A la memoria de Guillermo Tovar
En el número 2003 de este semanario, la reportera Judith Amador Tello da cuenta de lo desconcertante que resulta ver en nuestro Centro Histórico las grotescas figuras de una producción de cine, Spectre –grotescas e incómodas, por decir lo menos–, y transcribe la explicación recibida, vía telefónica, de un funcionario del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), encargado del cuidado de nuestro patrimonio.
Encuentro que el funcionario interpelado, coordinador nacional de Monumentos Históricos, tiene las ideas muy confusas y sumamente alejadas de las obligaciones y la encomienda que por su nombramiento debe asumir.
Asegura dicho servidor público –también lo son los empleados del INAH que se sueñan simplemente académicos– que verificaron que las construcciones utilizadas en filmación no corren riesgo alguno en su estructura. No van a clavarse alcayatas ni mancharse los paramentos, y afirma que, en el caso, la fianza correspondiente es meramente un trámite para que estemos tranquilos.
Este vocero del INAH se extiende y abunda en consideraciones respecto a las funciones y obligaciones del INAH, y las suyas propias, con argumentos harto preocupantes.
Dice que los edificios del Centro Histórico, “declarado zona de monumentos”, y aún la Catedral Metropolitana y Palacio Nacional, no están del todo bajo el resguardo del inah –lo pondremos, pues, con minúsculas– que el primero está bajo el resguardo de la Iglesia (Edmundo O’Gorman y Francisco de la Maza pegaron un grito desde su tumba) y Palacio Nacional por el Estado Mayor Presidencial (EMP).
Desde luego, no es así. La Iglesia no es propietaria de la Catedral ni de las obras de arte asociadas a este monumento, y el Palacio Nacional –sede del poder ejecutivo– no es responsabilidad de la Presidencia de la República ni del EMP. En términos de ley, todos los monumentos históricos están bajo el resguardo del INAH aun cuando su conservación corresponda a los propietarios, en este caso la Federación (Dirección General de Sitios y Monumentos del Patrimonio Cultural, adscrita al Consejo Nacional para la Cultura y las Artes).
A mí no me preocupa mucho el pago de derechos por tal o cual foto, es más, esto sería pertinente sólo en el caso de ediciones cuya venta deje un ingreso considerable. Las fotos tomadas por particulares y turistas en general, son vehículos de divulgación más o menos favorable, siempre que no causen daños específicos a pinturas, esculturas, tapices, etcétera.
Me parece que, atrás de todo, lo importante es lo incómodo de ver la mojiganga “holiwoodense” que sin oficio ni beneficio se hermanará con nuestros edificios. Aquí sí habrá divulgación en grande. Discrepamos de algunas “leidis” de Polanco, a quienes les parecerá estremecedor –muy de primer mundo– ver a James Bond saltando, con emoción e intrepidez, por las cornisas de nuestros monumentos… Cosa de poca importancia.
Un poco más la tiene, según veo en las fotos de Proceso, la caricaturización de nuestro rito y fiesta de muertos –privilegio sólo otorgado a José Guadalupe Posada– que hace una ensalada de mal sabor y peor apariencia, con la que se pretende que el turismo saldrá beneficiado; total, “un poco de prostitución” siempre atrae a los pudientes, tal como se pregona sin pudor alguno en todo el mundo… Nuestras autoridades de turismo seguro tienen los mismos genes.
Cabe traer a colación que en los años noventa del siglo pasado, se hizo la restauración integral del antiguo hospicio de San Nicolás Tolentino (Guatemala 84, Centro Histórico), y hoy se encuentra en lamentable estado de abandono sin que el INAH o la Dirección General de Sitios y Monumentos asuman las responsabilidades que sus respectivos encargos les fincan para garantizar su conservación.
Claro que al INAH también le corresponde establecer y dar vida a una política del patrimonio que propicie una posesión cultural de nuestros monumentos. El ejercicio de las responsabilidades de ley en materia de monumentos implica enfrentar los problemas, no soslayarlos, y su ejercicio requiere pasión y voluntad de defender y propiciar la conservación, dignificación y puesta en valor del patrimonio ¿o no arquitecto Rafael Balandrano, arquitecto Raúl Delgado?
Hagan un esfuerzo, están ustedes muy bien pagados. Sólo les recuerdo que con la misma ley vigente se logró impedir la transformación de la Catedral después del incendio de 1967, la construcción de las delegaciones de Coyoacán y Álvaro Obregón en 1974, y la alteración de Teotihuacán en el gobierno en el Estado de México de Enrique Peña Nieto.








