Greenaway explica su “Eisenstein en Guanajuato”

La experiencia del realizador soviético en México Serguéi Eisenstein (1930-1931), donde dejó inconcluso el filme ¡Que viva México!, fue reducida por el mundialmente conocido Peter Greenaway a 10 días en el largometraje Eisenstein en Guanajuato, una de las dos películas con las que concursa nuestro país en las más importantes secciones de la famosa Berlinale, que acaba de arrancar en la capital alemana. La otra es 600 millas, la opera prima de Gabriel Ripstein. Ambos cineastas dan aquí pormenores de su obra.

Como socio productor del largometraje Eisenstein en Guanajuato, del conocido y polémico cineasta galés Peter Greenaway, México está presente en la Sección oficial de la 65 edición del Festival Internacional de Cine de Berlín del 5 al 15 de febrero, y el director se encuentra “muy contento” porque su filme, de 84 minutos en inglés y con el 99% de actores mexicanos, fue seleccionado.

Atento, platica en entrevista telefónica que en el filme relata las anécdotas “del genio ruso” Serguéi Eisenstein en México, ya que residió en esta nación dos años, 1930 y 1931, “y muestro una hipótesis, muy mía, de por qué no terminó la película ¡Que viva México! Yo reduzco esos dos años en 10 días en Guanajuato para la cinta”.

–¿Aborda una parte de la vida personal del también director de teatro soviético que al parecer le causó problemas en México?

–Muestro cómo este artista enfrentó los miedos del amor, sexo y muerte a través de esos 10 días, y cómo descubre su homosexualidad al conocer a un joven mexicano, que en la vida real se llamó Palomino Cañedo, con quien sostuvo un romance fugaz.

El realizador de El vientre del arquitecto, El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante y El bebé de Macon rememora su fascinación por  Eisenstein, nacido el 23 de enero de 1898 y fallecido en Moscú el 11 de febrero de 1948. Es precisamente ese día 11 cuando el largometraje (protagonizado por el actor finlandés Elmer Bäck) tendrá su premier mundial en el evento fílmico conocido como la Berlinale:

“Creo que Eisenstein es el mejor cineasta de todos los tiempos. Con su técnica de montaje manipulaba las emociones de su audiencia. Desarrolló su propia teoría del montaje e influyó a varios directores, incluso de Hollywood. Adquirió unas experiencias de vida muy importantes en México, lo cambiaron, no sólo como persona también como cineasta. Mi película es acerca de sus cambios.”

Eisenstein, quien se dio a conocer en todo el mundo con su cinta El acorazado Potemkim, enfrentó problemas con funcionarios del gobierno soviético, según escribió Emilio García Riera en Breve historia del cine mexicano:

“Viajó a Europa en 1930 para investigar sobre el sonido y un directivo de Paramount se trasladó a París y lo convenció de que firmara un contrato para rodar en Hollywood. Allí, su primer guión fue rechazado porque el mayor Frank Pease, de tendencias fascistas, lanzó un panfleto: Eisenstein, el mensajero del infierno en Hollywood.”

“No fue fácil su vida en ese país”, relata Greenaway entusiasmado.

El artista ruso llegó a México hacia 1930, con sus colaboradores Grigori Alexándrov y el fotógrafo Eduard Tissé. El novelista estadunidense Upton Sinclair le financiaba ¡Que viva México!, pero asustado por los gastos y chismes que hirieron su puritanismo socialista, no sólo retiró su apoyo: requisó el material impresionado, a decir del historiador Emilio García Riera, y con él haría varias películas de duraciones diversas. Falleció a los 50 años sin lograr dar la forma deseada a su trabajo mexicano.

“Quizás no entendamos por completo por qué este gran genio salió de Rusia, lo que sí se sabe es que cuando te vas de tu país te vuelves una persona distinta, te liberas, tomas riesgos, te comportas de una manera diferente y creo que ese fue el caso de Eisenstein. Cuando él se alejó de esa dictadura de Rusia, desarrolló nuevas ideas de su propio país y creo que esto sin duda le ayudó a cambiar a sí mismo, y los mexicanos tuvieron una revolución siete años antes de 1917”, destaca el director de 72 años.

–¿Cómo define al Eisenstein que estuvo en esos meses en México?

