Y el beisbol regresó a Guadalajara

Dos décadas de hambre fueron suficientes para los aficionados jaliscienses al rey de los deportes. Por eso han respondido a la lucha del empresario Armando Navarro Peña para revivir la franquicia local de los Charros tras 14 años de búsqueda de oportunidades y de gestiones en todos los niveles. En la temporada que acaba de concluir, la primera de su nueva época, el equipo local quedó en segundo lugar y algunos de sus integrantes están jugando la Serie del Caribe.

En la plaza futbolera por antonomasia, la de Chivas, el regreso del beisbol profesional a Jalisco tras 20 años de ausencia se convirtió en un acontecimiento. En un fenómeno.

A su regreso, el equipo Charros no sólo disputó la final contra Tomateros de Culiacán, que se coronó campeón el 26 de enero, sino que en la temporada regular (2014-2015) metió al estadio 350 mil espectadores, más que los populares equipos de futbol Atlas y Chivas.

“Es una locura. Ahora, toda la ciudad sabe que existen los Charros. La gente nos aceptó de maravilla”, dice en entrevista su presidente, Armando Navarro Peña.

Pese a que no obtuvo el campeonato, Navarro está satisfecho con el rendimiento de sus jugadores y, sobre todo, con la aceptación del público: “La gente está muy prendida; es sorprendente. Esto es 1 millón de veces mejor que el mejor sueño”, dice.

El éxito del llamado rey de los deportes en su reinicio en Guadalajara se debe, entre otros factores, a que el equipo está bien armado y a la ubicación del estadio: Zapopan, donde radica la gente con mayor poder adquisitivo de la zona metropolitana, al contrario de la sede anterior, el estadio del Tecnológico de la Universidad de Guadalajara.

De origen alteño, el abogado y empresario Navarro recuerda que el beis en Guadalajara “se vino abajo por las explosiones” de los colectores del Sector Reforma en abril de 1992, que oficialmente mató a 212 personas, pero se habló de un mayor número. La gente dejó de ir al Tecnológico, situado en la zona de la catástrofe.

En aquel entonces el priista Guillermo Cosío Vidaurri era el gobernador del estado, y su hijo, Guillermo Cosío Gaona, presidía el equipo Charros. Los tapatíos estaban heridos y no querían saber nada de esa familia. Días después de la tragedia, Cosío Vidaurri se vio obligado a solicitar licencia luego de sólo tres años en el poder.

No obstante, en 1993 se hizo un esfuerzo por conservar al equipo. Navarro, entonces su vicepresidente, contrató al Toro Fernando Valenzuela y al puertorriqueño Pedro Guerrero, pero ni ellos lograron salvar al beisbol y en 1995 el equipo fue vendido a Oaxaca.

Pero Navarro no dejó su vicio beisbolero y en 2000 volvió a gestionar el regreso de ese deporte a Guadalajara. “Me dije: ya conocí bien el beisbol, me encantó. Ya sé cómo funciona; necesito un estadio. Voy a volver. Conocí entonces a unos inversionistas alemanes encabezados por Manfred Ruth y conseguí un crédito de 300 millones de dólares para hacer un estadio con centro comercial y hotel. Conseguí 20 hectáreas en Santa Margarita, junto al Trompo Mágico. Las aportó Salvador Martín Pérez y nos dio apoyo (el exgobernador panista Francisco) Ramírez Acuña”.

Consiguió financiamiento en Credit Suisse; trajo a una compañía de Kansas City que construyó el Yankee Stadium, el de Wembley, el de San Diego. Hicieron proyectos. Contrató a Ted Turner, dueño de Bravos de Atlanta y de CNN. Pero le dio un infarto al alemán que estaba dando las garantías y todo se truncó, refiere.

“Fueron tres años durísimos. Fui de una liga a otra; recorrí todos los equipos. Tenía todo listo pero el infarto del alemán lo echó abajo. Seguí luchando y, cuando se anunciaron los juegos Panamericanos para Guadalajara, dije: esta es la oportunidad. Le pedí al gobernador que el beisbol se hiciera aquí, pero desafortunadamente decidieron hacerlo en Lagos de Moreno.”

¿Tenía mala suerte ese deporte? “Cuando anuncian el estadio Panamericano en Zapopan, dije: ahí es. Me recibió Carlos Andrade (director entonces del Code), di muchísima guerra y aceptaron dejar las dimensiones para que fuera de beisbol. Hace dos años y medio le hablé por teléfono a Omar Canizales, presidente de la Liga Mexicana del Pacífico. Su secretario me preguntó: ‘¿Quién lo busca?’ ‘El licenciado Armando Navarro, de Charros de Jalisco’ (era dueño de la marca pero no del equipo). Platicamos una hora. Me dijo: ‘Me late’.

