En diciembre de 2008, ante su inminente detención por parte de la policía suiza, el ingeniero en sistemas Hervé Falciani huyó a Francia y contactó a funcionarios de la Dirección Nacional de las Investigaciones Fiscales de este país. Les entregó cinco DVD con información explosiva: cómo el banco HSBC de Ginebra había ayudado a más de 100 mil clientes a lavar dinero y evadir impuestos con total impunidad. Éste fue un momento clave del escandaloso caso Swissleaks, que el domingo 8 destapó el vespertino Le Monde en colaboración con 154 periodistas agrupados en el Consorcio Internacional de Periodismo de Investigación.
PARÍS.- El lunes 9 el ya famoso nombre de Hervé Falciani volvió a aparecer en la prensa mundial.
Ese día se publicaron en medios de 47 países los resultados de cinco meses de investigaciones realizadas por 154 periodistas agrupados en el Consorcio Internacional de Periodismo de Investigación, a partir de las listas robadas por Falciani al HSBC Private Bank de Ginebra entre 2006 y 2008. Así explotó el escándalo Swissleaks.
Todo empezó cuando el vespertino Le Monde tuvo acceso a esas listas, que ya habían sido parcialmente revisadas por distintas autoridades judiciales y fiscales internacionales. Los directivos del periódico se dieron rápidamente cuenta de que les era imposible investigar los centenares de miles de documentos que estaban a su disposición. Decidieron compartir la tarea con colegas del mundo entero. Cada unidad de investigación acordó verificar datos en su propio país e intercambiar las conclusiones de sus pesquisas.
El resultado es demoledor: un panorama planetario de las actividades de lavado de dinero llevadas a cabo por HSBC, el cuarto banco más importante del mundo, cuya fama está bastante manchada desde hace años.
Se calcula que entre el 9 de noviembre de 2006 y el 31 de marzo de 2007 casi 181 mil millones de euros transitaron por las cuentas bancarias de más de 100 mil clientes y 20 mil empresas offshore abiertas en el HSBC Private Bank de Ginebra.
Estas investigaciones periodísticas conjuntas ponen además en evidencia la ineficacia de las leyes promulgadas por Suiza en las dos últimas décadas para enfrentar la plaga del blanqueo de capitales y hacen temblar a decenas de miles de evasores fiscales que hasta ahora habían escapado a todo control.
Aventura Libanesa
Hervé Falciani, el hombre que aterra a tanta gente en tantos países desde hace siete años, tiene 43 años. Nació y creció en Mónaco en un entorno acomodado. Poco se conoce sobre su historia personal.
Se sabe que inició su vida laboral en La Société des Bains de Mer, un grupo empresarial que pertenece al Estado de Mónaco y administra los más prestigiados hoteles de lujo y casinos del principado.
Entre 1992 y 2000 fue sucesivamente encargado de seguridad, cajero y crupier en casinos del grupo. En el año 2000 fue contratado por el banco HSBC de Mónaco y muy pronto se apasionó a tal grado del servicio de informática del banco que decidió capacitarse en la Universidad de Niza, especializándose en minería de datos. Semejante decisión selló su destino.
Estudiar y trabajar al mismo tiempo no le impedía llevar una vida social agitada. Según investigaciones de Le Monde, que dedicó al Snowden del fraude fiscal dos páginas en su edición del martes 10, Falciani tenía fama de seductor impenitente, le gustaba jugar póker, gastar dinero sin control y ser el centro de atención. Algunos de sus conocidos hablan de una tendencia a la mitomanía.
El ingeniero en sistemas llevaba apenas unos meses trabajando en el banco cuando desenmascaró a Stephan Troth, responsable de 300 clientes de altísimo nivel de HSBC. El banquero de nacionalidad británica, muy famoso en los círculos mundanos del principado, había desviado 18 millones de euros de las cuentas de sus clientes.
La sagacidad de Falciani llamó la atención de la dirección de HSBC, la cual le propuso trasladarlo a Ginebra para trabajar en su muy selecta sucursal HSBC Private Bank. Falciani empezó a asumir sus nuevas funciones el 13 de marzo de 2006. De inmediato fue encargado de una misión importante: crear un Customer Relationship Management (CRM); es decir, una herramienta informática para agilizar los intercambios entre el banco y sus clientes.
