Revista Cambio Relato de un naufragio

En 2001 Gabriel García Márquez se lanzó con todo en la edición mexicana de la revista Cambio, proyecto cuyo éxito estaba prácticamente asegurado: contaba con “muy buenos periodistas”, la sociedad con Televisa garantizaba distribución y publicidad y el nombre y la participación del Nobel colombiano ofrecía prestigio y atraía lectores. “Era imposible fallar… pero fallamos”, reconoce Roberto Pombo, quien fue director adjunto de la publicación. Y explica la razón: cuando Ramón Alberto Garza, el director, intentó “hablarle demasiado al oído” a Emilio Azcárraga Jean, despertó los celos del círculo íntimo del presidente de Televisa, y bloquearon los recursos destinados a la revista… hasta asfixiarla.

Bogotá.- De periodista a periodista, Gabriel García Márquez le preguntó al director adjunto de la edición mexicana de la revista Cambio, Roberto Pombo, qué había pensado para el siguiente número del semanario, que saldría a la calle la primera semana de 2004, al cumplirse 10 años del Tratado de Libre Comercio (TLC) entre México, Estados Unidos y Canadá.

Gabo y Pombo tenían varios rasgos en común: eran periodistas, colombianos y les entusiasmaba el proyecto editorial de Cambio en México, que emprendieron juntos y de la cual ambos eran socios junto con la empresa Televisa. Además, los dos eran amigos desde hacía años.

“Pensamos hacer un balance del TLC, ver cuáles son sus impactos económicos y comerciales para México”, respondió Pombo.

García Márquez no mostró mucho entusiasmo con la respuesta. El Premio Nobel de Literatura participaba cada semana en las juntas de planeación de la revista. Proponía temas, establecía enfoques, marcaba pautas y con frecuencia comía con sus reporteros en las cantinas aledañas a las oficinas del semanario.

–¿Qué les parece hacer un artículo que se llame “México en un taco”? –preguntó Gabo a los periodistas presentes en la reunión editorial.

Y luego explicó su idea. Se trataba de diseccionar un taco mexicano, enlistar todos sus ingredientes y averiguar de dónde venía cada uno: la tortilla, la carne, la salsa, la cebolla, el cilantro, el guacamole, el jitomate…

Ese sería el punto de partida de un informe económico en el cual quedó en evidencia la enorme proporción de ingredientes que, a partir de la entrada en vigor del TLC, eran importados de Estados Unidos: desde el maíz hasta la carne de cerdo.

–Ahí descubrimos –recuerda Roberto– que los mexicanos, que venían comiendo tacos desde los aztecas, estaban trayendo de Estados Unidos buena parte de sus componentes; es decir, a través de un taco Gabo nos llevó a mostrar el impacto económico del TLC. Es ese el tipo de enfoques que a él le gustaba hacer, siempre algo más allá de lo obvio.

Con un símil cinematográfico, Roberto Pombo describe al Gabo periodista: “Optaba en forma permanente por el contraplano. Uno ponía la cámara hacia el frente y él trataba de ponerla del otro lado para buscar un ángulo original”.

“No podíamos fallar”

Pombo recibe a Proceso en su oficina del diario El Tiempo, el más importante de Colombia y del cual es director general. Aunque estudió derecho en la Universidad de Los Andes, nunca ha hecho nada distinto al periodismo.

En 1978 viajó a Curitiba, Brasil, con la idea de estudiar periodismo, pero nunca lo hizo. Un año después se hizo corresponsal en ese país de la revista colombiana Alternativa, publicación de izquierda encabezada por García Márquez y con periodistas como Enrique Santos Calderón, Antonio Caballero y Daniel Samper Pizano.

Al cabo de unos meses regresó a Colombia como reportero de la revista, a la cual recuerda como “el primer intento de prensa realmente independiente en Colombia”. Fueron sus años de periodismo militante. Allí conoció a Gabo y comenzó a cultivar una estrecha relación con él.

En 1980, cuando Alternativa cerró por problemas financieros y diferencias irreconciliables entre las facciones de izquierda de sus periodistas, Pombo se fue a la caribeña Barranquilla, donde fue reportero judicial de El Heraldo y jefe de redacción del Diario del Caribe. Cinco años después regresó a Bogotá y fue contratado como redactor de El Tiempo, donde conoció a su esposa Juanita Santos, hija del entonces director y accionista Hernando Santos Castillo.

Fue director de dos noticieros de televisión y de las revistas Semana y Cambio en Colombia. De esta última era además socio, junto con García Márquez y un grupo de periodistas de mucho peso en el país.

