláusulas de los contratos que firmaron Mukhtarov y el exalcalde capitalino Marcelo Ebrard en agosto de 2010.

A pesar de la indignación y las amenazas de la diplomacia azerbayana de no invertir cantidades multimillonarias en México, el Gobierno del Distrito Federal, por recomendación de una comisión ciudadana, removió en 2013 la estatua a cambio de una compensación para los azerbayanos.

El pasado 8 de enero el GDF se comprometió en ofrecer a cambio una mansión de 36 millones de pesos a la embajada azerbayana para convertirla en la “Casa de la Cultura de la Embajada de Azerbaiyán”.