Según explica Le Monde, el trabajo consistía en hacer transitar todos los datos de los propietarios de cuentas bancarias registrados en el antiguo sistema Sific hacia el nuevo sistema CRM.
Fue una tarea larguísima a la que Falciani dedicó la mayor parte de su tiempo entre 2006 y 2008. Y fue en ese periodo que el ingeniero en sistemas tuvo acceso a listas de más de 100 mil cuentas bancarias de clientes que habían evadido al fisco de sus respectivos países entre 2006 y 2007.
¿Cómo pudo descubrir y almacenar ese volumen de información? Circulan distintas versiones.
Los datos que transitaban de un sistema a otro bajo vigilancia exclusiva de Falciani estaban encriptados y el ingeniero en informática no tenía manera de descifrarlos. Pero, según directivos de HSBC Private Bank entrevistados por Le Monde, entre ellos el director de logística del banco, un incidente técnico perturbó el tránsito de los datos, que durante una breve temporada aparecieron sin ser encriptados. Los expertos están convencidos de que Falciani aprovechó esa falla del sistema para robar las listas explosivas. Es la tesis que sostiene también la justicia helvética.
Falciani contó otra historia a las justicias española y francesa, y en entrevistas de prensa: al poco tiempo de iniciar el traslado de datos se dio cuenta de graves fallas de seguridad. Avisó a sus superiores y les propuso solucionar los problemas. Nadie lo tomó en cuenta. Peor aún, no se aceptó el nuevo CRM que había elaborado y se le negó además un puesto importante que ambicionaba en el Departamento de Seguridad. Por otro lado, empleados del banco, tan inquietos como él ante la opacidad de ciertas operaciones de HSBC Private Bank, supuestamente le pasaron documentos e informaciones que le permitieron configurar las ahora llamadas listas Falciani.
El filtrador asegura que intentó alertar a las autoridades judiciales suizas, en vano. Tanto la dirección de HSBC como la justicia suiza niegan rotundamente haber sido contactadas por el ingeniero en sistemas.
Como quiera que sea, el 2 de febrero de 2008 Falciani y Georgina Mikhael, su colega franco-libanesa y compañera sentimental, llegaron a Beirut, donde pasaron una semana intentando vender las informaciones que poseían a distintos bancos –entre ellos, a la sucursal libanesa de HSBC. Eso lo afirma la justica helvética, la cual se basa en ese intento de comercializar datos para acusarlo de espionaje industrial. Georgina Mikhael, que rompió con Falciani a raíz de su detención por la policía suiza, es ahora la principal testigo de la acusación. Cuatro banqueros libaneses confirmaron a las autoridades suizas que la pareja solicitó hablar con ellos.
Por supuesto, Falciani niega cualquier intento de lucrar con los datos robados. Se presenta como un filtrador indignado por lo que descubrió y dispuesto a todo con tal de denunciarlo.
Según su versión, se lanzó en esa aventura libanesa con una falsa identidad –pretendía llamarse Ruben Al-Chidack y ser representante comercial de la empresa Palorva, con sede en Hong Kong– y con una meta muy precisa: “Activar una alarma en una sucursal libanesa de un banco suizo para que semejante señal tuviera repercusión en el Ministerio Público Federal suizo”. En otras palabras, organizó una provocación en Beirut para hacer reaccionar a las autoridades suizas que no habían querido oírlo en Berna.
Contacto en Francia
Un mes después, en marzo, Falciani contactó a los servicios secretos británicos y alemanes con el mismo seudónimo de Ruben Al-Chidack. En vano. En abril tocó a la puerta de los servicios de inteligencia franceses, que se mostraron receptivos.
La primera cita con dos altos funcionarios de la Dirección Nacional de las Investigaciones Fiscales (DNEF, por sus siglas en francés) se realizó el 28 de junio en el sur de Francia. Duró una hora. Al-Chidack se comprometió a enviar una muestra de 10 nombres de supuestos evasores fiscales franceses a sus interlocutores. Un equipo técnico de élite investigó los nombres. Los resultados fueron impactantes.
