Todo indica que los 80 mil 886 pesos destinados por el Consejo Estatal para la Prevención del Sida (Coesida) para una campaña encaminada a visibilizar a la población transgénero y transexual en Jalisco se tiraron a la basura. Integrantes de organizaciones civiles involucradas en esa tarea se quejan porque, dicen, aun cuando ellos realizaron un documental, el director del consejo, Ariel Eduardo Campos Loza, simplemente se paralizó y en los últimos cuatro meses no ha hecho nada.
El Consejo Estatal para la Prevención del Sida (Coesida) no sólo obstaculiza el trabajo de los organismos civiles, sino que también se aprovecha de las actividades que realizan y al final oculta lo que le aportan, denuncian algunos de los afectados.
En diciembre último, relatan, varios colaboraron en forma voluntaria con el consejo en el diseño de una campaña de combate a la discriminación de personas transgénero y transexuales denominada Soy más de lo que ves. Al final, la institución escondió el trabajo e infló los costos de trípticos, carteles y promocionales.
El propósito de esa campaña –anunciada en rueda de prensa el 1 de diciembre en el marco del Día Mundial de Lucha contra el Sida– era visibilizar a este sector de la población. Han pasado cuatro meses y el titular de Coesida, Ariel Eduardo Campos Loza, aun no pone en marcha el proyecto. Los participantes se comprometieron a pegar la propaganda en las oficinas de gobierno e instituciones de salud, así como a distribuir los trípticos.
Según la información obtenida mediante la Ley de Transparencia, se asignaron 80 mil 886 pesos a esa campaña. El Coesida se acabó todo el recurso en la impresión del material: destinó 20 mil pesos por la impresión de mil trípticos; 36 mil 800 pesos por 14 mil carteles en siete presentaciones, y más 25 mil pesos en la producción del evento.
Respecto de este último concepto, las agrupaciones participantes se quejan porque el trabajo lo hicieron sus integrantes en forma voluntaria. Ellos consiguieron a modelos transgénero y transexuales y les tomaron fotos para los carteles; incluso redactaron los contenidos de los trípticos.
La fotografía, dicen, corrió a cargo de Ricardo Contreras, integrante de Familias en la Diversidad (Fadis), y los manuales los elaboraron de manera conjunta esa organización, Unión Diversa de Jalisco (UDJ), TransFormando–T, Cultura Diversa y la Red Mexicana de Mujeres Trans.
El tríptico, de 12 páginas, incluye una breve introducción sobre lo que significa ser trans, así como un vocabulario de conceptos básicos, un compendio de leyes y un decálogo de derechos de las personas trans. Hasta ahora, nada de esto se ha divulgado.
Consultados por Proceso Jalisco, integrantes de esas organizaciones mencionan que no han visto el material impreso. Uno de ellos, quien pide no incluir su nombre por temor a represalias, señala que nadie sabe dónde se imprimió el material; también les llama la atención que el Coesida asegura que pagó la producción.
“Están pagando una producción, pero ellos tienen diseñadores; ¿por qué tendría que pagarse por ese servicio?”, cuestiona el entrevistado.
Según calcula, cada tríptico costó 20 pesos y cada poster alrededor de siete, cuando ese material pudo conseguirse a precios mucho más accesibles. Y aunque el recurso asignado a la campaña podrá parecer una minucia, no lo es para un organismo que gasta más de 70% de su presupuesto en nómina. “Es un despilfarro”, comenta.
Los funcionarios de Coesida aún no caen en la cuenta de que su trabajo va más allá de repartir condones, y que Puerto Vallarta, Guadalajara y Zapopan son los municipios de Jalisco con más tasa de incidencia en casos de sida, dice.
Y sentencia: “Un peso malgastado en Coesida es un caso que puedes haber prevenido”.
Trabajo digno y voluntario
Las organizaciones que trabajan por su cuenta en la visibilización de mujeres y hombres trans recibieron la invitación del Coesida para elaborar una campaña más amplia, dice el entrevistado. Y ellos aceptaron; incluso explicaron al personal del organismo las conceptualizaciones sobre el tema pues, insiste, no sabía cómo orientar a la población gay.
Al principio, el Coesida estuvo de acuerdo. Las diferencias empezaron cuando se presentó el video promocional de la campaña. Sin explicaciones, la dependencia decidió no difundirlo.