“Vino a Guadalajara. Hicimos amistad y luché con todo para que Emilio González Márquez me diera el estadio de atletismo. Íbamos a entrar Guadalajara y Tijuana por expansión. Una hora antes de iniciar la asamblea, el presidente de la liga informa que Guadalajara quedaba fuera porque Tijuana había comprado a (el equipo de) Guasave y no había par.

“No es posible, decía para mis adentros, llevo 12 años fracasando. Me sentía como Napoleón cuando regresó de Waterloo. Recuerdo que el domingo fuimos a comer con mi esposa, mis tres hijas y mi hijo. Me dicen: ‘Papá, queremos hablar muy en serio contigo’. Me dicen llorando los cuatro: ‘¿Sabes qué? Abandona tu idea de regresar al beisbol. Fue quizás el momento más difícil de toda la historia, porque los vi sufriendo. ‘Ya has gastado mucho dinero; mejor vete a grandes ligas, a la serie del Caribe, como siempre vas, disfrútalo, pero ya olvídate de esto’.

“Yo le dije a mi hijo de 18 años: ‘Hasta en el último aliento de mi vida te voy a pedir que luches por traer el beis a Guadalajara. Yo quiero dejar ese legado; esta es una ciudad bellísima, hermosísima, pero no tiene al rey de los deportes. Yo no sé si lo voy a lograr, pero no me voy a rendir’.”

El nuevo equipo tapatío

La lucha de Navarro continuó. En la Serie del Caribe, que se jugó en Hermosillo, Sonora, en 2013, Carlos Valenzuela le presentó a su hermano, el exbanquero Arcadio Valenzuela, quien fue dueño de Naranjeros de Hermosillo. Le pidió que lo pusiera en contacto con Juan Manuel Ley para devolverle el beisbol a Guadalajara. Ley le dio cita en Culiacán para el 1 de mayo. Dispondría sólo de 17 minutos. Hablaron cuatro horas.

“El beis le fascina, es su pasión, como la mía. No había posibilidad de alguna franquicia, pero en febrero del año pasado, en la Serie del Caribe –en Venezuela–, a la que asiste ininterrumpidamente desde hace tres décadas, habló con Omar Canizales, quien le había dicho que le daba pena pero que era poco menos que imposible entrar a la LMP, que mejor le buscara por otro lado.”

Después le recomendaron que se le acercara a Enrique Mazón, presidente de Naranjeros, porque había una persona que pedía cambio de plaza. Era Jaime Castro, dueño de Algodoneros de Guasave. Éste le confió que pretendía cambiarse a Guadalajara. Le pregunta si tendría un estadio. La respuesta fue que sí, y que lo apoyaría en todo. Navarro ofreció comprarle el equipo, pero Castro no aceptó. “Yo me quiero ir de presidente, nada más quiero cambiar porque la plaza de Guasave ya no me da”, le dijo.

Vino a Guadalajara e iniciaron las negociaciones. Castro aceptó venderle a Navarro el 49%. Al final, el 8 de abril de 2014, cerraron el trato: le vendió el total de la franquicia, dice con orgullo Navarro, quien se niega a revelar el monto de la transacción.

Mantuvo el asunto en reserva hasta que la LMP aprobó la compraventa. Cuando le avisaron que tenía el visto bueno y la Liga admitía a Charros, Navarro pidió a los directivos una hora para hablar con su familia. Le dieron 35 minutos. Convocó a su esposa e hijos en un restaurante.

“Les di la noticia a mi esposa, a mi hijo y a mi hija, y por teléfono a dos que estaban en Europa. Les dije: ‘Este es un ejemplo de vida, para que nunca se rindan. ¡Nunca! Duré 14 años fracasando y recordé la pelea de Julio César Chávez contra Melvin Taylor. Iba perdiendo 14 rounds, estaba desquiciado, y al 15 ganó por nocaut. A mí me pasó lo mismo, luché 14 años. Nunca me rendí’. Yo les insisto a mis hijos: ‘nunca se rindan. Si no lo hubiera logrado, hubiera seguido luchando. Nunca hay que rendirse’.”

Vinieron los presidentes de la Liga y del Consejo, Omar Canizales y Joaquín Vega, con Juan Manuel Ley, presidente de Tomateros de Culiacán. Fueron recibidos por el gobernador. Él les confirmó su apoyo y ofreció el estadio Panamericano de Atletismo. Su gobierno correría con el costo de la adaptación, pero los empresarios se encargarían de la franquicia y del mantenimiento del inmueble.

