Señor director:
La siguiente es una reflexión sobre el artículo de Javier Sicilia titulado Narcisismo y boicot electoral (Proceso 1998), que agradeceré publique en Palabra de Lector.
La malignidad de la clase política mexicana coincide con la descripción de malevolencia que Dostoyevski nos transmite del padre de los hermanos Karamazov:
“Su fisonomía (…) atestiguaba (…) la esencia (de su) vida. Aparte las largas y fofas bolsas por debajo de sus pequeñines ojillos, siempre descarados, suspicaces y burlones; aparte la muchedumbre de profundas arruguillas de su cara, pequeña pero inflada, por debajo de la aguda barbilla colgábale la gran nuez, carnosa y alargada como un saquito, lo que le infundía una traza de lujurioso repulsivo. Añadid a esto la boca grande, sensual, de labios prominentes, entre los cuales asomaban los raigoncillos de unos dientes denegridos, casi podridos del todo. Salpicaba de saliva en cuanto se ponía a hablar (y) al parecer estaba satisfecho (de su cara).”
En el carácter narcisista de los políticos mexicanos, su nauseabunda realidad es formateada por la mercadotecnia electoral para, como lo apunta Sicilia, ser “…reconocidos como individuos superiores, (…y) admirados”, y enmascarar la perversidad que se esconde atrás de los rostros maquillados y los decálogos de promesas vanas que lucran con el voto “indigno (de) la miseria que ellos mismos han provocado”.
La patología narcisista de los políticos también puede abordarse desde el punto de vista del pensamiento de Kierkegaard. Su inconsciencia les incapacita para verse a sí mismos, induciéndolos a resolver su existencia en la inmediatez, en el poder y en la riqueza que embrutece y obnubila cualquier atisbo de discernimiento.
Esta patología se expresa en la figura del seductor que sólo ve al otro como objeto, como lo atestigua la red de prostitución de la anterior dirigencia del PRI en el Distrito Federal que, hasta ahora, goza de cabal impunidad por parte de las “instituciones”.
Los mexicanos somos vistos por los políticos de todos los partidos como objetos de prostitución; somos mexicanos con credencial para “usarse y tirarse” durante cada periodo electoral. ¿Para qué otra cosa sirven las elecciones en este país sino para seguir con “más de lo mismo” y el engaño del sueño de un cambio?
Los políticos no se dan cuenta de su no-libertad, que los ata a lo que depare la inmediatez del día de hoy, porque el día de mañana está amenazado por el más vertiginoso vacío de la nada, de la más absoluta carencia de sentido en una existencia que se les escurre entre las manos atada al poder y la riqueza desmedida.
Parecería que los mexicanos estamos destinados a perecer en este mar de inmundicia. Sin embargo, podemos sustraernos a la desesperanza si nos damos cuenta de que, al contrario de lo que este sistema corrupto nos quiere vender como el camino para el éxito y que se acuña en la expresión “el que no transa no avanza”, existe “luz al final del camino”.
Dentro de las opciones a nuestro alcance se encuentra una posibilidad muy concreta que, en ocasiones, nos pasa desapercibida y que es la “opción de la libertad”. La libertad es una opción de la que hay que dar cuenta dentro del abanico de nuestras opciones, y está en nuestras manos escoger escogerla; la libertad, deliberadamente se escoge.
Si los mexicanos escogemos escoger y, con plenísima libertad, escogemos la libertad, ineludiblemente no podremos sustraernos a ella, porque la verdadera libertad subyuga y compromete en la responsabilidad. Obliga, como lo expresa Kazantzakis, a llegar hasta donde no podamos.
El ser humano es devenir constante que se hace a sí mismo cada día; siempre estamos a mitad del camino que nos hace ver Dante. Es más fácil ser piedra, parásito o político mexicano que ser ser humano en el sentido pleno de la existencia. Los mexicanos no estamos libres de defectos y no somos “peritas en dulce”. Sin embargo, a partir de nuestras limitaciones, que son muchas, y de nuestra actual no-libertad, podemos afirmarnos en una libertad plena y responsable.
Por lo anterior, para detener el lodazal de inmundicia que nos está arrastrando, los invito a reflexionar, al igual que Javier Sicilia, en la necesidad de ejercer el voto nulo, la abstención, el voto en blanco o boicotear el proceso electoral, con el objetivo de no legitimar lo ilegítimo y de no seguir permitiendo la impunidad, la injusticia y la corrupción.
Debemos hacer entender a los políticos de este país que no entienden que no entienden, que los mexicanos queremos la refundación del sistema político de México para la consecución de la paz, la justicia y la esperanza que nos merecemos nosotros y las generaciones que siguen.
En el siguiente proceso electoral gritemos con fuerza para que entiendan que ya basta.
Atentamente
Santiago Cardoso Villegas
San Luis Potosí, SLP








