La contaminación, el caos vial y el alto costo del transporte en la zona metropolitana de Guadalajara, derivan de la carencia de una movilidad urbanística de largo plazo y que incluye un Metro. Con un retraso de décadas, una de las acciones recientes fue iniciar la construcción de la Línea 3 del Tren Ligero. Pero ésta ya comienza a revelar algunos de los vicios recurrentes en las obras públicas: desorganización, falta de consulta y nula difusión, así como la destrucción colateral de estructuras de importancia urbanística.
El desvío de 25 rutas de la avenida Alcalde hacia calles estrechas a causa de las obras de dos estaciones subterráneas de la Línea 3 del Tren Ligero –desde el pasado 19 de febrero– provocó mayor contaminación del aire y ruido, bajas en las ventas e inseguridad.
Según el diagnóstico del Análisis Costo Beneficio de la Línea 3, que hicieron las empresas Senermex Ingeniería y Sistemas y Transconsult Consultoría en Tránsito y Transporte, sobre la avenida Alcalde circulaban hasta 250 unidades de transporte público por hora.
Ricardo Signorete, quien vive en la calle Joaquín Angulo casi esquina con Santa Mónica, señala que sobre la primera él ha contado en una hora el paso de 360 camiones. Añade que comienzan a circular desde las 4:30 de la mañana y continúan más o menos hasta las 23:00 horas. “Esto implica que en promedio circulen por día casi 6 mil 500 unidades”, dice.
El cambio de rutas se hizo aparentemente sin la planificación adecuada y no se avisó a vecinos y usuarios sobre el nuevo trayecto de los autobuses de pasajeros, agrega Signorete.
Desde la azotea de la casa de Signorete se ven 13 autobuses en fila, como si fueran vagones de tren desde la avenida Alcalde hasta la calle Zaragoza. “Debería de ver cuando es hora pico, la fila de camiones se hace interminable”, comenta.
Recuerda que antes circulaban nueve rutas por la zona y ahora “son más de 20. El colmo fue que nos metieron la ciclovía y se hizo más angosta la calle. Además, las viviendas se cimbran, el pavimento que se puso hace un año ya está fracturado y la banqueta destruida”.
Contaminación y delincuencia
Otra consecuencia del desvío de rutas en los barrios Santuario de Guadalupe y San Diego es el aumento de la contaminación auditiva y respiratoria.
En las horas pico –de 13:00 a 15:00 y de 19:00 a 21:00– los conductores se pegan al claxon, “se oyen mentadas de madre, aceleran los motores y llega un momento en el que no se escucha una conversación… Se incrementa la contaminación, el polvo, el ruido. Nos estresamos más y tenemos que limpiar las bolsas de la mercancía al menos dos veces al día”, dice un vendedor de comida chatarra en la calle Angulo, media cuadra antes del cruce con la avenida Alcalde.
Al respecto, el señor Signorete dice que miente la Secretaría de Medio Ambiente y Desarrollo Territorial (Semadet) al informar que la zona centro cuenta con buena calidad de aire: “Que se venga a vivir la secretaria de la Semadet (Magdalena Ruiz Mejía) tres días por la zona, para que conozca la realidad. No aguantaría, saldría disparada”.
La reportera consultó la página del Sistema de Monitoreo Atmosférico de Jalisco (Simaj). El fraccionamiento Hacienda Santa Fe, en Tlajomulco de Zúñiga, y las colonias aledañas a las Pintas, en Guadalajara, registraban 84 y 75 Imecas, respectivamente, con lo que alcanzan una clasificación de regular calidad de aire. La zona centro aparecía con sólo 40 Imecas pese al intenso tráfico y, en efecto, su calidad de aire se clasificaba como buena.
Don Pablo atiende una tienda de abarrotes en la calle Angulo y se toma la situación con humor: “Todo el día me preguntan por dónde pasa determinada ruta. Deberían poner una manta informativa o volver a repartir volantes. Ya hasta me dan ganas de cobrar por darles el dato”.
A diferencia de otros negocios que se quejan de una disminución considerable en sus ventas, las empleadas de la fonda Vía Sana señalan que ésta se inauguró hace un mes y medio, y su clientela se incrementó.
“Llegan a preguntarnos que si sabemos dónde pasa su camión, en especial la ruta 637 –relatan–, y como huele rico aprovechan para llevarse un lonche. Lo que sí notamos es que se incrementó la inseguridad. La semana antepasada, los días martes y miércoles (14 y 15 de abril) entre las cinco de la tarde y ocho de la noche asaltaron a los que esperaban el camión. Nos tocó ver que pasaron algunas mujeres llorando y otras gritando que las habían robado. Lo malo es que pasan patrullas muy rara vez.”
El empleado de un hotel coincide en que, a pesar del intenso tránsito, los ladrones actúan a cualquier hora:
“Es común que las personas que dejan estacionados sus autos aquí afuera (en la calle Angulo, casi al cruce con Pedro Loza) los encuentran cristaleados (con los vidrios rotos)… lo revisan y ven que desaparecieron sus cosas o su estéreo. Eso es a toda hora.
