Todo lo que una maleta nos puede inspirar, todo lo que una maleta puede provocar en una pareja y las posibilidades de crear situaciones dramáticas alrededor de la misma, es lo que el dramaturgo Alberto Castillo (1969) nos propone en su obra Exceso de equipaje, estrenada el pasado martes en el Teatro la Capilla bajo la dirección de Pilar Cerecedo y los actores Miguel Conde y Romina Coccio.
Se trata de 15 microdramas ligados con habilidad por la directora, y se suceden uno tras otro sin que el interés disminuya y sin que la risa de los espectadores salte a cada momento. El autor propone de dos a tres, o más actores interpretando a los personajes A o B, Él o Ella, siendo relaciones entre hombre-mujer o del mismo sexo. En esta puesta en escena, son Él y Ella los que interpretan todas las escenas, y Romina Coccio y Miguel Conde cambian de personalidad en un abrir y cerrar de ojos con algún elemento extra de vestuario o utilería; pero sobre todo con una clara interpretación diferenciada de cada personaje al que encarnan. Son distintos, pero a veces podemos relacionarlos; son distintos, pero todos con una fibra humana verosímil. Miguel Conde y Romina Coccio matizan, expresan con un guiño, una pausa o un énfasis en sus parlamentos, las emociones que quieren transmitir a los espectadores y ellos lo reciben compenetrados en la situación.
Para Alberto Castillo las relaciones hombre-mujer, en el caso de esta propuesta, no están determinadas por el género sino por las relaciones de poder o empatía que se genera en cualquier relación. Es gratificante observar cómo el vínculo es intercambiable y no la clásica relación de sometimiento de un Él sobre una Ella. Ingeniosamente, el autor se pone el reto de construir los microdramas a partir de una maleta y afortunadamente sale airoso al respecto. Consigue darle un sinfín de usos y dotarla de una dramaticidad impresionante.
La maleta puede ser motivo de un pleito de pareja, o significar la llegada de una novia a la casa de su novio porque ha decidido irse a vivir con él. También puede utilizarse para marcar un estado de tránsito en un tren o utilizarla como medio de expresión; como cuando con los ruidos que se hacen con una maleta una mujer dialoga hasta tomar una decisión drástica. En el remate final de la obra, Alberto Castillo abre la puerta a una reconsideración de la vida de cada quien e invita a la transformación.
Exceso de equipaje tuvo una primera temporada en el Trolebús Escénico del Parque México, que ahora desgraciadamente ha desaparecido. En un teatro, los retos se transforman y con un dispositivo escenográfico sencillo y práctico, Hasam Díaz lo resuelve, no así el diseño de iluminación que es plano sin posibilidad de crear atmósferas y claroscuros. La música tampoco ayuda a la propuesta para dar matices o hacer énfasis dramáticos, pero el trazo escénico y el movimiento corporal de los actores guiados por la directora, saltan el obstáculo y construyen la obra “por sus pistolas”.
Alberto Castillo explota su cualidad humorística que había tenido ya en otros montajes como El Edipo imaginario o Tríptico perverso. A su humor ácido y juguetón lo acompaña su capacidad para crear situaciones dramáticas, siempre con el hilo tenso, con sorpresas en cada uno de los microdramas y un atinado sarcasmo hacia las relaciones de pareja.
Exceso de equipaje es un divertimento escénico que se presenta todos los martes hasta el 7 de abril, donde además de hacernos reír con ganas, contiene una crítica aguda a los mecanismos del micropoder que se ejerce en cualquier relación de dos.








