Grecia en la Muestra

Danny (Kostas Nikouli), desenfadado adolescente gay de apenas 16 años, viaja desde Creta a Atenas para convencer a su hermano Odysseas (Nikos Gelia), a punto de cumplir 18, de acompañarlo a buscar al padre biológico; la madre de ambos, una mujer albanesa, acaba de morir, y como no basta haber nacido en Grecia para tener la nacionalidad griega, encontrar al padre, que sí es griego, resulta necesario para definir su estatus en el país. Se inicia la odisea cuando los chicos se enteran que el padre,un político adinerado de extrema derecha, vive en Tesalónica.

En tono ligero y divertido, pegajoso como el de una canción, Xenia (Grecia-Francia-Bélgica, 2014) descubre un panorama lúgubre de la Grecia actual que lucha por recibir un trato justo de la comunidad europea. Por lo visto, la condición de meteco –el griego hijo de extranjeros– no ha cambiado mucho desde el siglo V antes de  Cristo.  Pero  Xenia,  el  título de la cinta, significa hospitalidad, noción sagrada en la antigüedad helénica. Con una ironía disfrazada de kitsch, el director Panos Koutras juega con este término que deriva hacia la xenofobia, la homofobia y todas las demás fobias que aquejan a la nación con partidos neofascistas del calibre del de Amanecer Dorado.

Como una vez cumplidos los 18 años los hermanos pueden ser expulsados del país, la búsqueda del padre se impone con una lógica implacable; pero la mirada de este par de Ulises nunca cae en lo solemne. Con cabello oxigenado y cargando siempre su mascota (un conejito que da pie a ensoñaciones tan eróticas como candorosas), Danny no se asusta de los fascistas; y si el universo de Lewis Carroll y la metamorfosis del conejo blanco le acomodan para compensar carencias de la infancia, en la realidad sólo quiere una vida digna para él y el hermano a quien convence de concursar en un programa televisivo, Greek Star.

Ody heredó el talento de la madre que vino de Albania con la ilusión ser cantante antes de que el padre de los chicos la volviera alcohólica y la prostituyera; ahora se trata de cantar las canciones de Patty Pravo (La bambola), la diva admirada que Danny mira como a una diosa.

A lo largo del periplo de los hermanos, Panos Koutras yuxtapone la extravagancia de los años setenta con los efectos de la crisis económica, las pandillas de xenófobos, el hotel abandonado de la cadena Xenia, otrora signo del pujante turismo en Grecia.

La química entre los protagonistas, actores no profesionales, fluye naturalmente en medio de epifanías (palabras muy griegas), revelaciones que impone el recorrido de paisajes, urbanos o naturales, mar o bosques. El hotel arruinado donde pasan un tiempo funciona como lugar del encuentro afectivo de la familia de dos hermanos, metáfora de la condición de un país, y de su posible crecimiento y recuperación.