El recientemente fallecido curador de arte Carlos Ashida ofreció al público las obras de los creadores, a la vez que fomentó su discusión, de una manera ejemplar e independiente. He aquí un perfil de quien destacara principalmente como promotor del arte contemporáneo en la Ciudad de México y Guadalajara.
A las 11:45 horas del lunes 20 apareció un mensaje en las redes sociales informando que había fallecido el curador de arte Carlos Ashida. Poco después se sucedieron las expresiones de incredulidad, asombro y pesadumbre entre las personas ligadas a la cultura y principalmente a las artes visuales. Sólo las personas de su círculo más cercano sabían que padecía cáncer de colon y que desde hacía poco más de un mes estaba en fase terminal.
Hasta sus últimos días, Carlos Enrique Ashida Cueto mantuvo la discreción, y quizá por voluntad propia sus funerales fueron privados; sólo se ofició una misa de cuerpo presente a las ocho de la noche de la misma fecha. Acudieron familiares, amigos, artistas, coleccionistas y funcionarios del ámbito cultural. No hubo más nada. Así era él, prudente, silencioso, alejado de los reflectores, salvo los que como director de museos y curador tuvo que enfrentar.
Su último trabajo curatorial tuvo lugar en el Instituto Cultural Cabañas (ICC), donde era curador en jefe. La muestra, titulada Dr. Atl: rotación cósmica a cincuenta años de su muerte, se inauguró en noviembre de 2014 y finalizó en febrero. Con esa exposición Ashida se despidió también del ICC, pues anunció su renuncia al cargo, que había asumido apenas en febrero de 2014. En corto reveló que no se entendía con la directora, Olga Ramírez Campuzano, pues lo que para él era importante, para ella no, y viceversa.
Miriam Vachez, secretaria de Cultura, trató de persuadirlo de que continuara, y no se le aceptó su renuncia. Ashida, sin embargo, estaba decidido a no continuar. Se veía cansado, pálido, cada vez más delgado. Sus motivos para no seguir como curador del ICC eran dobles: sus problemas de salud y su incompatibilidad con la directora. Con tal de mantenerlo ahí, se le encargó que cuidara la catalogación de la obra y archivo de Mathias Goeritz bajo el resguardo de la institución, con miras a celebrar los 100 años del natalicio del artista alemán.
Su trayectoria
Carlos Ashida nació en la Ciudad de México en 1955, y la mayor parte de su vida radicó en Guadalajara, donde estudió arquitectura en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO).
Desde 1983 se involucró en el ámbito de las galerías de arte. En colaboración con Enrique Lázaro manejó la galería Clave 13, donde dio muestras de su sensibilidad y agudo olfato para detectar valores estéticos novedosos en obras de artistas que no eran tomados muy en serio, como fue el caso del pintor y escultor Juan Kraepellin, a quien le organizó una exposición individual que fue muy comentada por sus piezas provocadoras y desinhibidas, y a quien consideraba como un ejemplo del postmodernismo.
Después abrió su propia galería, en la que expuso obras de artistas que estaban empezando a consolidar su lenguaje plástico. Ocupó también el cargo de director de Artes Visuales del entonces Departamento de Bellas Artes. Cabe mencionar que durante su paso por diferentes galerías e instituciones estuvo acompañado por unos entusiastas jóvenes que mucho aprenderían con él y después destacarían como curadores, museógrafos y artistas, como la museógrafa y curadora Alicia Lozano, fallecida hace poco más de dos años, y el artista y curador Rubén Méndez.
Se hizo cargo, asimismo, de la dirección del Museo de las Artes de la Universidad de Guadalajara de 1998 a 2000, donde tuvo la oportunidad de presentar exposiciones de arte contemporáneo que no hubieran sido aceptadas en otros espacios museográficos de la ciudad y que generaron fuertes polémicas. Tanto así, que quienes hacían pintura considerada “tradicional” se manifestaron en contra de que se exhibieran ese tipo de obras y se les negara el espacio.
En un golpe de audacia y para cerrar su gestión en el museo universitario, Ashida convocó a todos los pintores radicados en la entidad para que llevaran un cuadro que sería exhibido, sin ser evaluado, en la muestra que se tituló Summa pictórica. Colectiva de artistas jaliscienses. La respuesta fue abrumadora.
También fue director del Museo Carrillo Gil, en la Ciudad de México, y del Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca. Impulsó la promoción y el coleccionismo del arte contemporáneo con la realización, en 1992, de Expo-Arte Guadalajara, la primera feria internacional de arte contemporáneo en México, que serviría como base para lo que hoy es Zona Maco. Para ello contó con el apoyo de la empresaria Gabriela López Rocha y del curador Guillermo Santamarina.
Gracias a su amplitud de miras y criterio abierto, así como a su capacidad de gestión, Carlos Ashida contribuyó de manera definitiva a hacer de Guadalajara la capital del arte contemporáneo durante los años noventa. Incluso la exposición Acné o el nuevo contrato social ilustrado, organizada y curada por él y que se presentó en 1996 primero en los antiguos Baños Venecia –una finca abandonada y casi en ruinas– y luego en el Museo de Arte Moderno en la Ciudad de México, es considerada como un parteaguas en el ambiente del arte contemporáneo de esos años.
Contrario a las suposiciones de que “grillaba” para ocupar puestos directivos, Ashida expresaba opiniones críticas contra esa manera de escalar posiciones, como lo expresó en un texto publicado por el Museo de las Artes en 2014 para conmemorar los 20 años de su fundación. Ashida escribió:
“A más de 13 años de mi relevo de la dirección del Museo de las Artes –diez de ellos pasados fuera de Guadalajara– volteo a ver el sistema cultural tapatío en su conjunto y vuelvo a toparme con las mismas ‘razones políticas’ que siguen disponiendo de puestos y presupuestos, la misma hueca y provinciana solemnidad oficialista, el mismo recelo a lo que se aparta de supuestos cánones imperecederos, la resistencia de nuestra comunidad para identificarse y comprometerse con la rica y original tradición vanguardista que corre a lo largo de su historia.”
Carlos Ashida se entregó completamente a la curaduría y a la promoción del arte, sin protagonismos ni estridencias. Sin embargo, estaba consciente de haber contribuido al desarrollo artístico local, como lo dejó escrito en el ya citado texto:
“Ahí está la satisfacción de que no pocos de los artistas a quienes brindamos una de sus primeras oportunidades de exhibir en un espacio museológico han llegado muy lejos, la alegría de que los programas de educación artística se han abierto y diversificado, la constatación de que se ha formado una vigorosa red independiente de programas y espacios operados por artistas y, sobre todo, que no se ha apagado el placer que nos causa hacer lo que hacemos.”








