“La Divina Comedia” de Meno Fortas

Dentro del Festival del Centro Histórico 2015 se presentó una versión libre de La Divina Comedia de Dante Alighieri: los dos primeros cánticos, el Infierno y el Purgatorio.

La compañía de Lituania Meno Fortas (Fortaleza del Arte), dirigida por Eimuntas Nekrosius, se caracteriza por la creación de imágenes y el uso de recursos performáticos; danza, teatro y objetos transformados transitan por nuestra visión para plasmar un mundo onírico de gran belleza.

Si bien sus obras anteriores que fueron vistas en México, El idiota, Hamlet y Fausto nos admiraron profundamente, no fue así en esta propuesta de La Divina Comedia, donde perdieron fuerza las imágenes y las interpretaciones de los actores que acompañaban a Dante y a Virgilio, un tanto superficiales e imprecisas. Esto último se explica porque al ser estudiantes jóvenes del Conservatorio de Vilnius, los actores todavía no han adquirido la técnica para proyectarse en esta ambiciosa obra. Aun así, la calidad del espectáculo es indudable.

La Divina Comedia está dividida en tres actos. En los dos primeros nos sumergimos en los círculos de El infierno, y en el último accedemos a El Purgatorio purificador de Dante. El Paraíso, el tercer cántico, es abordado en una nueva obra de Meno Fortas –estrenada apenas en el 2013– que esperemos llegue a nuestros escenarios, donde vislumbramos, a través de cuerdas tensas y collares colgantes el encuentro de Dante con Beatriz como guía.

El Infierno y El Purgatorio de Meno Fortas se visualiza en el escenario con una gran esfera negra colocada en un costado, como si fuera el planeta oscuro del inframundo. Un piano negro de cola se revela al fondo y es tocado intermitentemente por los personajes que van y vienen, aparecen y desaparecen. Para simbolizar los nueve círculos del Infierno, un timbal de cobre, cortado en forma de espiral, se balancea sobre el proscenio y se toca como un llamado. El escenógrafo Marius Nekrosius y la diseñadora de vestuario Nadezhda Gultiayeva muestran una realidad lóbrega y oscura donde las personas están vestidas con ropa de color gris y negro en mal estado con lo que ayudan a recrear estos círculos y mostrar, en papel recortado, los reflejos de una Beatriz etérea, símbolo del amor. Su presencia se visualiza acompañada de unos grititos raros que pretenden mostrar, tal vez, la inocencia.

Rolandas Kazlas interpreta a Dante y no es el poeta distraído, engullido por un anhelo romántico de su amada, sino un Dante terrenal y apasionado, igual que un Virgilio que aparece como un amigo capaz de compadecerse del dolor del otro.

Las imágenes creadas en este espectáculo tienen un anclaje en la propuesta escenográfica. La movilidad la dan coreografías repetitivas junto con objetos como jaulas vacías, maderos para cada uno de los penitentes o cartas que no pueden ser depositadas en el buzón. Contrastan con el dueto de Dante y Virgilio en el que se manifiestan las dudas, temores y esperanzas del protagonista simbolizando la Razón. La poética de Dante, elaborada a partir de tercetos y rimas, tiene una pésima traducción en el subtitulaje del teatro Esperanza Iris, donde no hay poesía y se obstruye la comprensión.

La Divina Comedia es coproducida por la Fundación Stanislavsky de Moscú, Báltico Casa Festival de San Petersburgo, el Teatro Nacional y el Ministerio de Cultura de Lituania.