El ministro colombiano de Justicia, Yesid Reyes Alvarado considera que llegó la hora de diversificar la estrategia contra el narcotráfico y contemplar la despenalización del trasporte y producción de estupefacientes en pequeña escala. Señala que Colombia y México –dos de los países más golpeados por ese flagelo– deberían encabezar los esfuerzos por cambiar la estrategia contra el narco. La oportunidad, dice, es la sesión especial sobre drogas de la Asamblea General de la ONU, a realizarse en 2016.
Bogotá.- Colombia, que junto con México es el país más golpeado por la violencia generada por los cárteles del narcotráfico, considera que es impostergable la modificación de la estrategia global antidrogas y comenzó a dar pasos en esa dirección.
El lunes 9, en Viena, ante la Comisión de Estupefacientes de las Naciones Unidas –el organismo que con mayor vehemencia defiende las políticas prohibicionistas y represivas en el combate al narcotráfico–, el ministro colombiano de Justicia, Yesid Reyes Alvarado, dejó planteada la propuesta de dirigir la acción penal contra los líderes de las organizaciones criminales y no contra los pequeños cultivadores de hoja de coca o los correos humanos, conocidos como mulas.
En entrevista con Proceso el ministro sostiene que “el mundo debe preguntarse con toda seriedad si el derecho penal y la represión indiscriminada son las únicas herramientas y las más eficientes para combatir la producción y el tráfico de drogas”.
Agrega: “Eso es lo que está en cuestionamiento, y a lo que aspiramos es a una reflexión franca que conduzca, en un periodo relativamente breve, a identificar las sustancias, actores y eslabones de la cadena del narcotráfico en las que resulten más afortunadas intervenciones que no tengan que ver con el uso de la sanción penal”.
Para Reyes Alvarado, la estrategia global contra las drogas, basada en el prohibicionismo y la represión, debe ser sustituida por una política que evite criminalizar a los eslabones más débiles de la cadena y prevea la “regulación” estatal de algunas sustancias, como ha ocurrido con la mariguana en Estados Unidos.
El ministro colombiano dice que tras años de debate, la Sesión Especial sobre Drogas de la Asamblea General de las Naciones Unidas (UNGASS) a celebrarse en 2016 en Nueva York, ofrece al mundo una “oportunidad única” para examinar el tema y adoptar una estrategia antidrogas más acorde con las nuevas realidades.
Sostiene que Colombia aspira a ejercer un liderazgo en el debate junto a países afectados por el fenómeno del narcotráfico, como México.
La UNGASS 2016 fue convocada en 2012 por una petición conjunta de Colombia, Guatemala y México, que llamaron a las Naciones Unidas a impulsar una revisión profunda de la lucha global antidrogas y a examinar alternativas más efectivas.
Reyes subraya que el planteamiento de Colombia va mucho más allá de la despenalización y apunta “a la diversificación de la estrategia de lucha contra las drogas y, dentro de esta diversificación, lo que se propone es la posibilidad de buscar alternativas respecto a ciertas sustancias ilícitas (como la mariguana) y respecto a los eslabones más frágiles de la cadena, como los consumidores, los correos humanos y los pequeños cultivadores”.
De acuerdo con el ministro, unas 23 mil personas están encarceladas en Colombia por el cultivo y transporte de drogas ilícitas, lo cual le cuesta al Estado unos 138 millones de dólares al año que podrían tener un mejor uso si se emplean en prevención y en atacar las vulnerabilidades económicas y sociales que propician esas conductas.
“Nadie está proponiendo una legalización absoluta de todas las drogas ni de todos los eslabones de la cadena, sino una despenalización muy focalizada”, aclara.
Y más que un enunciado de buenas intenciones, lo que hace el ministro es delinear un planteamiento que Colombia impulsa a escalas hemisférica y global en su propósito de que se revise la estrategia antinarcóticos que ha estado en boga desde hace 44 años, cuando en 1971 el entonces presidente de Estados Unidos, Richard Nixon, declaró la “guerra contra las drogas”.