Y aunque los voluntarios hicieron el documental Soy más de lo que ves, que incluye testimonios de trans –el tráiler incluso puede verse en Youtube– y estuvo a cargo de Ricardo Contreras–, el Coesida se deslindó del trabajo y pidió eliminar su logo oficial.
Según los participantes en ese trabajo, todos lo hicieron sin recibir nada a cambio. Seis de los entrevistados en el documental aseguran que decidieron cambiar su identidad sexual. Uno de ellos, Erick, habla de los obstáculos que enfrenta por tener otras preferencias sexuales: “Hay muchos estigmas y discriminación en torno a nuestras personas. Se nos niegan los servicios de salud, el reconocimiento legal”.
Al igual que cualquier heterosexual, comenta, los trans tienen derecho a la salud, y a que se les mencione por el nombre de género que escogieron.
Otro compañero suyo cuenta que cuando acudió al Coesida a preguntar por qué no se difundía la campaña, Campos Loza le dijo que aún no capacitaban al personal para lanzarla.
Recuerda que días después de su visita a la institución hubo un escándalo en la Secretaría de Educación porque el maestro Sergio Márquez, de la Secundaria Mixta 4, llegó al salón con ropa de mujer y pidió a sus alumnos que lo llamaran Andrea Carolina.
“Ese era el momento oportuno para lanzar la campaña”, sostiene el entrevistado. Pudo haberse disminuido el impacto de la discriminación, insiste, “pero el Coesida ignoró por completo el suceso. Lo peor de todo es que la campaña ni siquiera se encuentra en el portal de la institución”.
En el compendio de conceptos básicos de los trípticos se define a un transgénero como “alguien cuya identidad o apariencia difiere de lo que la sociedad espera con base en su sexo biológico; son seres humanos que viven permanentemente como personas del otro género”.
A su vez, un transexual es “aquella persona cuya identidad de género es distinta a su sexo biológico, anatómico o de asignación. Es una realidad las mujeres biológicas que se consideran hombres y hombres biológicos que se autodefinen como mujeres. Suelen, pero no todos los casos, transformar su cuerpo con hormonas, cirugías, personalidad y vestimenta acorde a su identidad”.
Un integrante de Unión Diversa de Jalisco señala que mientras la Asamblea Legislativa del Distrito Federal aprobó en noviembre de 2014 varias disposiciones en el Código Civil y de Procedimientos Civiles que permiten a la población trans modificar su nombre en las actas de nacimiento, en Jalisco el retraso es evidente.
Por eso, dice, 45 trans se fueron a la Ciudad de México a cambiarse el nombre. Si lo hubieran intentado aquí, el proceso habría tardado al menos dos años.
Y explica: “En lugar de hacer un juicio para el cambio de nombre, se hace un acta de traslado. Es un simple acto administrativo. Basta que expreses tu decisión de cambiar tu nombre a tu identidad sexogenérica. El acta cuesta 85 pesos. Regresan aquí con una hoja de traslado en la cual le dicen al Oficial Mayor (del Registro Civil) que necesitan cambiar su nombre. Falta ver si éste va a respetar ese oficio de traslado”.
Ese paso es importante porque, reitera, muchas personas trans desean que su nueva identidad aparezca en sus documentos legales, como la credencial de elector, pasaporte, certificado de estudios o tarjeta del Seguro Social.
Cuando existía el Instituto Federal Electoral a muchas chicas trans, varios compañeros las acompañaban para evitar que el personal de ese organismo las despeinara o desmaquillara para que apareciesen como hombres.
El tríptico elaborado por las organizaciones menciona que a pesar de que la prevalencia de VIH en mujeres transgénero alcanza 16%, éstas prefieren autoexcluirse de los servicios de salud, por temor a ser maltratadas, a que les nombren en masculino o a que las dejen hasta el final aunque lleguen primero.
También expone que, de acuerdo con un análisis realizado por el Proyecto de Monitoreo de AsesinatoTrans, en 2011 hubo 23 casos de muerte por transfobia en el país. A su vez, la fundadora de la organización Prodiana, Diana Sánchez Barrios, señaló que hasta junio de 2014 se contabilizaron 10 asesinatos por transfobia en Jalisco, Guanajuato, Michoacán y Guerrero.








