A la manera de una misión secreta, el cometido de la directora Ava DuVernay era dejar claro que el protagonista de Selma (EU, 2014) no era Martin Luther King, sino esta población de Alabama, enclave del Ku Klux Klan, desde donde se gesta y arranca la marcha hacia Montgomery en 1965. Marcha pacífica que resultó sangrienta cuando la policía trituró a golpes a los manifestantes sobre el puente; a raíz del escándalo, el presidente Lyndon B. Johnson firma la ley de derecho al voto que garantiza la participación a todo ciudadano sin importar raza o color.
Selma es el drama de una batalla, el general es el doctor King (David Oyelowo); no se trata de una biografía donde se cuente la vida de este héroe de los derechos humanos desde pequeño cuando ya entonces se mostraban las señales del futuro campeón de la justicia, como ocurre en el típico biopic de Hollywood. Ava DuVernay, coautora del guión junto con el británico Paul Webb, se apoya en un estilo académico convencional que nunca confunde o compra a su espectador. Pero su experiencia en estudios afroamericanos aporta un enfoque moderno donde la participación colectiva queda en primer plano.
El estratega King entiende a su gente y mira hacia el futuro; el grupo es la sustancia que reacciona, lucha, sangra y muere, sin verse o actuar como masa; la directora sostiene la tensión entre individuo–grupo. Notable el trabajo entre ella y Oprah Winfrey, personaje entre tantos que sufre vejaciones sin perder su postura ante la cámara. El preámbulo a la batalla se establece con tres episodios yuxtapuestos: la ceremonia donde Martin Luther King recibe el Premio Nobel de la Paz en Oslo, nomás como para dar cuenta del prestigio y del calibre del combatiente, seguida del bombazo terrorista en una iglesia bautista donde perecen cuatro niñas, y termina con una entrevista bastante ríspida entre el reverendo King y un presidente Johnson reacio a garantizar el derecho al voto de la población negra.
Orden, caos y batalla por un nuevo orden, estructura y ritmo de tres tiempos componen el drama político de Selma. Así se presenta la gran batalla en tres etapas del cruce del puente Edmund Pettus (en honor al confederado de la Guerra Civil, gran dragón de KKK); caos de la represión, estrategia y el cruce del puente hacia la nueva etapa en la historia de los derechos civiles.
Selma puede servir de modelo para estudiar la diferencia entre biografía del personaje histórico, y biografía del personaje del drama. El público conoce de sobra los datos básicos sobre Martin Luther King, pero el King de la película no puede reducirse a su monumento. Los actores británicos David Oyelowo y Carmen Ejogo (esposa de King) se lucen en un baile de matices emotivos y lingüísticos. Quizá la prohibición de los herederos de M. L. King de utilizar los textos de los discursos originales, permitió este estupendo juego de perífrasis y sonoridades.