Con ese objetivo, Reyes Alvarado acudió a la citada sesión de la Comisión de Estupefacientes de la ONU en Viena, donde pronunció un discurso inusual en el que calificó de “utópico” el propósito de alcanzar un mundo libre de drogas.
Dijo: “Las políticas de drogas no están dando los resultados esperados y por lo tanto, no pueden continuar sin modificaciones. Declaramos una guerra que no se ha ganado. Por lo tanto, se hace imperativo idear, proponer y acordar a nivel global nuevos enfoques que nos permitan enfrentar el problema de las drogas de manera más efectiva”.
Y enfatizó: “No podemos seguir aferrados a una visión monocromática centrada en la reducción de la oferta de cocaína más allá de nuestras fronteras”.
México se quedó atrás
El director del Centro de Estudios sobre Seguridad y Drogas (Cesed) de la Universidad de los Andes, Daniel Mejía, considera que el pronunciamiento del ministro colombiano de Justicia ante la Comisión de Estupefacientes de la ONU es “un paso enorme” para llevar el debate sobre la estrategia de la lucha contra la producción, el tráfico y el consumo de narcóticos a un nivel en el que se abra la posibilidad de un cambio.
“Es la primera vez que tenemos un discurso tan contundente y enfático por parte de un país latinoamericano, y lo más importante es que el ministro lo pronunció frente a la comisión que ha venido defendiendo las políticas prohibicionistas y coercitivas”, señala el académico, quien forma parte del equipo de expertos de la Organización de Estados Americanos encargado de explorar nuevos enfoques en la lucha antidrogas.
Mejía dice a este semanario que ahora es importante que países como México, Uruguay y Argentina, que están de acuerdo en someter a debate la estrategia global contra el narcotráfico, acompañen a Colombia “y dejen el miedo a hablar duro sobre estos temas y digan lo que es, que esto (la guerra antidrogas) fue un fracaso total”.
–¿Por qué cree que México, uno de los países más golpeados por el narcotráfico, no ha sido tan contundente en este debate? –se le pregunta a Mejía.
–México no ha dado el debate que debería estar dando, no ha hecho una autorreflexión seria sobre los grandes costos que ha tenido que pagar por esta estrategia poco inteligente contra las drogas. La corrupción que hay a todo nivel en México, en los organismos de procuración de justicia, en las policías locales, es consecuencia de los dineros del narcotráfico. Yo creo que México se quedó atrás en el debate, un poco por querer cambiar en la agenda internacional el discurso sobre sus problemas de seguridad.
–Usted ha dicho que para que haya cambios en la estrategia global antidrogas los países latinoamericanos deben ser enfáticos y hablar con valentía…
–Exacto. Por eso esperemos que México, Argentina y Uruguay no se acobarden y salgan contundentemente a respaldar la posición de Colombia. De lo contrario, no nos preguntemos por qué seguimos otros 10 o 15 años con tasas de homicidios elevados, ciclos de violencia, masacres, etcétera. No nos preguntemos ni nos quejemos si no aprovechamos esta oportunidad (la UNGASS 2016 y sus trabajos previos) para reformar esta política que tanto daño ha causado.
–¿Por qué necesariamente un cambio de política tendría que traducirse en menos violencia?
–Básicamente porque uno baja las rentas ilegales de estos mercados, y sin los grandes flujos de dinero que los mercados de droga producen, las organizaciones criminales serían mucho menos poderosas y generarían mucho menos violencia. Es lo que hizo Portugal en 2001 (cuando abolió las penas criminales por posesión de todo tipo de drogas para uso personal) y lo que está haciendo Uruguay con el mercado de mariguana (que fue despenalizado el año anterior), o lo que están haciendo varios estados de Estados Unidos con la mariguana (que es legal en Washington, Colorado, Oregón, Alaska y en el Distrito de Columbia).
