BOGOTÁ.- Alexis Alzuru Aponte, doctor en ciencias políticas de la Universidad Central de Venezuela, sostiene que lejos de lo que piensa buena parte de la comunidad internacional, el presidente venezolano Nicolás Maduro tiene un plan coherente en el cual apuesta por un escenario de polarización política que le permita salir lo mejor librado posible de las elecciones legislativas programadas este año.
En medio de una recesión económica, desabasto de productos básicos, drástica caída de los ingresos petroleros y una generalizada evaluación negativa de su gobierno, el presidente optó la semana anterior por encarcelar al alcalde opositor de Caracas, Antonio Ledezma, con lo cual arreciaron las críticas internas y el repudio internacional por el uso político del sistema de justicia.
“Maduro parece un presidente equivocado, pero no lo es en su agenda. Que yo no esté de acuerdo con su agenda es una cosa, pero de cara a su objetivo él ha sido muy coherente. Su objetivo son las elecciones parlamentarias. Está alineando a su base electoral, invirtiendo en ese sector los pocos recursos del Estado y montó una confrontación para polarizar el país, dividirlo y apostar por una alta abstención en las elecciones que le permita mantener la mayoría legislativa”, considera Alzuru.
Sostiene que con la detención de Ledezma, Maduro logró desplazar el debate nacional al terreno político.
“Hoy todo el debate en Venezuela y en el exterior es sobre los presos políticos (Ledezma, los exalcaldes Leopoldo López y Daniel Ceballos y decenas de estudiantes detenidos en medio de las protestas sociales) y no sobre la inflación, el desabasto de alimentos”, señala.
De esta manera el presidente “está logrando su objetivo, que es polarizar al país”.
De acuerdo con las cuentas del académico, la base dura chavista representa entre 18% y 22% del electorado. En cambio, los votantes que rechazan al gobierno y lo responsabilizan de la crisis son entre 60% y 70%, pero este segmento “no está alineado con la oposición”.
Dice que la mitad del electorado no está ni con el gobierno ni con la oposición, y cuando el presidente detiene a Ledezma bajo cargos de participar en una intentona golpista “es posible que ese conglomerado no crea del todo en las acusaciones pero al menos se le genera una duda, y esa duda se puede traducir en abstención.
“Una gran abstención hace que el voto duro del chavismo pese más y puede ser suficiente para mantener la mayoría en la Asamblea Nacional (donde hoy el oficialismo tiene 99 de los 164 escaños)”, señala Alzuru.
Considera que, en consecuencia con su estrategia, Maduro seguirá con su agenda polarizante destituyendo al diputado opositor Julio Borges, un tema que ya está por debatirse en la Asamblea Nacional, y enviando a prisión a la dirigente opositora María Corina Machado, a quien el presidente ha acusado de participar en el supuesto plan de golpe de Estado en su contra.
“Maduro de alguna manera está jugando con fuego, porque un escenario de polarización es muy riesgoso, pero un triunfo electoral le daría un respiro y un tiempo más para manejar una crisis económica y social muy complicada. No se puede desconocer que ha sido hábil para colocar en el foco del país un problema que polariza: el de los presos políticos, para opacar los problemas de la vida cotidiana de los venezolanos, como la falta de alimentos, la inflación, la alta criminalidad”, asegura.
Sostiene que la oposición coaligada en la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), “de alguna manera ha mordido el anzuelo y, en vez de bajarle el perfil al discurso polarizante, lo alimenta.
“La oposición debería bajarle el volumen al tema de los presos políticos y subirle el volumen a la crisis económica, porque esta disputa, antes que ser política, es comunicacional, y es por la captura del electorado”, indica el politólogo y maestro en filosofía.
De acuerdo con Alzuru, otro factor necesario para la oposición es la unidad, porque en la MUD –donde participa una veintena de partidos– conviven dos bloques: uno encabezado por el excandidato presidencial Henrique Capriles y que promueve una transición pactada con el chavismo, y otro dirigido por López, Ledezma y Machado, cuya apuesta es la reconstrucción del país a partir del colapso del régimen.
“Estos dos mensajes confunden al electorado –sostiene– y si no hay un trabajo fuerte de unidad y unificación del discurso, la oposición puede desperdiciar la oportunidad de capitalizar el descontento en las elecciones legislativas (que deberán celebrarse este año, pero cuya fecha está por definir el Consejo Nacional Electoral).” l








