Los conceptos que sostienen la exposición Itinerario de Hernán Cortés –primera muestra sobre el conquistador montada en España en toda la historia–, expresados por su comisario Martín Almagro-Gorbea en entrevista con nuestro corresponsal Alejandro Gutiérrez, motivó la intervención de los especialistas Patrick Johansson, Luis Barjau y Samuel Máynez Champion para refutarlo. Ahora habla el historiador Rodrigo Martínez Baracs.
Al inicio de su amplio estudio sobre Hernán Cortés (de mil páginas y cuatro tomos de documentos), publicado en 1990 por el Fondo de Cultura Económica y la Universidad Nacional Autónoma de México, José Luis Martínez cita a Octavio Paz, quien advirtió:
“Apenas Cortés deje de ser un mito ahistórico y se convierta en lo que es realmente –un personaje histórico–, los mexicanos podrán verse a sí mismos con una mirada más clara, generosa y serena.”
Lo recuerda ahora el también historiador Rodrigo Martínez Baracs al hablar de la exposición Itinerario de Hernán Cortés, montada en Madrid, España, por Martín Almagro-Gorbea, y que ha provocado un debate en estas páginas (Proceso, 1992-1994).
Investigador de la Dirección de Estudios Históricos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), Martínez Baracs evalúa si es posible revisar al personaje desde una perspectiva meramente “historiográfica”, sin maniqueísmos.
Considera que más allá de la “vieja disputa entre indigenistas e hispanistas”, sí hay la necesidad de un acercamiento historiográfico. Recuerda que su padre buscó dar en su libro Hernán Cortés “una visión completa, informada y equilibrada del personaje”. Evoca a Manuel Orozco y Berra también citado en el volumen:
“Nuestra admiración para el héroe; nunca nuestro cariño para el conquistador.”
Esa visión historiográfica equilibrada, dice, es ahora la norma en el medio académico, pero no había sido llevada a un museo, de ahí la novedad de la exposición Itinerario de Hernán Cortés. Celebra este tipo de muestras y expresa su deseo de que pronto sea posible una similar en México, sobre todo ahora que se acerca el quinto centenario de 1519, año en el cual inició Cortés su viaje a México, aunque “tal vez todavía no hemos madurado como pueblo para discutir con serenidad sobre la Conquista, que fue la verdadera fundación de nuestro país”.
Aunque considera que Cortés tuvo un papel importante en el llamado Encuentro de Dos Mundos, aclara que no fue su “artífice”, pues 27 años antes, en 1492, Cristóbal Colón vino a estas tierras “sin saber que había llegado a un cuarto continente”. Con ello “inició un proceso fundamental que continuó después de la caída de Tenochtitlan y hasta nuestros tiempos”.
En cambio considera acertada la comparación –hecha desde el siglo XVI, dice– que el curador de la muestra hace de Cortés con Alejandro Magno. Y abunda:
“La comisión mexicana organizadora de la Conmemoración del Quinto Centenario en 1992, que dirigió Miguel León-Portilla, defendió este concepto de Encuentro de Dos Mundos. Pero a diferencia de lo expresado en la entrevista de Proceso, el Encuentro no fue sólo de dos continentes, Europa y América, sino de dos ‘mundos’, Europa-Asia-África y América, que habían permanecido aislados uno del otro durante milenios, antes de entrar en contacto en 1492.”
Enfatiza:
“Este es el acontecimiento más importante de la historia americana, y mexicana en particular, y produjo en el continente americano una gran revolución, en primer lugar tecnológica y bacteriológica, que afectó, para bien o para mal, todos los aspectos de la vida humana, no en un momento, sino a lo largo del tiempo. Vale la pena reflexionar sobre este proceso.”
Cuando se le pregunta si puede evaluarse a Cortés sin tomarlo por villano, pese a los abusos que la historia le atribuye, responde que sus tropelías no fueron mayores que las de cualquier otro conquistador “o político”, ya fuese en el Viejo o el Nuevo Mundo. Afirma incluso que Cortés “ensayó una conquista pacífica del imperio mexica”, aprovechando una política de alianzas que ya había ensayado en la reconquista ibérica, pero lo echó a perder en 1520 Pánfilo de Narváez, “mandado contra él desde Cuba por el celoso Diego Velázquez”.
Naturaleza humana
Martínez Baracs detalla que luego de la conquista Cortés pensó en una explotación “moderada que permitiera una convivencia pacífica y mutuamente benéfica de indios y españoles”. Se trataba de evitar la casi extinción de la población indígena ocurrida en las Antillas por la sobreexplotación y las epidemias llegadas de Europa.
Almagro-Gorbea sostiene que la colonización es natural en el ser humano y es por tanto parte de la historia de la humanidad. Martínez Baracs coincide en el “carácter religioso y guerrero de la mayor parte de las sociedades humanas desde los tiempos más remotos”. Menciona a manera de ejemplo la lucha de españoles contra musulmanes para recuperar la península ibérica y la de los propios imperios en América:
“Las guerras mesoamericanas eran bastante cruentas e incluían la tortura y ejecución sacrificial de los prisioneros y la antropofagia. Así hemos sido los humanos, pese a que hoy tratemos de superar esta bélica condición, con escasos éxitos y muy grandes peligros, debido a los avances de la tecnología destructiva.
“Por cierto, suena muy atractivo lo que cuenta Fernando Arlandis de la sala de la exposición sobre la tierra natal de Cortés, Extremadura, que vivió la dominación romana, la visigótica y la musulmana.”
–¿Es posible superar el hecho de la conquista y verlo con perspectiva historiográfica, cuando la población originaria fue masacrada, avasallada, despojada de sus propiedades?
–Se ha calculado que la población originaria de México en 1519 era de unos 25 millones de personas y que para mediados del siglo XVII era de un millón, tras lo cual inició una lenta recuperación. Es claro que los españoles no mataron a 24 millones de personas.
Explica que la causa fundamental de la catástrofe demográfica fueron las epidemias introducidas, sin saber, por los conquistadores. En México sobrevivió un millón, “lo cual no es poco, y es la base de nuestro mestizaje, que se produjo de diferentes maneras en diferentes lugares y momentos”.
Destaca que a diferencia de Estados Unidos, donde “se exterminó a la población originaria y los europeos se hicieron self made men el régimen español se basó en la explotación de los indios, lo cual exigió su mantenimiento en vida. Ciertamente nos heredó los vicios técnicos y morales de una indignante estratificación socioétnica, los de arriba y los de abajo, viva dos siglos después de la Independencia”.
Pero, en su opinión, la población originaria fue avasallada por los españoles, tanto más o tal vez menos que como estuvo antes de la Conquista. No es seguro tampoco, agrega, “que la vida de los indios hubiese sido peor que la de los siervos castellanos en sus aldeas. En todo caso, la situación de los indios de México empeoró y fueron más acosados a partir de la Independencia, cuando perdieron la categoría de ‘indios’ y el control de sus pueblos y sus tierras, lo cual dio lugar a una situación mucho más violenta”.








