Valparaíso, Chile.- La catástrofe provocada por la tormenta que afectó al desierto de Atacama generó un problema que podría ser mayor: una masiva contaminación química derivada del colapso de un número no precisado de relaves y otros Pasivos Ambientales Mineros (PAM).
Según la organización relaves.org, un relave “es el área ocupada por los desechos de roca molida, minerales, agua, metales pesados y químicos como cianuro, arsénico, plomo, cadmio, zinc, mercurio, entre otros, que se obtienen como producto de los procesos de concentración de minerales”.
En Chile hay casi 500 relaves. La mayoría en Atacama y Antofagasta, una de las zonas de mayor producción minera del mundo. Como en Chile no hay leyes estrictas que regulen su funcionamiento, las mineras no toman todas las medidas de seguridad para impedir que, en casos de terremotos o lluvias cuantiosas, se generen emergencias. Y una vez que terminan sus faenas en un yacimiento, lo abandonan, generando un peligro para la población.
Según el Catastro Nacional de Depósitos de Relave Activos y no Activos, publicado a mediados de marzo por el Servicio Nacional de Geología y Minería (Sernageomin), no hay información del estado en que se encuentran 91 relaves en Atacama, 28 en la región de Coquimbo y dos en Antofagasta. Es decir, no se sabe el estado de los PAM que podrían ser letales para amplios sectores de la población.
Dada esta amenaza, al generarse un gran aluvión la alarma por contaminación química es inmediata. El 25 de marzo Radio Copiapó informó del colapso de un relave minero en el sector Paipote.
El alcalde de Copiapó, Maglio Cicardini, expresó el 27 de marzo que muchos copiapinos le indicaron que “habían notado picazón dentro del cuerpo y en los pies (…) y que ésta se debería a una contaminación producto del relave”, reseñó un día después Radio Cooperativa.
Cicardini pidió al Comité de Operaciones de Emergencia que realice los estudios químicos necesarios para confirmar o descartar la posibilidad de que su ciudad esté contaminada por desechos mineros.
La ciudad de los relaves
La presidenta Michelle Bachelet visitó el 26 de marzo los albergues para damnificados de la región de Atacama. Según el diario El Mostrador, “los habitantes de la zona sorprendieron a la presidenta con preguntas sobre la situación de los tranques de relave que rodean sus comunas y que abundan en casi todo el norte del país”.
La nota señala que “la mandataria intentó tranquilizar a quienes la rodeaban. ‘Según la información que manejamos, no hay ninguna razón para creer que el tranque pueda ceder’, les dijo en referencia a Pampa Austral, unos de los tranques de Codelco que se ubican en la Provincia de Chañaral”. Los tranques son tipos de relaves que se caracterizan por tener muros de arena.
Durante todo ese día y los siguientes, los habitantes de Chañaral –en la cuenca del Río Salado– creían que el desborde de este relave era la causa de los aluviones que destruyeron su ciudad. Ante la ausencia de información objetiva, y considerando la poca credibilidad que a estas alturas tienen los organismos de emergencia, las dudas se mantienen.
El 31 de marzo el viceministro de Salud, Jaime Burrows, descartó que los numerosos casos de afecciones en la piel verificados en los albergues para damnificados, como ronchas, picazón y protuberancias, se deban a un eventual contacto con metales pesados y ácido sulfúrico. Esos síntomas, afirmó, se deben a una epidemia de sarna y piojos ocasionada porque las personas “no se están bañando”.
Copiapó es una de las ciudades más afectadas por esta situación. En septiembre de 2011 la periodista Francisca Skoknic informó, en su reportaje La ciudad de los relaves peligrosos, que en 1998 un estudio del Sernageomin alertó de los riesgos relacionados con depósitos mineros abandonados en esta ciudad: “Sugirió hacer análisis más profundos y que la planificación urbana evitara la cercanía de los relaves. Nada se hizo: las casas se construyeron a los pies de los desechos mineros”.
En su reportaje –publicado por el Centro de Investigaciones Periodísticas–, Skoknic subrayó el peligro que representa el relave Ojancos, propiedad de Sali Hochschild, definida “como una de las 14 faenas mineras abandonadas más riesgosas del país”. Es justamente Ojancos uno de los depósitos de desechos mineros tóxicos que, con mayor probabilidad, fueron afectados por la reciente tormenta.
En concordancia con los antecedentes que iban apareciendo, el Sernageomin emitió el 26 de marzo un informe en el que daba cuenta de que nueve relaves estaban en “estado crítico”. Pero poco después ese instituto gubernamental se alinearía con el proceder de las autoridades de Salud y Minería, bajando el tono de las denuncias.
El 26 de marzo la ministra de Minería, Aurora Williams, negó cualquier peligro. “No hay riesgos en los relaves, ni en los activos ni en los inactivos”, afirmó ante periodistas reunidos en la intendencia de Coquimbo. Williams, antes de asumir su actual cargo, fue gerente de finanzas del Puerto de Antofagasta, operado por la empresa ATI del grupo Luksic, también dueño de Antofagasta Minerals, la minera privada más grande de Chile.
La tranquilizadora aseveración de Williams en nada calmó a la población ni a los periodistas. El 30 de marzo un grupo de parlamentarios encabezados por el senador por Antofagasta Alejandro Guillier, envió un oficio al director del Instituto de Salud Pública, Roberto Bravo, para solicitar un estudio toxicológico que determine los eventuales efectos de los distintos relaves mineros en las zonas afectadas por los aluviones.
El 31 de marzo la Minera Zaldívar (de la canadiense Barrick Gold), ubicada en Tocopilla, confirmó que una parte del talud inferior de la pila de lixiviación se colapsó. La minera reconoció lo anterior luego de que la diputada del partido Renovación Nacional, Karla Rubilar, publicó en Twitter una foto en la cual se veía cómo desde esa faena minera se arrojaba al ambiente un chorro de un sospechoso líquido verde.
Tras realizar una inspección por varias zonas de Atacama, relaves.org informó el 1 de octubre sobre el escurrimiento de relaves mineros. El vocero de esa organización, Henry Jurgens, precisó: “Fuimos al río Copiapó a sacar muestras y encontramos que había bastante material de relave también en las orillas del río”.
El gobierno insiste en minimizar el problema. El miércoles 1, el Ministerio de Minería emitió un comunicado en el que señaló que el Sernageomin constató, tras una “primera fase de inspección destinada a evaluar estabilidad física”, que los cientos de tranques y embalses de relave de la zona afectada por la gran lluvia funcionaban “en forma normal”.
El experto en catástrofes Rodrigo Reveco expresó en entrevista con Proceso que el manejo de emergencias químicas ha sido uno de los más deficientes en esta crisis. Sostiene que ante las denuncias de rebalses de relaves y de volcamiento de camiones con ácido sulfúrico “debió presentarse el Ministerio de Medio Ambiente y la Brigada de Delitos Medioambientales de la Policía de Investigaciones con el fin de tomar las respectivas muestras… pero eso no ha sucedido”.