Después, Navarro trajo a Fernando Valenzuela, a quien el cabildo municipal le entregó las llaves de la ciudad. Entonces, el nuevo propietario de los Algodoneros, convertidos en Charros, se puso a analizar al equipo y concluyó que tenía “una base mexicana muy fuerte”. Se dijo: “Tengo al mejor cátcher de la liga, Gabriel Gutiérrez; al mejor primera base y al mejor bateador de la Liga después de Adrián González. Tengo al mejor jugador, que es Manuel Many Rodríguez. Pensé: si traigo una buena base con extranjeros, este equipo va a llegar muy lejos. Le prometí al gobernador que íbamos a estar siempre entre los tres primeros lugares. Es un equipo muy competitivo”.

“Esto ya prendió”

Ya establecido el plan de negocios, el presidente de Charros comenzó a formar su equipo de ensueño. “Me fui a Estados Unidos y en ligas independientes confirmé a los extranjeros. Tenía, de las grandes ligas, a Williams de los Yanquis y a Yoslan Herrera del Anaheim. Unos días antes de iniciar la temporada, Yanquis no le dio permiso a Williams por lesión, lo quisieron cuidar. Tampoco a Yoslan, pero traje a otros buenos extranjeros”.

Por consejo de Roberto Mansur, presidente de Diablos Rojos, fichó a Manny Acosta, que jugaba en la Liga de Venezuela. Lo contrató días antes del cierre de registros, que fue el 31 de diciembre de 2013.

Ahora ya tiene a dos jugadores nativos de Jalisco: Luis Iván Rodríguez, de Ocotlán, de 17 años, es su primera firma. Luego le cambió a Venados de Mazatlán a Luis Alberto Carrión, de Guadalajara. “Ya tengo dos y quiero traerme más para el siguiente año –se entusiasma–. Después firmé a tres chamacos, entre ellos un buen prospecto que va a llegar a las grandes ligas. Es, grábate ese nombre, Humberto Castellanos, tiene 16 años y está tirando 88 millas. Está en Charros, va a la academia de El Carmen, Nuevo León”.

Ya cerca del playoff se rumoró que había jugadores inconformes con el traslado de Guasave a Guadalajara. Navarro responde: “Eso no es exacto. Lo mejor de este equipo es su unión perfecta entre presidente, mánager y jugadores. Todos están felices. Les dije que iban a estar mejor que allá y todos están encantados.

“Aquí tienen todo: les aumenté los salarios, les pago la renta –a 20 mil pesos en promedio– en departamentos amueblados, porque sólo están cuatro o cinco meses y luego van a jugar a otras partes. Con todo respeto, aquí tienen todas las comodidades y en Guasave, de donde son dos de cada 10, no. Y pueden quedarse uno o dos días cada que vamos, o pueden ir. Todos están felices.”

–Los costos, las finanzas ¿cómo andan? –se le pregunta.

–Hasta ahorita tenemos muchos ingresos y un mundo de egresos; no hemos tenido tiempo de hacer cuentas, pero las finanzas están muy sanas.

–El gobierno estatal gastó al menos 50 millones de pesos en reacondicionar el estadio Panamericano de Atletismo.

–Exactamente. Sólo en inversión; a nosotros no nos dio nada. El gobierno invirtió en su inmueble, lo adecuaron, se plusvalizó y es de ellos. Hicieron una gran inversión. Cuando lo recibimos estaba en pésimas condiciones; era una alberca. No tenía drenaje; metro y medio de agua. Dije: ¡Dios mío, va a ser un show arreglar esto! En dos o tres años habría tenido que derrumbarse, estaba muy descuidado. Sólo tenía la pista en uso. Iban 50 niños y usaban la cancha, pero lo demás no.

“Lo tenemos en comodato, yo pago todo el mantenimiento; les estoy ahorrando un mundo de dinero. Nos cuesta aproximadamente 1 millón al mes y lo vamos a mantener todo el año. El gobierno también se lo presta a Ocesa.”

Añade que ya arrancó con una escuela de beis, con 400 niños, entre ellos 160 en Lagos de Moreno, “donde tienen un estadio hermosísimo, pero lo hicieron en un lugar donde nunca va a ser redituable. No hicieron estudio de mercado”. Está a ocho kilómetros del centro y es necesario que todos los días lleven a los alumnos en camiones especiales aportados por el socio Dina.

A propósito, Navarro dice que su habilidad consistió en “jalar a un grupo de empresarios muy fuertes”, y anuncia que prepara un hexagonal en Guadalajara, del 13 al 30 de marzo, entre otros equipos con Diablos Rojos y Sultanes de Saltillo. Después, afirma, irá por la Serie del Caribe para Guadalajara, porque “esto ya prendió y no lo voy a dejar ir”.

En la Serie del Caribe que empezó el lunes 2, cinco charros refuerzan a Tomateros en la representación mexicana: Carlos Vázquez, Juan Delgadillo, Iván Salas, José Manuel Rodríguez y Márquez Jamal Smith.