Usualmente las películas independientes de bajo presupuesto quedan confinadas a un público reducido, y esto aunque la crítica emprenda cruzadas imposibles para promoverlas, justificar su contenido y señalar su novedad. Con Boyhood: momentos de una vida (Boyhood; E.U. 2014), sucede lo contrario, pese a un formato simple y casi documental, alejada del sensacionalismo del Blockbuster, la cinta de Richard Linklater se ha ido imponiendo tanto a nivel masivo (mainstream) como en círculos especializados; los Globos de Oro recibidos lo confirman, y los Óscar no se quedarán atrás.
Mason (Ellar Coltrane) tiene 6 años, y su hermana (Loralei Linklater) un par de años mayor, viven con su madre divorciada (Patricia Arquette); el padre (Ethan Hawke), una especie de Peter Pan, capaz de mantener vivo el contacto con ellos. La publicidad y los comentarios se han encargado de divulgar lo que, en realidad, debería ser sorpresa para el espectador, que Boyhood… se rodó de manera intermitente a lo largo de 12 años, y que los mismos actores interpretan a una familia con dos hijos de padres separados; y que por lo tanto se les ve crecer y madurar en el transcurso de la cinta, en poco más de tres horas.
Es notable la unidad y coherencia narrativa, como si el tiempo no hubiera hecho más que afianzar los lazos entre los actores. La decisión del realizador de eludir los momentos grandiosos, como bodas y rupturas, para acentuar lo evanescente, cambios de casas, marcas del crecimiento en la pared, una salida al campo con el padre, o un traumático corte de pelo –pequeños tropiezos que van formando la personalidad–, le permite transmitir la sensación de la vida como un flujo. Conocido por su trilogía de Después del amanecer, donde expone su obsesión por captar el paso del tiempo en sus personajes, el director no esconde su devoción por Ozu; si existe ahora algún cineasta que haya incorporado en su trabajo la poesía del maestro japonés del arte de la evanescencia, éste es Linklater.
Cierto que hay aspectos en el rodaje que pueden atribuirse a la buena suerte, como la disponibilidad de contar con actores dispuestos a seguir al realizador en un proyecto tan largo e incierto, o que los chicos, al crecer, dieran prueba de un auténtico talento; aquí el mérito de director habrá sido enzarzar el material, incorporar las elipsis todo lo que no se ve pero se supone que pasó, y captar el ritmo de la vida americana, la de su natal Texas, para concentrarse en lo que conoce, de manera simple y directa.
Y justamente en lo que respecta al American Way of Life, donde a un chico de quince años lo festejan con el regalo de una escopeta, de manera tangencial Linklater demuestra toda una tesis: la familia de Boyhood… es una familia disfuncional que funciona. No es difícil reconocer en la madre (que interpreta Patricia Arquette) a la mujer condenada a toparse con un hombre lastimado, ya sea el padre de sus hijos u otros tipos rígidos y alcohólicos; no es casualidad que uno forme parte de la universidad y otro haya peleado en Iraq. ¿Es la mala suerte de ella o es un estado de cosas? Modelo para estudios feministas, esta mujer estudia y sostiene a sus hijos, el apoyo masculino es endeble. En sentido contrario a la imagen de Hollywood, aquí no hay valientes que la rescaten.








