Señor director:
Votar o no votar parece ser el dilema electoral ciudadano de 2015.
¿Votar o no votar en Querétaro (Q)?
Si tienes simpatías por un candidato o partido, adelante.
Si no te gusta nadie, puedes votar por el menos malo, para que no gane el más peor.
Si se piensa que todo el juego electoral está podrido, pues tache.
Pero entonces, ¿cómo traspasar el poder?
El sistema prevalece y lo hará con los votos emitidos, pocos o muchos.
Si creemos que ya no funciona el sistema político mexicano, ¿cómo cambiarlo? ¿Cómo hacer la transmisión del poder de hoy a mañana? No lo sé. Pienso y respondo en mi caso en Q.
No siento simpatías por ningún candidato ni partido.
No soy antipriista pero no deseo que gane todo el PRI.
No soy panista pero en Q es el único que puede ganarle al PRI.
Y de nuestra desdibujada izquierda partidista sigue manando puro dolor: Si juntos no han avanzado, ¿cómo lo harán separados?
En Q, estudiando la genealogía de las familias en el poder, “nuestra democracia se (está) reduciendo al derecho de los ciudadanos a elegir entre dos facciones de la misma élite” –dice el sociólogo Efraín Mendoza–: el PRIAN. Los mismos círculos del poder familiar cerrados. No veo la salida.
¿Cómo hacer la sucesión de gobierno en 2015 y en 2018?
¿Votar o no votar?
¿Creer todavía en las elecciones o
boicotearlas?
¿Cómo trascender el régimen político en que vivimos?
¿Cómo construir eficazmente la Constituyente Ciudadana y la Fiscalía de la Justicia en manos ciudadanas, y encontrar a nuestros legítimos representantes naturales y reales, capaces de llegar y asumir el poder democráticamente? He ahí la cuestión.
Si el juego electoral está pervertido y el de las armas no es nada deseable, ¿qué otro juego político podemos crear y echar a andar?
El dilema de fondo no es votar o no votar, sino cómo hacer una rebelión ciudadana pacífica y efectiva, y cómo lograr la transmisión democrática del poder, con los mismos derechos y verdadera equidad entre izquierdas, derechas y centro.
Como JEP, tengo más preguntas y dudas que respuestas.
Atentamente
Julio Figueroa
Querétaro, Qro.
Respuestas de Javier Sicilia
Señor director:
Permítame dirigir las siguientes líneas a Marco Antonio Morquecho y a Julio Figueroa.
Querido Marco Antonio: Mil gracias por tu carta. Tienes razón cuando afirmas que Gandhi tenía por objetivo principal la independencia de la India del Imperio Británico. Pero te equivocas cuando dices que quería crear un Estado-nación con un proceso democrático estilo occidental, como el que ahora rige a la India. Eso lo hicieron Nehru y el Congreso Indio. La propuesta de Gandhi era distinta: Una vez liberada la India de los ingleses, disolver el Congreso. Creyó que éste, al haber cumplido con su trabajo, no tenía ya razón de ser y había que transformarlo en una sociedad consagrada al servicio y al bien de todos. Para ello impulsó la Asamblea para la Rehabilitación de Todos y la Compañía de Servicio para Todos. Por desgracia, el Congreso rechazó esto y se impuso el juego político occidental con los elementos que le son intrínsecos a cualquier política de partido: la intriga, los compromisos y la corrupción.
Gandhi se apartó de todo eso y permaneció como una figura moral en uno de sus ashram. Fue Vinoba, y no Nehru, quien a la muerte de Gandhi se dio a la tarea de fundar esa Asamblea y de realizar el reparto agrario más importante de la India. Pero esa historia es la del pueblo y está fuera de la historia del poder y del Estado que ha hundido en la miseria a la India.
Yo no soy Gandhi ni soy indio, ni México tiene las características de la India. Pero reconozco en el boicot electoral algo de la sustancia de la resistencia civil que hizo caer a un imperio colonial extranjero. El nuestro es peor. Es el de un colonialismo criminal auspiciado y dirigido por connacionales que han corrompido al Estado. Mi labor es practicar y enseñar la resistencia civil no-violenta –de la que he dado pruebas– para que ese inédito poder colonial termine de desmoronarse. Una lucha larga, por lo demás, que necesita de una inmensa paciencia.
Recuerda que Gandhi y el Congreso Indio tardaron casi 30 años en desmoronar al Imperio Británico. El equivalente de la enseñanza gandhiana que me pides a través de tus preguntas no lo vas a encontrar en mí, aunque la he practicado a pequeña escala comunitaria. Está, sin embargo, muy cerca de ti, en el zapatismo y sus Caracoles. Allí hay que ir a buscarlo. Los zapatistas son grandes maestros de la autarquía, como lo fue Gandhi, y tienen una clave de una manera distinta de organizarse, como la tuvo para la India Gandhi.
Tienes, sin embargo, razón en proponer que quienes apoyen el boicot electoral renuncien a sus puestos en el Estado. Sería una grata lección, como dices bien. Hay, sin embargo, bastiones autónomos dentro del mismo: las universidades públicas que han dado y están dando batallas memorables para contrarrestar el colonialismo que ha corrompido al Estado. Nunca olvides a los estudiantes y a los maestros que los han formado.
Querido Julio Figueroa: Aunque tu carta no está dirigida a mí, el tema me corresponde, porque no he dejado de llamar al boicot electoral en las páginas de Proceso. Estoy absolutamente convencido de ese camino, de la construcción del Constituyente Ciudadano que puso en marcha don Raúl Vera, y de la conformación de un Comité de Salvación Nacional que ponga coto a las partidocracias para refundar a la nación. Sobre esto no he dejado de argumentar en mis últimos artículos y en la larga polémica que sostuve con Martí Batres y otros lectores en Proceso. Ojalá pudieras leer o releer dicha polémica. Es un camino. El otro, si no te convence, se encuentra en las propias preguntas que haces. El asunto es de conciencia política y hay que elegir frente a la barbarie que nos está destruyendo.
Atentamente
Javier Sicilia
Paz, Fuerza y Gozo