“Incluso nos ha tocado que unas personas vienen a un evento al hotel, y a los minutos que salieron se regresan porque los asaltaron a unos pasos de la entrada.”
En cuanto a las molestias del aumento del tránsito, “son pocos los (huéspedes del hotel) que se quejan, ya que nada más tres habitaciones dan hacia esa calle”.
Como los otros entrevistados, dice que no se difundió correctamente el cambio de rutas. “Sólo vimos que poco a poco comenzaron a transitar más camiones por la calle”, comenta.
En la página en internet que se abrió para informar sobre la Línea 3 (l3gdl.com), en el apartado socialización, sólo aparecen los nombres de 22 personas que formarían parte del Comité Social, ningún otro dato.
La Línea 3 del Tren Ligero correrá desde el Anillo Periférico Manuel Gómez Morín, a la altura de los Arcos en Zapopan, hasta la nueva Central Camionera, entre Tlaquepaque y Tonalá. Es un trayecto de 21.3 kilómetros. Se construirán 18 estaciones, de las cuales 13 serán superficiales y cinco subterráneas, éstas en el Centro Histórico de Guadalajara.
En el resumen ejecutivo del proyecto se dice que “la flota inicial en operación será de 16 trenes con una capacidad estimada de 500 pasajeros por tren” y que “el total de la inversión estimada para los 40 meses de la obra es de 17 mil 692 millones 771 mil 557 pesos”. Actualmente se informa que en realidad costará 22 mil millones.
Sobre el costo anual de operación y mantenimiento de la Línea 3, calculado en 2013, se informa que sería de mil 742 millones 491 mil 980 pesos.
Todo parecía previsto: “…Los usuarios públicos y privados que circulen por las vialidades por las que pasará la Línea 3 del Tren Eléctrico Urbano (Siteur) se enfrentarán a situaciones en las que se deberá reducir su velocidad de circulación, por lo que sus costos generalizados de viaje se incrementarán (…) Los costos de molestia se estimaron en 506 millones 982 mil 926 millones de pesos en 2013”.
Sin embargo, se aclara que los beneficios por “disminución de los costos generalizados de viaje del primer año de operación de la línea será de 2 mil 250 millones 817 mil 53 pesos”.
Demolición de símbolos
En la ventana “situación del proyecto”, del portal de la Línea 3 se describen los tramos por donde correrá el tren, pero se omite lo que sucederá con los símbolos urbanos que están en el trazo.
Sobre el recorrido por Guadalajara Centro se detalla que el tren atravesará como tres kilómetros. “En este tramo las calles se hacen más angostas, por lo que la recomendación es hacer pasar la línea subterránea y profunda: por debajo del túnel carretero de la avenida Hidalgo, por debajo de la Línea 2 del tren y por debajo del río encauzado en la calzada Independencia, por la que circula el Macrobús”.
Por eso fue sorpresiva la destrucción del puente peatonal de la glorieta de La Escuela Normal de Jalisco, que unía al Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH) y era parte del conjunto arquitectónico.
Los responsables de las constructoras justificaron la demolición del puente, erigido hace 49 años, porque obstruía el levantamiento de “un muro de interconexión con la estación subterránea del tren”.
El puente de la Normal era considerado patrimonio artístico. La Dirección de Patrimonio Artístico e Histórico de la Secretaría de Cultura del gobierno del estado no informó al ayuntamiento de Guadalajara sobre la importancia de conservarlo. De hecho, esa oficina de la SC se enteró de la destrucción una semana después de que ocurrió.
El 11 de abril cayeron los Arcos de Tlaquepaque. En la información del proyecto sólo se mencionan las características de la zona por la que pasará el tramo Guadalajara-Tlaquepaque: “Viviendas de poca altura, baja densidad de construcción, alternancia de parques y vegetación, anchas avenidas con camellón central y tráfico de vehículos”.
No se advertía sobre el derrumbe del monumento de los Arcos ni la desaparición de la glorieta de El Charro, que desde hace décadas marca el ingreso a la capital jalisciense.
Otra estructura que se demolerá, en el tramo de Zapopan, es el puente peatonal de avenida Patria y Ávila Camacho, diseñado por el reconocido arquitecto Fernando González Gortázar.
Ante estas medidas, realizadas sin consultar a nadie, surgen dudas sobre la versión de las autoridades: que la Catedral Metropolitana no sufrirá daños porque la Línea 3 pasará 18 metros abajo del pavimento de la avenida Alcalde.
Tampoco se conocen públicamente los pormenores acerca de la vuelta que deberá hacer el túnel en la esquina de las avenidas Alcalde y Revolución, o si se excavará bajo el colonial templo de San Francisco.
La línea iniciará en Zapopan, correrá por la avenida Laureles, seguirá por Ávila Camacho hasta la Escuela Normal; de ahí correrá de norte a sur por Alcalde-16 de Septiembre y doblará a la izquierda por toda la avenida Revolución, hasta llegar a la Nueva Central de Autobuses, en Tlaquepaque. l








