Sobre las góndolas del tren de carga, La Bestia, se apiñan cientos de inmigrantes viajando de mosca desde Centroamérica con la ilusión de alcanzar la frontera americana. Van hambrientos, expuestos a todo tipo accidentes y mutilaciones, extorsiones de la policía y secuestros de los narcos. Desde 1995, un grupo de mujeres de Veracruz se dedica a preparar comida y embotellar agua para obsequiarlas a los jóvenes que atrapan al paso las bolsas de alimento. Esa es su manera, dicen ellas, de compartir el pan que Dios les da.
Llévate mis amores (México, 2014), documental dirigido por Arturo González Villaseñor y producido por Indira Cato, sumerge al público en el caldo de vida que se cocina en ese pueblo de la República Mexicana. El día empieza con los preparativos de guisos diferentes, hacer leña y cocinar enormes cacerolas de arroz y frijoles. Quien no haya escuchado de las Patronas, como se les ha llegado a conocer, no entiende para qué tanta actividad, quizá preparan una gran celebración.
El documental empieza a la manera de un tren que se pone poco a poco en marcha; se abre la ventana a la exuberancia del paisaje de esa zona cercana a Córdoba, la vitalidad de la gente, y, claro, la carencia económica, porque las Patronas no son damas ricas de la caridad. El ritmo se acelera, los itacates se hacen en bolsas de plástico, el clímax ocurre las veces que el tren llega y pasa como bólido; La Bestia está viva y lo mismo acarrea vida que la tritura.
El ángulo de la cámara del fotógrafo Juan Antonio Mecalco, casi siempre al nivel de las mujeres que distribuyen las bolsas y corren por más, capta de manera precisa el arrojo de estas madres que nutren por solidaridad, aunque la fuerza descomunal del tren quiere aplastarlas. Impresiona la intensidad dramática de todo lo que ocurre simultáneamente en cosa de minutos: jóvenes que caen o bajan del tren para capturar comida; los que lo atrapan de nuevo, o lo pierden; la gente que ayuda para alcanzar al tren en otro lugar, y las historias que se cuentan. En esos pocos minutos, un joven migrante se convierte en protagonista de una novela abierta que viene de muy atrás y se sabe que irá muy lejos.
Además de la acción, que alcanza momentos de vértigo, Llévate mis amores ofrece una línea dramática tan intensa como el paso del tren, las entrevistas a cada una de ellas; todo un coro de historias de vida. La técnica para entrevistarlas de la que se vale el director es simple, pero tremendamente eficaz; sólo es cosa de preguntarles por su propio nombre quién es ella misma, quién es Rosa o quién es Antonia, por ejemplo. Hablar de sí mismas en tercera persona crea una distancia que les permite verse y descifrarse.
Sin proponérselo, el documental de Arturo González Villaseñor funciona como respuesta a La cultura del narco que despliega el prestigio que ha llegado a significar para los jóvenes ser parte de la criminalidad. Sin sentimentalismo, pero con todo corazón, Llévate mis amores demuestra que aún existe ese otro México de gente buena y generosa.
Este documental, parte del programa de Ambulante, tiene que distribuirse en corrida comercial.








