Una obra más de William Shakespeare, Enrique V, con una forma muy particular de representarla es lo que ahora podemos ver en la Ciudad de México: Seis mujeres en un escenario vacío, interpretando variados personajes masculinos –utilizando recursos corporales y gestuales sobre los dos bandos que se enfrentan en esta guerra.
Porque la temática de Enrique V gira en su totalidad en el intento de conquistar un reino y el enfrentamiento del ejército francés y el inglés encabezado por Enrique V. Soldados, reyes y príncipes son los personajes principales y una que otra princesa por ahí.
Luis Lesher, egresado de Literatura Dramática y Teatro por la UNAM e integrante del elenco estable de la Compañía del Carro de Comedias –y de la Compañía Nacional de Teatro con anterioridad–, dirige y adapta esta historia para ser interpretada por seis actrices: Karina Díaz, Renata Wimer, Florencia Sandoval, Dione Rubio, Carolina Gómez de Orozco y Florencia Ríos. Todas ellas con una gran energía y capacidad histriónica para duplicar o triplicar personajes, forman parte de la realeza o de los soldados rasos que en la taberna o el campo de batalla viven la cotidianidad, el riesgo de morir y lo heroico de un enfrentamiento armado.
Enrique V se centra en los acontecimientos ocurridos inmediatamente antes y después de la batalla de Azincourt, durante la Guerra de los Cien Años en el siglo XV. La obra es el final de la tetralogía Lancaster: Ricardo II, Enrique IV, parte 1 y Enrique IV, parte 2. El rey Enrique V fue representado en Enrique IV como un tipo salvaje e indisciplinado, y ya en Enrique V el joven príncipe ha madurado y se embarca en la conquista de Francia.
La puesta en escena que se está presentando los miércoles en el foro Un Teatro, de la Condesa, goza de gran vitalidad. Las actrices, entrenadas en la técnica del combate y una estilización en la actuación, hacen que la obra tenga movimiento tanto físico como emocional. Enrique V es una obra densa en el sentido de presentarnos los preparativos y las negociaciones previas y posteriores de la lucha y, con elipsis, realizadas por la adaptación, saltamos a los acontecimientos significativos. Sin enredos de amor y un par de conquistas y separaciones, la historia tiene la lucha como trama principal.
Shakespeare plantea un coro en el cual invita abiertamente al espectador a utilizar su imaginación para trasladarse y recrear los ambientes, los elementos escenográficos, el mar, el puerto y los castillos. El coro es resuelto con brillantez por el director, y el equipo actoral interviene intercaladamente para contarnos los aspectos que habremos de recrear. El juego de ser del ejército inglés o del francés es planteado con el simple hecho de cambiar la insignia en cada uno de los personajes para especificar a qué ejército están representando. El enfrentamiento principal, a pesar de haber sido realizado con precisión y técnica, no llega a ser tan climático y representativo como se esperaba.
Representar a Enrique V es un reto teatral pues el tema es el desarrollo de una guerra, el cual es aligerado con la presencia humorística de los ladrones, y en este montaje con la exageración de los modos de ser de la realeza y las burlas entre la soldadesca. La obra es crítica frente a la guerra aunque también celebra la invasión de Francia por parte de Enrique V.
La participación femenina de todos los personajes en esta puesta en escena crea una dinámica interesante para los roles e invita a universalizar nuestra realidad tan masculinizada.








