La propuesta curatorial de la exposición Itinerario de Hernán Cortés, del Centro de Arte Canal, de Madrid, es para el historiador Felipe I. Echenique March “totalmente ideológica”, primero porque no se puede hablar de una “España” en los siglos XV y XVI y porque no hay una “leyenda negra” del conquistador sino los cruentos hechos que él mismo relató en sus cartas.
Lo que hoy es España, desglosa, no era entonces una unidad político-social-cultural, sino distintos reinos asentados en un territorio al cual se conoció desde la época de los romanos como Hispania y cuyo nombre derivó en España. No hubo una “reconquista” de Granada como lo plantea el curador Martín Almagro-Gorbea, sino el despojo de muchos pueblos musulmanes.
Echenique difiere como el especialista Samuel Máynez (Proceso, 1994), del término “encuentro”, en el cual “tuvo mucho de culpa Miguel León-Portilla con la discusión en los 500 años (de 1492)”. Recuerda que Cristóbal Colón, el propio Cortés y otros conquistadores como Gaspar Pérez de Villagrá usaron la palabra “toparse”, que describe mejor el hecho:
“Y una vez que entran en relación con los grupos originarios viene la exigencia de la rendición a la palabra de Dios y al monarca español. El contacto con los hombres y la sociedad se convierte de inmediato en un acto de conquista y sumisión.”
Respecto de la propuesta de evaluar la figura de Cortés “historiográficamente”, “sin maniqueísmos”, pues no fue héroe ni villano, el especialista de la Dirección de Estudios Históricos del INAH, sostiene:
“No hay ‘leyenda negra’, Cortés mismo escribió en sus Cartas de Relación las atrocidades que cometió con los aborígenes: Cortarles las narices, las manos. Él lo narra, nadie se lo endilgó.
“Decir que se deben ampliar los horizontes, es querer borrar el acto de conquista. Y ojalá lo pudiéramos resolver, el problema es que los bancos BBVA y Santander, que son españoles, y las industrias eólicas, que vienen de España (y ni siquiera piden permiso a las comunidades indígenas), llegan en el mismo plano de conquista. Hay que ver cómo siguen llevándose el dinero y las utilidades a España, no dejan nada en México.”
Aclara que no se trata aquí de una confrontación de pueblos, sino de reconocer “un actuar de una élite española contra otro pueblo” y subraya:
“La historia no se resuelve con una propuesta museográfica que intente ir más allá del individuo, con horizontes nuevos”, sino con el reconocimiento de que no deben seguir existiendo esas conductas colonialistas de sometimiento al pueblo.