A finales de 2000 llegó a Colombia el mexicano Ramón Alberto Garza, presidente de Editorial Televisa, para proponer a los propietarios de Cambio hacer una edición mexicana de esa revista.

Garza, recuerda Roberto, “nos dijo que Cambio podía ocupar un espacio en México porque la única revista importante era Proceso y el mercado que quedaba era muy amplio”.

Meses después, en 2001, García Márquez y el presidente de Televisa, Emilio Azcárraga Jean, firmaban en México un convenio de asociación mediante el cual el consorcio mexicano quedó como propietario de 50% de las acciones de la edición mexicana de Cambio, y el Premio Nobel, Pombo y sus socios colombianos quedaron con el restante 50%.

De acuerdo con Pombo “era imposible fallar, porque teníamos la estructura de publicidad y distribución de Televisa, que vendía pauta y hacía llegar a los Sanborns la revista; teníamos muy buenos periodistas, ¡teníamos a Gabo! y teóricamente estaba todo muy bien”.

El periodista colombiano, Premio Ortega y Gasset en la categoría de prensa escrita, dice que “la revista funcionó muy bien durante un par de años”.

Pugnas en Televisa

Pombo radicó en México en 2001 de la mano de García Márquez y del también escritor colombiano Álvaro Mutis. Se llevó a su familia –esposa y dos hijos– y pronto entabló relaciones con intelectuales mexicanos como Carlos Monsiváis, Carlos Fuentes, Héctor Aguilar Camín, Ángeles Mastretta y los hermanos José María y Rafael Pérez Gay.

“Entré a México por un camino muy privilegiado, con Gabo”, dice.

–¿Y si era imposible fallar con Cambio, qué falló? –se le pregunta.

–Parecía imposible fallar, pero fallamos –exclama con una gran sonrisa–, y esto ocurrió por debates internos de Televisa, por una lucha de poder que hizo que la gente de Televisa le perdiera el gusto a Cambio. Ahí hubo una relación que yo nunca entendí bien entre Ramón Alberto Garza y la gente cercana a Emilio Azcárraga…

–¿Se refiere a Bernardo Gómez, a José Bastón, a Alfonso de Angoitia?

–A ese grupo, exactamente. Mi impresión, aunque no tengo todos los elementos para decirlo, es que Ramón Alberto pretendió hablarle demasiado al oído a Emilio Azcárraga.

–¿Y eso le hizo ganarse la enemistad del grupo compacto del presidente de Televisa?

–Sí. Y le quedó grande. Entonces, claro, se da una circunstancia terrible, que es cuando Ramón Alberto sale de Televisa y se va de director de El Universal y todo eso nos hace quedar en una posición muy difícil.

Aunque Garza era el director de la revista y Pombo el director adjunto, las responsabilidades del periodista mexicano, primero en Televisa y después en El Universal, lo mantenían muy ocupado.

“Los que estábamos ahí éramos Gabo y yo, sobre todo yo, y yo como extranjero podía llegar hasta cierto punto. Si no, como dicen los mexicanos, me aplicaban el 33. Nosotros teníamos esa limitación muy grande. Hasta Gabo, siendo muy de allá, podía llegar hasta cierto punto, y eso se complicó con los problemas de Ramón Alberto con Televisa”, explica Pombo.

Recuerda que cuando los conflictos entre Garza y el círculo íntimo de Azcárraga comenzaron, se produjo un círculo vicioso en el que cayeron los ingresos y las ventas de la publicación y empezaron las quejas del consorcio televisivo.

–Quien debía darle oxígeno a la revista era Televisa, con los sistemas de distribución y con la venta de publicidad, pero de pronto se empezaron a vender muchos menos avisos y la revista estaba empezando a no distribuirse bien. Puedo ser injusto, pero tengo la impresión de que le cerraron la llave del oxígeno a la revista desde arriba para afectar a Ramón Alberto. Y lo lograron.

–¿Eso fue lo que determinó el fin del proyecto de Cambio?

–Eso pasó, tristemente, porque el proceso fue muy bonito y muy agradable. Yo me sentí muy bien en México, hice grandes amigos, me resultó muy fácil vivir allá. Mis hijos, hasta la fecha, tienen rasgos muy mexicanos, en la comida, por ejemplo.

–¿Y nunca tuvieron problemas con Televisa por el contenido editorial?

–No. Creo que no tuvo que ver el contenido. Fue una lucha interna de poder en la que los cercanos a Azcárraga le quitaron piso a Ramón Alberto secando a Cambio.

–¿Televisa fue la que decidió poner fin a la asociación con ustedes?

–Total, total.

–¿Con qué argumento?

