La aldea que fue cuna de los célebres Buendía y luego fue borrada del mundo, cobrará vida el próximo martes 21 en la Feria Internacional del Libro en la capital de Colombia, país que así rinde tributo a su más grande escritor, Gabriel García Márquez, muerto hace un año. El Macondo de la Filbo espera la visita de miles de personas que podrán ver a los personajes de Cien años de soledad –novela que de algún modo sintetiza la historia colombiana– como fantasmas virtuales, a quienes les colocarán los rostros que su imaginación decida.
Bogotá.- A un año de la muerte del escritor colombiano Gabriel García Márquez, Macondo, aquella aldea de casas de barro y cañabrava en la que transcurre la saga de los Buendía en Cien años de soledad, será recreada físicamente por primera vez en un espacio que podrán visitar miles de personas en esta capital.
Este Macondo tendrá una gallera (palenque) de madera blanca envejecida, una librería monumental, una cocina donde se elaborarán guisos escabechados de conejo y morcilla y un domo iluminado, cuya luz agiganta los inventos que revolucionaron la aldea: el imán, el catalejo, el astrolabio, la lupa del tamaño de un tambor.
Tendrá también una zona de espejos, o espejismos, en la que aparecerán un cura, una locomotora de vapor y personas muy antiguas, de otros tiempos, que probablemente hayan habitado el pueblo en algún momento de sus vidas.
Son fotogramas en movimiento que lucen como ánimas en pena que se rehúsan a abandonar este mundo. Allí está un hombre sin rostro que tiene una cámara de daguerrotipo, como la del gitano Melquíades. Puede ser el viejo alquimista o su alocado discípulo José Arcadio Buendía. O puede ser un hombre de principios del siglo XX en la costa caribe de Colombia. Eso lo decide el visitante.
El Macondo que cobrará vida a partir de este martes 21 en un pabellón de 3 mil metros cuadrados de la Feria Internacional del Libro de Bogotá, la Filbo 2015, incluirá plantaciones de banano, ciénagas, desiertos y pantanos “cubiertos de una eterna nata vegetal”, según los percibió el escritor.
Estos paisajes se desplegarán con sus sonidos naturales en pantallas gigantes suspendidas en el aire mientras García Márquez narra, con su voz trémula y su tenue acento costeño, el primer capítulo de Cien años de soledad.
Este Macondo tendrá una bandera azul cruzada por cuatro símbolos: un gallo, un tren, un acordeón como el de Francisco El Hombre y un racimo de bananos. Y tendrá bandera porque puede ser un país o un lugar con vida propia en el Caribe, en Colombia, o en cualquier parte de América Latina. Al fin y al cabo tiene habitantes, guerras que se contarán con sonidos de balas y cañones; coroneles al mando de tropas armadas con cuchillos de cocina; hombres y mujeres que se aman y se hacen daño, y desde luego tiene una historia que será contada con una narrativa sujeta a la libre interpretación de los visitantes.
“Esta exposición va a ser para los asistentes una experiencia emocional, sensorial y conceptual, pero está pensada de tal manera que cada uno de ellos se quede con el Macondo que quiera imaginar”, dice a Proceso el doctor en letras hispánicas Ariel Castillo Mier, curador de la muestra junto con la escritora Piedad Bonnett y el director general de la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI), Jaime Abello.
Los tres curadores trabajaron con un equipo de artistas plásticos y expertos en nuevas tecnologías encabezado por Laura Villegas, Andrés Burbano y Santiago Caicedo, quienes dieron vida a Macondo en un montaje que será el gran protagonista de la Filbo 2015.
Y no sólo porque la aldea garciamarquiana se materializará a través de la literatura, la arquitectura, la música, las artes plásticas, la tecnología y la palabra, sino porque Macondo será el invitado de honor de la feria bogotana del libro este año. Es la primera vez que el invitado de honor a ese acto cultural no es un país, sino una creación literaria.
Para Castillo Mier, es una forma muy acertada de rendir homenaje a García Márquez en el primer aniversario de su muerte, que ocurrió el 17 de abril de 2014 en la Ciudad de México, donde el Premio Nobel de Literatura vivió sus últimos 53 años.
El experto en la obra de García Márquez piensa que esto es una reivindicación de las autoridades de Colombia con el más grande escritor en la historia del país, luego “de esa especie de despedida oficial tan vergonzosa que se le hizo hace un año con una misa de élite (en la catedral metropolitana de Bogotá) llena de abogados vestidos de negro y con la entrada vedada al pueblo, cuando él fue un artista tan popular”.