El 6 de diciembre de 2008 se organizó una segunda cita. Pero de repente todo se precipitó. El 22 de diciembre la justicia helvética, que llevaba siete meses vigilando con suma discreción a Georgina Mikhael y Hervé Falciani, detuvo a la primera en el momento en que se disponía a viajar a Líbano y convocó al segundo para el día siguiente.
El ingeniero en informática huyó a Francia y se comunicó de inmediato con sus contactos de la DNEF. Se citaron el 26 de diciembre en Niza. Falciani renunció a su seudónimo y entregó cinco DVD con los nombres de 106 mil 458 clientes de HSBC Private Bank de Ginebra. Empezó su primera gran aventura: colaborar con el equipo de choque de la Dirección Nacional de Investigaciones Fiscales para ayudarlo a analizar los datos que había trasmitido.
Muy pronto estos “superespías fiscales” entendieron la importancia de lo que tenían entre las manos: HSBC Private Bank planeaba y ofrecía a su clientela sistemas cada vez más sofisticados de empresas fantasma para permitirles evadir impuestos con total impunidad.
En entrevista publicada el lunes 9 por el matutino francés Le Parisien, Falciani dio detalles sobre el contenido de los DVD:
“Se trata de una base de datos con números de cuentas bancarias, montos exactos de los bienes de los propietarios de cuentas, nombres de sociedades offshore, números de teléfono y también todos los mensajes intercambiados entre los administradores de cuentas y sus clientes. En numerosos casos aparecen nombres y apellidos de los propietarios de las cuentas.”
La justicia suiza no tardó en contratacar. Exigió a Francia la devolución inmediata de los datos robados, tratando de impedir su utilización. La tensión entre los dos países se tornó extrema y creció también en las altas esferas francesas.
Por un lado, Roland Veillepeau, quien dirigía la Dirección Nacional de Investigaciones Fiscales, y Eric de Montgolfier, procurador de Niza y temido juez anticorrupción, hicieron lo imposible para proteger y, al mismo tiempo, utilizar las listas Falciani; por otro lado, Michèle Alliot Marie, entonces ministra de Justicia de Nicolas Sarkozy, multiplicó las presiones para que se devolvieran esas listas a su homólogo suizo e insistió en enterrar las investigaciones que afectaban a demasiados intereses privados y políticos.
Finalmente, el 30 de agosto de 2009, Eric Woerth, entonces ministro del Presupuesto, anunció que iba a investigar una lista de 3 mil supuestos delincuentes fiscales franceses. Christine Lagarde, exministra de Economía, envió por su lado copias de las listas Falciani a gobiernos europeos con los que Francia había firmado tratados de cooperación en materia fiscal. Destacó España, que pronto se comunicó con el filtrador. Italia y Gran Bretaña no tardaron en manifestar su interés.
“Comprar el silencio”
Entre 2010 y 2012 Falciani colaboró desde París con la justicia estadunidense, ayudándola a desenredar e inclusive descubrir operaciones de lavado de redes terroristas y del narcotráfico realizadas por distintas sucursales de HSBC, entre las que destacaban las ubicadas en México.
Esa colaboración parece haber preocupado en grado extremo a la justicia suiza, que intentó “comprar el silencio” del filtrador. Fue por lo menos lo que afirmó Falciani en una entrevista publicada el 30 de junio de 2013 por el diario electrónico francés Mediapart.
Acompañado por sus abogados, el ingeniero en sistemas sostuvo una reunión secreta con dos procuradores federales suizos. La entrevista se llevó a cabo en Ginebra en febrero de 2012.
Falciani reveló: “Durante varias horas me expusieron su propuesta de ‘arreglo amistoso’, que me hubiera permitido salir culpable, condenado más no encarcelado, de un juicio en mi contra. En pocas palabras, me proponían enterrar el caso sin arriesgar represalias”.
Falciani sostuvo que se negó a entrar “en ese juego”.
El 11 de diciembre de 2014 las autoridades judiciales suizas dieron a conocer el resultado de sus largas investigaciones sobre Falciani: lo acusan formalmente de violación del secreto bancario y de espionaje industrial. El filtrador será juzgado en ausencia, pero aún no se conoce la fecha del juicio.