–Ahora podemos viajar en el mundo muy rápido, pero a este artista le tomó muchas semanas llegar a América. En ese tiempo quizá conoció a cientos y cientos de personas y eso fue muy importante para él. Antes era una aventura viajar. Eso igual lo cambió. Como un hombre arriesgado.

Un gran admirador

La idea de rodar una película sobre el director soviético le surgió, según el creador de El contrato del dibujante, cuando fue invitado de honor al Festival Internacional de Cine de Guanajuato en 2009.

–¿Siempre le interesó Eisenstein?

–Sí, desde que estudiaba pintura en los años sesenta. La primera muestra que hice se llamó Eisenstein en el Palacio de Invierno. Lo he estudiado toda mi vida, y ya es momento que le regrese lo que me ha brindado y enseñado.

–Eisenstein es un personaje muy fuerte, ¿no le impone?

–Sí, pero lo he investigado bien. Él tenía un gran sentido del humor, contaba chistes. El guión no fue difícil escribirlo, me da pena decirlo, pero no se me complican los guiones, ninguno.

–¿Qué tanto la película es ficción y qué tanto se apega a la vida real?

–Tengo que mantenerme fiel a la verdad, pero no existe la historia, sólo existen los historiadores, no puedo probar que eso sucedió, pero el publico si podría desaprobar.

–¿Qué opina de ¡Que viva México!?

–Eisenstein era un gran maestro en la edición. Este filme lo editaron otras personas, pero no eran tan genios como él, no se ve tanto la composición o la organización. La luz es muy bonita, pero se pierde el manejo que él tenía de su estructura. En el largometraje incluí algo de ¡Que viva México!

Enjuicia:

“Para mí, los dos grandes artistas visuales del siglo XX son Pablo Picasso y Eisenstein.”

Greenaway no para. Asegura que cuenta con varios proyectos para filmar en los próximos 10 años, como un cuento inconcluso del argentino Jorge Luis Borges llamado “La puta sin cara”, y otro sobre la vida del pintor neerlandés Jheronimus Bosch, entre otros.

Eisenstein en Guanajuato es una coproducción de Bélgica, Finlandia, México y Países Bajos. Los socios productores son México y Holanda. La empresa Paloma Negra Films de México, fundada por Cristina Velazco y el director Rigoberto Perezcano, es la que participa, apoyada por el Instituto Mexicano de Cinematografía, a través de Eficine 189.

Velazco detalla que la cinta tuvo un proceso de desarrollo de tres años, y se rodó en cuatro semanas a principios del 2014 con el apoyo del gobierno del Estado de Guanajuato:

“Greenaway empezó a desarrollar el guión con Holanda y este país buscó un socio para filmar la película, porque había personajes mexicanos y además México es un protagonista de la película. Amén de ser una ficción está muy apoyada en el documental. Con la Perestroika salieron a la luz muchos archivos y Greenaway, siendo fan de Eisenstein, aprovechó y realizó mucha investigación sobre su instancia en México. Se apoyó en muchos telegramas, correspondencia, escritos, dibujos, en fin, muchas cosas que Eisenstein produjo en México.”

Es un actor mexicano Luis Alberti, quien protagoniza a Palomino Cañedo:

“En la vida real era un antropólogo, genealogista y uno de los intelectuales más reconocidos en esa época. Oficialmente soy el guía de Eisenstein aquí en México, en esos 10 días que aborda Greenaway, y es la historia de lo que sucede entre Eisenstein y él, que no se cuenta oficialmente en los datos que existen sobre el cineasta ruso.”

Para él, el proyecto fue una aventura muy emocionante:

“La experiencia fue de mucho aprendizaje. Para empezar nunca había trabajado un personaje tan grande, con tanto peso, tampoco con un director así, de mucho renombre. Nunca se meten con uno porque dan por hecho que eres un actor profesional, sólo te pide lo que necesitas y ya uno ve cómo le hace. Sabemos que Eisenstein tuvo problemas de dinero con la producción porque se fue, pero no sabemos qué pasó, esa relación resultó escándalo, se descubrió hacia el final de su estancia en México. Tuvo esta relación varios meses y Peter la reduce a diez días y la ubica en Guanajuato. Sabemos que viajó por distintas partes, pero por el poco financiamiento para el filme no se viajó.”

Y se despide con un desparpajado “a ver cómo nos va en Berlín”.