Un fantasma recorre el campus de la Universidad de Guadalajara (UdeG), causando escalofríos a quienes desde hace más de un cuarto de siglo tienen el control político de esa institución que opera con el dinero de los contribuyentes: la amenaza, cada vez más cercana, de que su equipo de Primera División (los Leones Negros) salga de la Liga Mx y se vaya a pique el negocio que representa dicho equipo. De suceder eso, lo cual es cada vez más probable, los más de 400 millones de pesos que ahora vale una franquicia en esa liga se verían reducidos, de súbito, a menos de 20 millones en la Liga de Ascenso Mx (la otrora Segunda División), además de ver cómo se devaluarían de forma radical los hasta ahora bien cotizados contratos de televisión y patrocinios.
La incógnita se despejará a más tardar a principios de mayo próximo y los jeques de la UdeG serían responsables –ante la comunidad universitaria y ante la sociedad en general– no sólo de haber metido a la universidad pública de Jalisco en un negocio de alto riesgo, sino de otras faltas enteramente imputables a ellos: incompetencia para emprender un negocio para el cual no estaban preparados, así como no haber sabido medir las consecuencias de la arriesgadísima decisión de manejar directamente un bisoño equipo de Primera División; es decir, de un equipo recién ascendido al primer circuito del futbol profesional y que, por lo mismo, era muy vulnerable, en la inteligencia de que durante los primeros torneos una escuadra en situación tan precaria tiene que luchar a brazo partido, con conocimiento de causa, con destreza y también con la chequera en la mano, a fin de poder mantenerse en esa categoría.
Deportivamente, la amenaza del descenso para el representativo de la UdeG se finca en varios factores adversos: el mal torneo que los Leones Negros hicieron en su regreso a la Primera División, durante el segundo semestre del año pasado, en el Apertura 2014; los poco atinados refuerzos para el presente torneo (el Clausura 2015) en comparación con lo hecho en esta materia por los otros candidatos al descenso (el Guadalajara, el Veracruz y el Puebla). Lo anterior se ha traducido en la mala racha de cuatro derrotas consecutivas que los Leones Negros llevaban hasta el 22 de febrero, con 17 puntos perdidos de 21 posibles, y que los mantenía hundidos en último lugar entre los equipos que luchan por mantenerse en la Primera División.
Pero el cada vez más probable descalabro deportivo de los Leones Negros –que nadie desea, vale aclararlo, fuera de los otros equipos involucrados por evitar el descenso– y el cual podría concretarse en ocho o nueve semanas más, también tendría graves consecuencias tanto para los intereses patrimoniales de la UdeG como para los de uno de sus gremios: el Sindicato de Trabajadores Académicos (Staudeg), cuya actual dirigencia decidió el año pasado, de forma unilateral, hacer un préstamo al Patronato de los Leones Negros por un monto de 120 millones de pesos, dizque para “apuntalar financieramente” al equipo, con la bolsa de ahorros del personal académico de la casa de estudios.
El argumento autojustificativo dado por el dirigente sindical de marras, Martín Vargas Magaña –quien al ser descubierto en dicha operación, a toro pasado, tuvo que decir que el préstamo se haría únicamente con las aportaciones de aquellos trabajadores académicos que dieran su consentimiento– fue en el sentido de que dicha medida tenía que ser vista como una inversión, pues presuntamente se obtendrían rendimientos superiores a los que paga la banca, además de que el capital estaría garantizado con las cartas de transferencia de los jugadores del equipo. Pero lo que tanto Vargas Magaña como la dirigencia de los Leones Negros, encabezada por el jeque de jeques de la UdeG (¿eres tú, Raúl?) callaron intencionalmente es que si el equipo descendía dichas cartas de transferencia fatalmente se verían devaluadas, dificultando el pago del adeudo a los profesores y académicos de la institución.
Para el patrimonio de la universidad pública de Jalisco, el eventual descenso de su equipo de futbol significaría una pérdida neta de alrededor de 400 millones de pesos, pues en mayo del año pasado, cuando el representativo de la UdeG acababa de ascender a la Primera División, estaba valuado en alrededor de 35 millones de dólares. Y en el caso de volviera a la ahora llamada Liga de Ascenso Mx, su cotización no alcanzaría siquiera los dos millones de dólares.
Lo peor del caso sería que, de llegar a darse dicho quebranto en las finanzas universitarias, seguramente nadie iría a la cárcel por ese probable daño al patrimonio de la UdeG, y que quien tendrían que absorber las pérdidas serían, por un lado, las finanzas de la propia casa de estudios y, por el otro, los trabajadores académicos, los cuales fueron llevados al baile por el ya mencionado Martín Vargas Magaña, quien en teoría defiende los intereses de sus afiliados, aun cuando en la práctica sólo sea defensor de los intereses del mandamás universitario (¿eres tú, Raúl?).
Pero más allá del desenlace que vaya a tener la lucha que, durante las próximas semanas, se acabará librando entre los cuatro equipos mexicanos que son candidatos firmes para descender a la Liga de Ascenso Mx, y que habrá de ser catastrófico para aquel que no haga los méritos (los puntos) necesarios para permanecer en la Primera División, el sostenido mal paso que hasta ahora han tenido los Leones Negros se debe fundamentalmente a la ambición desmedida del exrector Raúl Padilla.
Y ello porque el susodicho decidió, contra la voluntad manifiesta del rector general de la UdeG, Tonatiuh Bravo Padilla, que el equipo no fuera arrendado a algún grupo empresarial con experiencia profesional en el ramo, sino meter directamente a la universidad pública de Jalisco en un negocio de alto riesgo, con cuadros directivos improvisados como el actual vicepresidente de los Leones Negros, Alberto Castellanos (rector del Centro Universitario de Ciencias Económicas y Administrativas), o el propio Raúl Padilla, quien en el momento del ascenso a Primera División del equipo se autonombró presidente del mismo, pues donde manda capitán no gobierna el contramaestre Bravo Padilla.
Y para colmo de males, los jeques de la UdeG se dejaron embaucar por el empresario Juan José Frangie, cuyo historial como directivo del futbol está repleto de fracasos tanto con las Chivas (él estuvo en la etapa inicial de malos resultados de este equipo) como con los Estudiantes Tecos de la Universidad Autónoma de Guadalajara, a los que ayudó a descender a la otrora Primera División A, circuito en el que ahora participan con el nombre de Mineros de Zacatecas. No obstante tan malos antecedentes, Padilla y compañía se dejaron seducir por el canto de las sirenas entonado por Frangie, quien les hizo cuentas alegres, diciendo que los recién ascendidos Leones Negros tenían potencial para llegar a contar con una de las tres o cuatro aficiones más numerosas en todo el país, habida cuenta de los más de 250 mil integrantes de la comunidad universitaria, además de los incontables egresados y de la sociedad en general.
Toda esta suma de errores, ambiciones, caprichos y decisiones imprudentes es la que tiene al equipo de UdeG en una situación deportivamente más que precaria, y sobre todo se ha constituido en una amenaza cada vez más cercana y cierta para las finanzas de la universidad pública de Jalisco, hasta el punto de tener ya la lumbre en los aparejos.








