Señor director:
Con el justificado y constitucional propósito de publicar mi indignación, coraje e impotencia, decido hacerlo en su revista, por supuesto con la venia de usted. ¿Por qué en Proceso? Porque desde su nacimiento, en 1976, hasta hoy, su periodismo y periodistas se desempeñan, invariablemente, con la mayor veracidad, virilidad e independencia. Es la revista que más confianza y credibilidad se ha ganado entre los lectores, pues se convirtió en el azote, látigo y cadalso de esas pestes, ébolas y flagelos sociales como la injusticia, la arbitrariedad, la corrupción, el abuso de poder, la inmoralidad y la maldita impunidad, entre otras muchas lacras, exigiendo su castigo.
He aquí una prueba de esas lacras: Hace unas cuantas semanas, la TV comentó que los senadores recibirían a fines del año pasado 450 mil pesos. Yo, en cambio, al igual que millones de mexicanos pensionados del IMSS, sólo cobramos 4 mil 500 pesos, mensualidad y aguinaldo incluidos.
Como es fácil observar, la percepción nuestra fue apenas el 1% de la que recibieron los senadores, aun cuando los pensionados tuvimos que trabajar 30 años para tener derecho a dicha pensión. ¿Cómo se puede denominar a la diferencia entre uno y otro ingreso? Yo le he puesto nombre y apellidos: Peculado democrático legal (¡qué diera lo legal por ser legítimo!). Simple y sencillamente este atropello es extraordinariamente increíble, inconcebible.
Como si tal atrocidad no fuera suficiente, desde agosto del 2013 el mesías oaxaqueño, Gabino Cué Monteagudo, nos suspendió el apoyo de 500 pesos que anunció con bombo y platillo durante su campaña en el programa Bienestar, comprometiéndose a mantenerlo hasta noviembre del 2016, según consta inconcusamente en sus tarjetas/credenciales. Que le aprovechen al góber prometedor y embustero.
Nunca ha sido más oportuno que ahora transcribir las siguientes palabras del Benemérito de las Américas: “Bajo el sistema federativo, los funcionarios públicos no pueden (ni deben) disponer de las rentas sin responsabilidad. No pueden (ni deben) gobernar a impulsos de una voluntad caprichosa, sino con sujeción a las leyes. No pueden (ni deben) improvisar fortunas, ni entregarse al ocio y a la disipación, sino consagrarse asiduamente al trabajo, disponiéndose a vivir en la honrada medianía que proporciona la retribución que la ley señala”.
En este país ocurre todo lo contrario, mientras nosotros, los de abajo, como regalo navideño y de fin de año fuimos recompensados con un miserable 4.2% de aumento al salario mínimo, el máximo, pues siempre va como el dólar, hacia “arriba y adelante”, como dijo el carretillero Echeverría.
Pobre México: Cómo te estamos dejando: convertido en una fosa común territorial. (Carta resumida.)
Atentamente
Xicoténcatl Horacio Monjardín López








