Amigos de José Emilio Pacheco eran sus lectores, recuerda

Señor director:

Me gustaría publicar en Palabra de Lector las siguientes remembranzas con motivo del deceso de José Emilio Pacheco.

En 1986, cuando el maestro Pacheco ingresa como nuevo miembro del Colegio Nacional, también comienza una relación amistosa con el Colegio de Bachilleres, adonde acudió como jurado, junto con el también escritor Eraclio Zepeda, del Concurso Poesía en Movimiento, en el que los jóvenes estudiantes presentaban adaptaciones de poemas de diferentes autores.

Como es sabido, parte de las actividades de los integrantes del Colegio Nacional es ofrecer conferencias. En el caso de José Emilio Pacheco, siempre fue un ciclo de una semana con diversos lectores, incluyendo algunos de varios estados del país. También venían otros de Canadá que viajaban para asistir a sus conferencias. Al término formábamos filas para solicitarle la firma en un libro, una revista con un poema suyo, un cuaderno escolar e invariablemente en las propias invitaciones del ciclo en cuestión:

–Por favor, maestro…

–¿Cómo te llamas?

–Lilia, maestro…

–No me digas maestro, llámame José Emilio.

Después de unos días de conferencias, varios nos acercamos, inseguros, temerosos, para invitarlo a tomar un café con nosotros. Él aceptó. La primera comida fue en La Española, en compañía del escritor Ignacio Trejo Fuentes; después fueron diversas cafeterías, alguna cantina.

Y para el cierre de un ciclo de cinco conferencias anuales, le propusimos ir a comer a una casa, con mayor disposición de tiempo y más convivencia. Tras realizarse varias comidas en casa de alguno de nosotros, se programó que en 1993 una de ellas sería en casa de quien escribe. Ya no fue posible su visita y ahí terminaron las convivencias domiciliarias con sus lectores amigos.

En noviembre de 1994 el Colegio Nacional era remozado y las conferencias fueron en la Biblioteca México de la Ciudadela; al término, fuimos a tomar café algunas noches. Uno de esos días el café se canceló y lo llevamos en carro a su casa, junto con su hija Cecilia porque José Emilio nos comentó que irían a pedirla en matrimonio.

Luego de una conferencia concurrimos en un Wings la maestra Lilia Márquez Balderas y yo. José Emilio había mencionado el tema de la Navidad esa tarde, y decidimos pedirle como regalo navideño para los estudiantes del Colegio de Bachilleres otra conferencia. Así, el 8 de diciembre de aquel 1994, con la ponencia Poesía y poética de fin de siglo, fue a celebrar las primeras cien conferencias del ciclo Conversaciones con la inteligencia en un acto denominado Cien, por ciento reseñado por el periódico El Nacional al día siguiente. (Carta resumida.)

Atentamente

Juan Villeda Hidalgo