–Es paradójico que en Estados Unidos, el país que más impulsa la represión y el prohibicionismo, exista una tendencia a la despenalización…
–Estados Unidos lo está haciendo y aquí nos morimos de miedo de decirle a Estados Unidos que nosotros también lo tenemos que hacer. Aquí seguimos con la represión y encarcelando a miles de personas. Nosotros ya crecimos, ya somos capaces de dar un debate, ya tenemos el conocimiento, la experiencia. Nadie le puede decir a México y a Colombia que no han hecho todo para enfrentar a los cárteles de la droga. Lo hemos hecho todo y no ha funcionado. ¿Quién tiene más autoridad moral que México y Colombia para pedir un cambio de estrategia?
De acuerdo con Mejía, quien preside la Comisión Asesora para la Política de Drogas del gobierno colombiano y es autor de varios estudios sobre los efectos de la prohibición, lo que falta en Latinoamérica es voluntad política para impulsar el tema.
Recuerda que en la Cumbre de las Américas de 2012, los presidentes del hemisferio acordaron encargar a un grupo de expertos –Mejía entre ellos– un informe sobre el problema de las drogas en la región y el nuevo rumbo que debería tomar la lucha contra el narcotráfico.
El resultado fue un estudio de 90 páginas, con propuestas concretas para reorientar la estrategia, que costó más de 2.5 millones de dólares. “Ese documento está engavetado en las oficinas de los presidentes de la región y no se ha hecho absolutamente nada. Ha habido una cobardía total para dar este debate, para mover el tema, para pedir cambios en la política antidrogas”, señala el director del Cesed y doctor en economía por la Universidad de Brown.
Y agrega: “Aquí no necesitamos más diagnósticos ni más recomendaciones de políticas antidrogas. Lo que hay que hacer es bastante claro, hay que quitarnos la cobardía. Nuestros países no pueden seguir con el nivel de violencia que tenemos simplemente porque los países consumidores no logran resolver sus problemas de drogas”.
Oportunidad
El ministro colombiano de Justicia dice que a pesar de que la discusión sobre las políticas antidrogas es muy antigua, la UNGASS 2016 la hace “muy oportuna” porque por primera vez se llevará el debate al seno de la Asamblea General de la ONU.
Reyes Alvarado, abogado experto en derecho penal y política criminal, señala que Colombia aspira a que la aplicación de normas penales sea la excepción y no la regla en la lucha antidrogas. Por ello propone contemplar medidas alternativas a la cárcel para quienes portan o cultivan pequeñas cantidades de droga, “muchas veces de manera forzada o en un contexto de carencias económicas”.
De acuerdo con el ministro, “en muchos casos, los correos humanos y los microtraficantes son instrumentalizados por las redes criminales por razones de género, de exclusión social, o de su propia dependencia a una sustancia, por lo que debemos poner en el centro de esa reflexión y de las políticas que de ella se deriven el respeto por los derechos humanos”.
Dice que Colombia observa con enorme preocupación la suerte de decenas de sus nacionales encarcelados alrededor del mundo con cadenas perpetuas o pena de muerte por delitos relacionados con las drogas.
En China 12 colombianos están sentenciados a muerte por tráfico de drogas, mientras que otros 65 están condenados a cadena perpetua en ese país, Estados Unidos, Cuba y Qatar, por ese delito, lo que Reyes Alvarado considera “desproporcionado e inhumano”.
Los mexicanos encarcelados alrededor del mundo por tráfico de drogas también suman decenas. En Colombia hay 69, según datos del Ministerio de Justicia.
En la sesión del lunes 9 de la Comisión de Estupefacientes de la ONU, en Viena, México señaló a través del vicecanciller Juan Manuel Gómez Robledo que la estrategia global antidrogas no ha dado los resultados esperados, mientras millones de personas se ven afectadas por la violencia y criminalidad que el narcotráfico genera.
Gómez Robledo dijo que es indispensable asegurar un debate amplio, abierto e incluyente con miras a la UNGASS 2016, “que tome en cuenta todas las experiencias y voces y que permita construir consensos globales que aseguren acciones en el terreno más efectivas y humanas”.








