Señor director:
El debate de las ideas debe ser eso y no buscar culpables para endilgar responsabilidades a quienes, ajenos al movimiento real de la maquinaria del sistema, se les quiere culpar de los males políticos, sociales y hasta económicos que padecemos todos, bajo el supuesto de que un líder podría haber cambiado el rumbo de la historia.
Armando Bartra dice en Palabra de Lector de Proceso 2000 que el abstencionismo dejó “la cancha a los personeros de la oligarquía, a los vividores, a los corruptos”, e insiste en que los abstencionistas permitimos que ganaran Calderón y Peña Nieto, debido a que –en esos procesos electorales– ya no hubo necesidad del fraude, pues sólo con sus propias clientelas y nuestro abstencionismo lograron hacerse del poder.
Lo cual significa que, para Bartra, sólo hay fraude en las urnas, el día de las elecciones. Qué lastima que así lo perciba. Por lo menos para mí, y otros tantos ciudadanos, el fraude y el robo es consustancial a todo el andamiaje electoral que se inicia mucho antes del día de las elecciones. Ese sistema de partidos no es más que la expresión política del régimen capitalista basado en la explotación y la muerte de la clase trabajadora y los pueblos originarios.
La democracia burguesa es el instrumento político de dominación y sujeción para mantener las cuotas de reproducción social en niveles cada vez más bajos, al igual que más vulgares las campañas electorales, los candidatos y todo lo relacionado con el tema. Un análisis de marco referencial de acción política institucionalizada y su ejecución muestra que el fraude es previo y consustancial al día de las elecciones, con o sin abstencionistas.
Culpar a los abstencionistas y a “La otra campaña” del EZLN del triunfo de Calderón y Peña Nieto es negarse a ver la historia completa. Los abstencionistas no hemos logrado dar el paso que sí han dado los zapatistas y muchos otros pueblos indígenas: tratar de construir sus propios porvenires, independientes del régimen y de las circunstancias coyunturales del sistema. Ahí está su digna respuesta. Y por eso también viven acosados por paramilitares, partidos políticos, gobiernos, y aún así siguen, siguen y siguen.
El momento que hoy viven los pueblos originarios es producto de su experiencia y sus prácticas, que les llevaron hasta la negociación con los gobiernos y los partidos políticos. Pero el único resultado fue no volverles a creer ni a confiar en candidato o político alguno. La única posibilidad de su existencia, para no ser devorados por los andamiajes políticos y económicos, es construir sus propios métodos para seguir siendo ellos.
Muchos ciudadanos tenemos claro que el sistema democrático burgués es sólo más de lo mismo: muerte, fraude, robo, imposición, abuso e injusticia. Eso sí, muy “democrático” todo. Por eso nos negamos a seguirles el juego, el cual seguirá mientras haya quienes quieran jugar con ellos. Cuando ya no haya nadie en la otra cancha, a ver con quién juegan. Quienes abandonamos esa cancha debemos reconocernos y buscarnos para saber si queremos jugar otro juego o construir otros porvenires.
Atentamente
Historiador Felipe I. Echenique March