Gabo tuvo una difícil relación con su país. La conservadora élite nacional siempre fustigó sus posiciones políticas de izquierda y su inquebrantable amistad con el líder cubano Fidel Castro. Pero hoy Colombia parece mayoritariamente empeñada en cultivar la memoria de su único Premio Nobel y de su ciudadano más emblemático ante el mundo.
El punto de partida institucional para este propósito es una ley aprobada por el Congreso en diciembre pasado, la cual establece que la preservación de la memoria de García Márquez, “el máximo exponente de las artes y la cultura colombiana”, debe adquirir rango de “política de Estado”.
La memoria
La ley ordena crear un “Centro Internacional para el legado de Gabriel García Márquez” en la caribeña Cartagena, donde el escritor tenía su casa en Colombia, y delega de manera expresa a la FNPI la ejecución de esta iniciativa.
Abello ya trabaja en el proyecto. Una posibilidad es que el centro sea instalado en la vivienda de García Márquez en la Calle del Curato en Cartagena, una bella edificación de estilo colonial que fue diseñada por el arquitecto Rogelio Salmona.
“Es una de las alternativas que hay que considerar, pero tenemos que ver si la casa tiene la amplitud arquitectónica para un centro de estas características. Sin embargo, la sede también podría estar en algún edificio público que esté disponible, o podríamos optar por construir algo nuevo en un lote cercano al centro de la ciudad (un imponente casco colonial amurallado con calles de adoquines)”, indica Abello.
Mercedes Barcha, viuda del escritor, presidenta de la junta directiva de la FNPI y quien reside en México, está al tanto del desarrollo del proyecto. Tiene constante comunicación con Abello y ella ha dado su visto bueno para realizar los estudios que determinarán las formas de ejecución, operación y financiamiento del proyecto.
El Centro Internacional Gabriel García Márquez contará con una exposición interactiva permanente sobre la vida y obra del escritor, una escuela internacional para la formación de periodistas y comunicadores, un espacio cultural abierto al público y un programa de investigación sobre la memoria del Premio Nobel en los diferentes ámbitos en los que incursionó: el periodismo, el cine, sus posturas sobre la realidad latinoamericana y desde luego la literatura.
Abello espera que los proyectos enfocados en preservar la memoria del autor de Cien años de soledad cuenten con la participación de México. “Nos gustaría que en esto nos acompañaran el Conaculta y eventuales donantes privados, por la relación tan especial y profunda de Gabo con México, porque su familia es mexicana, su casa fue México y por la relación cultural tan estrecha entre México y Colombia”, señala el director de la FNPI.
Abello es abogado y productor de cine y era gerente de la televisora regional Telecaribe cuando García Márquez le propuso, en 1994, hacerse cargo del diseño y la dirección de una fundación que pensaba crear para promover la formación de periodistas. Él cree que el escritor lo incorporó a ese proyecto a pesar de no ser periodista por su perfil de gestor cultural. “Por eso me puso el ojo”, dice.
De acuerdo con Abello, a un año de su muerte, Gabo está tan presente en Colombia, en América Latina y en el mundo como lo llegó estar en sus momentos de mayor reconocimiento en vida. Menciona que los homenajes que ha recibido en estos últimos meses, las reediciones de sus libros, los artículos periodísticos y los documentales biográficos y de su obra que transmiten las cadenas globales, lo convierten en “un fenómeno universal con mucha vigencia”.
Ahora, agrega, hay que pasar “de la emoción que nos produce su legado a la ejecución de proyectos que sirvan para preservarlo”.
Eso incluye no sólo el Centro Internacional que llevará su nombre, sino la creación de un circuito de turismo cultural garciamarquiano en el Caribe colombiano –correrá de Cartagena y Barranquilla a Aracataca, su ciudad natal–; un programa del Ministerio de Educación para incentivar con becas las vocaciones literarias de los niños y jóvenes; la preservación de los lugares simbólicos de la geografía vital del escritor; una emisión de billetes y monedas con su imagen y, desde luego, la multiplicación de homenajes como el que le rendirá la Filbo 2015 con la recreación de Macondo.