Según explicó el ingeniero en una entrevista publicada por el diario El País el 21 de abril de 2013, a mediados de 2012 sus interlocutores estadunidenses le avisaron que su vida iba a correr peligro porque el Senado de Estados Unidos se aprestaba a lanzar graves acusaciones contra HSBC.
Contó: “Me dijeron que tenía dos opciones: iniciar una nueva vida en Estados Unidos o viajar a otro lugar para ganar tiempo. Me dijeron que el único sitio seguro en Europa sería España, país que había utilizado con éxito mi informacion en casos importantes. Creían que sería poco probable que España aprobara mi extradición a Suiza. Así podría, además, seguir colaborando con la justicia de ese país”.
Falciani siguió los consejos de sus contactos del Departamento de Justicia de Estados Unidos. Llegó por barco a Barcelona el 1 de junio de 2012 y fue aprehendido de inmediato conforme a la orden de detención internacional lanzada en su contra por Suiza. Dos semanas más tarde explotó el escándalo de HSBC en Estados Unidos. El banco fue condenado a pagar una multa de 2 mil millones de dólares. Fue Falciani quien permitió identificar, entre muchos otros, a Carlos Hank Rhon como uno de los clientes de HSBC Private Bank de Ginebra.
El especialista en informática pasó casi seis meses en la cárcel de Valdemoro en Madrid, mientras la Audiencia Nacional investigaba su caso. Finalmente fue liberado en diciembre de 2012. Empezó a vivir custodiado por guardaespaldas y siguió colaborando activamente con la Fiscalía Anticorrupción española, que logró recuperar 269 millones de euros evadidos al fisco.
Desde 2013 Falciani vive entre Francia y España y siempre bajo protección. En Francia fue contratado temporalmente por el Instituto Nacional de Investigación en Informática y Automática (INRIA), importante centro de investigaciones paraestatal. Se desempeña también como asesor de autoridades fiscales de distintos países, entre ellos Argentina y la India.
Pablo Iglesias, líder del partido español Podemos, anunció el lunes 9 que le había pedido un amplio informe sobre medidas para luchar contra el fraude fiscal. Ese no fue su primer contacto con los “indignados” españoles. En mayo de 2014, Falciani presentó su candidatura en las elecciones parlamentarias europeas encabezando la lista del Partido X, sin tener mayor éxito.
Todas estas actividades internacionales y su fama mundial de “enemigo número uno” de HSBC y de sus poderosos clientes acabaron con cualquier sueño de vida serena del filtrador. Teme por su integridad física, vive custodiado, tiene poca privacidad y además le es difícil diversificar sus actividades profesionales. Sólo tiene contratos esporádicos de trabajo, según denuncia.
Poco tiempo antes de que su nombre saliera de nuevo a relucir a raíz del escándalo Swissleaks, Falciani confió a reporteros de Le Monde: “¿Qué me importa el juicio en Suiza? Ya no tengo nada más que hacer allá. Voy a dar vuelta a la hoja. Voy a pedir cambiar de nombre y desparecer para tener una vida normal”.
Un día después del escándalo aprovechó su nueva exposición mediática para mostrarse mucho más combativo y bregar a favor de los filtradores. Lo hizo en entrevista con el canal de televisión suizo RTS, pidiendo además protección física, un sistema de protección financiera, jurídica y profesional para quienes se atreven a difundir información confidencial a la que tienen acceso.
Explicó: “No soy el único en situación de ser protegido. Se necesita crear un estatuto sobre la base de mi experiencia y de los demás filtradores. Hay más personas dispuestas a hablar. Sólo esperan que haya más justicia para poder servir a la comunidad”.
Es precisamente para defenderse y exigir de las autoridades nacionales e internacionales un reconocimiento a la importancia de su labor que filtradores de distintas latitudes acaban de crear Pila, plataforma de protección dotada de una carta magna rigurosa, que empezó a funcionar en Europa y se prevé su expansión a nivel mundial.
Según William Bourdon, uno de sus principales promotores y abogado de Falciani, Pila brindará a sus integrantes –todos identificados, la plataforma no acepta miembros anónimos– asesoría jurídica, solidaridad internacional, posibilidad de difundir sus investigaciones, medios técnicos y, en caso de necesidad, lugares donde esconderse.








