Acerca de Los seudocirujanos plásticos ya forman “un cártel”

Del doctor Sergio Maldonado Barba

Señor director:

En derecho de réplica por ser directamente afectado, con la razón que me asiste solicito se publique mi misiva.

Sin sorpresa pero con indignación leí el artículo de Rodrigo Vera aparecido el pasado 15 de marzo con el título Los seudocirujanos plásticos ya forman “un cártel” (Proceso 2002). Sin sorpresa, porque los seudodueños de la cirugía estética en el país, aglutinados en la Asociación Mexicana de Cirugía Plástica, Estética y Reconstructiva (AMCPER), se han volcado a denostar con especial ahínco a quienes han osado quitarles, según ellos, “el pan de la boca”. Con indignación, por el estilo inquisitorio unilateral, plagado de falsedad e infundios, con los que se atreven a difamar a profesionales médicos cuya actitud visionaria y progresista se atrevió a tocar las sensibles fibras del monopolio de la cirugía estética mexicana acaparada por vacas sagradas.

Con mañosos argumentos y descalificaciones se atreven a difamar, al amparo de su aura de científicos maltratados por el sistema de salud que los hizo prepararse por la vía larga de la residencia médica, donde se obliga por muchos años a los médicos en formación especializada a sacar la chamba de los hospitales públicos bajo un sistema jerárquico de maltrato, sobreexplotación, presión psicológica y trabajo continuo en jornadas de 48 horas sin descanso.

La AMCPER aduce que son ellos y sólo ellos los únicos capacitados para la cirugía plástica o estética, pues a su juicio pasaron por un riguroso sistema de evaluación para poder ser avalados en el ejercicio de la actividad de transformar el cuerpo humano bajo los cánones de la belleza. Lo que la AMCPER nunca dice es que en los hospitales públicos del país (IMSS, ISSSTE, Ssa, etcétera), donde capacitan a sus residentes “plásticos”, no se hace cirugía estética, sino reconstructiva, y andan inventando tumores mamarios con el fin de, por ejemplo, realizar un implante de mamas para “hacer manitas”. No se hacen liposucciones, menos lipotransferencia; no se practican levantamientos faciales, menos blefaroplastias, y cuando efectúan alguna abdominoplastia es con el pretexto de una hernia abdominal, fundamentalmente porque la cirugía estética se realiza en personas sanas que solicitan el tratamiento por gusto, no por enfermedad, desplazando la oportunidad a verdaderas urgencias.

Queda claro que la cirugía estética en México y en el mundo es del ámbito de la medicina privada. Los egresados de las residencias de cirugía plástica efectivamente fueron explotados, en algunos casos con sólo un año, y otros por tres años en cirugía general, operando intestinos, estómagos y amputaciones, aunque nunca se dedicaran en el futuro a eso, y a pesar de que lo básico de la cirugía se puede aprender con un breve curso de seis meses para dedicarse luego a la plástica.

Decir que para ser cirujano plástico o estético se requiere ser cirujano general con tres años de entrenamiento es como si me dijeran que los gine-cobstetras deben también ser cirujanos para realizar una cesárea. Desafortunadamente, los egresados de las residencias de cirugía plástica y reconstructiva tienen que capacitarse en cirugía estética por su cuenta, en cursos rápidos, diplomados, congresos, felows, rotaciones en el extranjero o como ayudantes de uno de sus profesores, al grado de que el doctor Guerrero Santos tuvo que implementar en Jalisco un hospital de este tipo de cirugías disfrazado de seguridad social.

El doctor Marco Antonio Conde es un médico visionario y emprendedor que, junto con su equipo de colaboradores, ha permitido a cientos de médicos (que no miles, como miente la nota), en ya nueve generaciones, ser capacitados en los procedimientos de cirugía estética bajo un estricto y muy bien supervisado plan de estudios. Sí se realiza práctica quirúrgica supervisada y sí tenemos ética y respeto por nuestros pacientes, y no por su dinero.

La nota de Rodrigo Vera está plagada de mentiras. La maestría dura dos años dividida en cuatro semestres, y las evaluaciones y exámenes teórico-prácticos son excesivamente rigurosos. Todos los alumnos somos médicos titulados con cédula. Quienes no tienen antecedentes quirúrgicos cursan obligatoriamente un diplomado en cirugía general y deben aprobar el ATLS y el ACLS. Muchos son egresados de otras especialidades, e incluso tenemos compañeros extranjeros que saben que el Instituto de Estudios Superiores en Medicina es una institución de prestigio debidamente establecida jurídica y académicamente.

Las complicaciones y muertes de que se habla son amarillismo, y si hay alguna estadística, proviene con toda seguridad de muertes atribuidas a miembros de la AMCPER en su gran mayoría. Concluyo estableciendo que creo en el IESM y que reto a cualquier cirujano plástico a que esté dispuesto a ser evaluado en igualdad de condiciones para definir quién es el charlatán.

Atentamente

Doctor Sergio Maldonado Barba

Cirujano general, cédula 3412764

Orgullosamente, alumno de la maestría en Cirugía Estética IESM

San Francisco del Rincón, Guanajuato

Respuesta del reportero

Señor director:

Las opiniones, documentos y estadísticas publicados en el reportaje provienen –como ahí mismo se detalla– de la AMCPER y del sector Salud.

Entre otros puntos, la AMCPER asegura que el doctor Marco Antonio Conde es uno de los principales “charlatanes”, y su “universidad” ubicada en Xalapa –dice– está habilitando cada año a cientos de estos “seudocirujanos”, que ya ocasionaron un “grave problema de salud pública a nivel nacional”.

En su carta, el doctor Sergio Maldonado señala que la AMCPER se vale de un “estilo inquisitorio unilateral” y que el reportaje está plagado de “mentiras”. Y sale a defender a Conde, diciendo que es “un médico visionario y emprendedor”.

Sin embargo, este semanario buscó a Conde en Xalapa para una entrevista. Pero éste no quiso dar la cara ni exponer argumentos en su defensa, como quedó asentado en el mismo reportaje.

Atentamente

Rodrigo Vera