–Con ninguno. Con que los resultados no les parecieron atractivos y punto.

El momento político

Pombo fue director adjunto de Cambio en México entre 2001 y 2004, cuando se iniciaba el sexenio de Vicente Fox y Andrés Manuel López Obrador consolidaba su proyección presidencial desde la jefatura de gobierno de la Ciudad de México.

Le tocó la marcha del subcomandante Marcos hacia la capital mexicana en marzo de 2001.

–Era un momento político muy fuerte y muy interesante –señala.

Recuerda que García Márquez y él lograron entrevistar al subcomandante Marcos durante en la Ciudad de México, lo que fue posible gracias a una gestión de Monsiváis. Fox les pidió a los dos periodistas colombianos que fueran a verlo a Los Pinos a fin de que le platicaran sus impresiones del guerrillero zapatista.

–Le dijimos que sí, pero que nos diera una entrevista. En privado nos preguntó mucho de cómo veíamos a Marcos y después le hicimos una entrevista muy normal en la que nos respondió un poco los planteamientos que nos había hecho Marcos.

Como periodista y director adjunto de Cambio, Pombo tenía contacto con los entonces secretarios Jorge Castañeda, de Relaciones Exteriores, y de Gobernación, Santiago Creel, así como con el vocero de la Presidencia entre 2002 y 2003, Rodolfo Elizondo.

Según Pombo, Cambio tuvo “un sesgo un poquito-demasiado tirado a Fox, pero sobre todo a la mujer de Fox (Martha Sahagún), con la que tenía una cercanía Ramón Alberto; pero en eso no había discusión y en general era una revista variada, independiente”.

–¿Pero a usted no le hacía ruido ese sesgo?

–Un poco. Al principio no era muy marcado, al final terminó siéndolo un poquito más, pero los periodistas eran independientes, los editores de sección, gente muy seria, y basta revisar la revista para darse cuenta. Pero yo no tenía el peso necesario para discutir qué era lo que aparecía o no aparecía en términos políticos en la revista.

–¿Eso lo decidía Ramón Alberto?

–Ramón Alberto, sí, pero se decidía también en un proceso de discusión interno.

–Usted venía de dirigir Semana y Cambio en Colombia, las dos principales revistas del país. ¿Eso pesaba?

–Pesaba, pesaba, pero hay que tomar en cuenta que la revista era, en términos generales, muchísimo menos política que Proceso, mucho más diversificada. Entre otras cosas porque en mi análisis del tipo de revista que se debía hacer, la conclusión era que no debía parecerse a Proceso, que es el semanario político y repolítico de México. Entonces había que buscar otro espacio.

Pombo no recuerda qué tiraje llegó a tener Cambio, pero dice: “Nos sorprendíamos positivamente de los números que llegamos a tener”.

–¿Más de cien mil?

–Yo creo que menos, pero alcanzamos muy buenos tirajes.

Vuelta a Colombia

Garza siguió siendo director de Cambio mientras ocupaba la dirección de El Universal, pero la situación financiera era cada vez más complicada para la revista. Televisa estaba fuera y los periodistas no tenían el músculo económico para sostener la publicación. Buscaron socios. Al Grupo Fórmula y a Carlos Slim no les interesó demasiado.

–Entonces resolvimos que ya no podíamos hacer más –dice Pombo.

–¿Y ahí se acabó el proyecto?

–Sí. Además, en la práctica éramos Gabo y yo los que estábamos en la revista, y él no tenía el menor interés en desgastarse en eso. Yo, como extranjero, tenía límites, y Ramón Alberto estaba buscando soluciones a sus problemas. Por eso llegamos a la conclusión de que era mejor dar por terminado eso y en ese momento me llamaron para ser el editor general de El Tiempo.

Eso fue en 2004. Tres años después la familia Santos vendió El Tiempo al grupo español Planeta, que nombró a Pombo director general del diario. En ese cargo fue ratificado en 2012, cuando el grupo del empresario financiero colombiano Luis Carlos Sarmiento Angulo compró esa casa editorial.

–O sea que le fue mejor en Colombia que en México.

–Pues sí –sonríe–, pero en México me fue muy bien.

De la aventura editorial que emprendieron él y Gabo, Roberto recuerda sobre todo tres obsesiones periodísticas del Premio Nobel: hacer un periodismo honrado y veraz, sin concesiones; ponerse en los zapatos de todas las personas sobre las cuales se escribe, incluso aquellas que están por fuera de la ley, y no mirar lo obvio, sino salirse de la fila y observar los acontecimientos desde ángulos diferentes, como ocurrió con el informe “México en un taco”.