“El Paraíso”

La bodega 6 de la Escuela de Arte Teatral del INBA se convierte en espacio escénico para presentar la obra escrita y dirigida por David Olguín, El Paraíso, con alumnos que con ella concluyen su carrera de actuación y escenografía.

El Paraíso se inspira en El Decamerón de Giovanni Boccaccio (1313-1375) y conserva la estructura original donde un grupo de jóvenes se refugian en una villa en las afueras de Florencia –la que en este caso es el hotel Decameron Cocos Resorts– para huir de la peste bubónica que azota la región. La peste en nuestro país se traduce en la violencia y los feminicidios ocasionados por el crimen organizado, la represión gubernamental y el machismo imperante, convirtiendo nuestro territorio en un trágico cementerio.

En el lobby del hotel unos jóvenes con sus maletas están obsesionados por sus problemas; pero aunque huyen del peligro, en el hotel no se salvan del acoso y los sucesos de agresión y angustia que existen en ese laberinto de cuartos. La joven Zamira busca el sexto piso como única forma de sobrevivir, y ahí está El Astrónomo, que en el original de Boccaccio es un joven nombrado rey por un día. En ese “paraíso” del segundo acto suceden historias de libertad sexual y liberación de prejuicios.

El Paraíso de David Olguín y 15 jóvenes teatristas está colmado de imágenes visuales y las provocadas por los textos que expresan, de cantidad de caminos y callejones, de historias inacabadas, de cuentos que se cuentan una y otra vez para olvidar y sumergirse en realidades superpuestas y en anécdotas que los hacen ser otros y ellos mismos.

La dramaturgia de David Olguín, construida en un laboratorio a lo largo de un año, es complejamente interesante; libertad para mezclar estilos, estéticas y contenidos pares y dispares, provocando una propuesta discontinua que va y viene de una historia a otra, donde se hace un planteamiento inicial a base de monólogos y frases breves reiterativas, para luego andarse por las ramas del paraíso y los infiernos interiores de 60 personajes, y luego ir cerrando o relacionando una historia por aquí y otra historia por allá… y llegar al paraíso donde hombres y mujeres con túnicas blancas disfrutan sus cuerpos y los del otro. Se combina la narración con la visualización de la historia o la imagen instantánea.

La interpretación actoral consigue una tonalidad común en la que usan la tragedia o la farsa, crean o caracterizan personajes vivenciales o seres para provocar impacto. Daniela Soto, Álvaro Sandoval, María Rosher, Darinka Olmaguirre, Juan Pablo Mazorra, Fabrizio Grajeda, Zamira Franco y Ludwig Berlinea son algunos de los actores. Es un grupo compacto bien integrado, diverso y plural, comandado por un autor y director experimentado como David Olguín, quien ahora funge también como maestro.

El equipo se completa con los egresados encargados del vestuario, la escenografía y la iluminación. Rodrigo Muñoz,  Alan España y Aldo Alemán, respectivamente. El vestuario y los peinados son de gran variedad y belleza; desde una mujer con liguero y corsé rojo, un bohemio con gabardina, una princesa hindú, un travesti o un acordeonista que representa la muerte y seduce una y otra vez a Zamira para hacerla caer en un sueño profundo.

La bodega es sórdida, pero con puertas mágicas que dan profundidad y la sensación de espejos y caminos al infinito. El Paraíso es una obra mágica que se presenta en el Centro Nacional de las Artes con una fuerza imaginativa que nos hace viajar de lo tangible a lo intangible, de lo real a lo surreal, de lo íntimo a los social y político a la velocidad de la luz… y la oscuridad.