Macondo II
En la entrada de la Filbo, que abrirá sus puertas este martes, los asistentes recibirán un mapa de Macondo que, en un arrojo de realismo mágico, ubica como límites geográficos de esa aldea, por el oeste, al Lejano Oriente; por el este, a La Mancha del Quijote de Cervantes; por el norte, al condado ficticio de las novelas de William Faulkner, Yoknapatawpha, y por el sur, a Santa María, la ciudad imaginaria en la que el escritor uruguayo Juan Carlos Onetti situó gran parte de su obra.
A Macondo, que García Márquez definió como un estado de ánimo sin ubicación específica en esta tierra, lo rodean en el mapa áreas boscosas, serranías y plantaciones de banano en cuyas inmediaciones se localiza la “ciudadela de los gringos”. Allí, en ese enclave del colonialismo económico estadunidense habitaba Mr. Jack Brown, el superintendente de la compañía bananera que urdió con el ejército una matanza de trabajadores para conjurar una huelga.
En un paraje, del otro lado del río con piedras “enormes como huevos prehistóricos” que cruza el mapa de Macondo, tropas liberales y conservadoras escenifican una batalla. Es la representación de la recurrente guerra interna colombiana. La misma que hasta nuestros días protagonizan las guerrillas izquierdistas y las fuerzas militares, aunque hoy existe una dosis de esperanza por el proceso de paz que desarrollan en La Habana el gobierno y las insurgentes FARC.
La poeta, novelista y dramaturga Piedad Bonnett explica que los curadores buscaron un hilo conductor del montaje a través de la historia. Por ello, en el Macondo de la Filbo 2015 aparecen las cuatro etapas de la aldea: la mítica, la épica (la de las guerras civiles), la de la bonanza bananera y la de la decadencia tras el diluvio provocado por la cólera de un “huracán bíblico”.
“Hemos querido articular esto con la historia contemporánea colombiana, con lo que estamos viviendo, con la disyuntiva entre la guerra y la paz (que se define en la negociación entre las FARC y el gobierno en La Habana), y nos preocupamos por plantear una pregunta: ¿tenemos una segunda oportunidad sobre la tierra?”, indica la autora del poemario De círculo y ceniza y de la novela Lo que no tiene nombre.
Y no importa que la pregunta desafíe al propio García Márquez, quien finalizó su novela más emblemática con una visión apocalíptica: Aureliano Babilonia descubre que Macondo sería arrasada por el viento y desterrada de la memoria de los hombres una vez que acabara de descifrar los pergaminos de Melquíades.
Piedad Bonnett quiere creer que Colombia y América Latina sí tienen una segunda oportunidad sobre la tierra y que sus estirpes no están necesariamente condenadas a cien años de soledad, aunque a menudo así lo pareciera. Pero, como todo en la exposición, es algo que queda abierto a lo que quiera imaginar cada uno de los asistentes.
Para Ariel Castillo Mier, quien cursó su doctorado en letras hispánicas en El Colegio de México y cultivó en el Distrito Federal una relación con García Márquez, considera que el pleno reconocimiento de Colombia a su Premio Nobel de Literatura será un proceso largo por la difícil relación que el escritor mantuvo con su país.
“Veo que se están comenzando a apartar esas rencillas de la conservadora élite colombiana con un costeño de izquierda al que aún muchos no le perdonan que haya llegado tan lejos. Pero creo que por fin se está entendiendo en este país el carácter universal de García Márquez. Él es de todos, de Colombia, de México, de América Latina. Le pertenece a la humanidad”, asegura.
Como García Márquez es universal, la idea es que el Macondo de la Filbo 2015 se desmonte pieza por pieza una vez que concluya, el 4 de mayo, la fiesta cultural, y esa aldea sea presentada en diversas partes del mundo como una exposición itinerante. Podría ser montada en Santiago de Chile, en Buenos Aires, en la Ciudad de México o en Nueva York.
La directora de la Biblioteca Nacional, Consuelo Gaitán, quien coordina por parte del Ministerio de Cultura los homenajes a García Márquez en el primer aniversario de su muerte y la puesta en escena de Macondo, dice que el escritor nacido en Aracataca es para Colombia más que una marca-país.
“Él forma parte de nuestra cultura viva, y no sólo porque su literatura y su figura son de los más grandes patrimonios culturales que tiene Colombia, sino porque Gabo tiene un manto de alegría alrededor de su vida y de su obra que lo refleja como un colombiano muy auténtico. Es, porque de muchas maneras lo sigue siendo, un tipo alegre, bailador, mamagallista (bromista), amigo, y todo eso es lo que los colombianos reconocemos en él y nos reconocemos en él”, dice.








