La enigmática muerte del fiscal Nisman

Mientras más se indaga en la muerte del fiscal argentino Alberto Nisman, más dudas surgen. Apareció el domingo 11 con un balazo en la cabeza dentro de su departamento, tres días después de que pidió indagar a la presidenta Cristina Fernández por “encubrir” a cinco iraníes acusados de orquestar el ataque contra la AMIA en 1994, y un día antes de que se presentara al Congreso a explicar su denuncia. Las sospechas apuntaron a Fernández, quien por Facebook  señaló que el homicidio era una operación contra su gobierno. En medio de las especulaciones apareció una figura oscura: Antonio Stiuso, agente de inteligencia cercano a la dictadura de los años setenta y  quien asesoraba al fiscal.

Buenos Aires.- “Yo puedo salir muerto de esto”, había declarado el fiscal Alberto Nisman al diario Clarín el sábado 17 de enero.

Tres días antes su pedido de indagatoria contra la presidenta Cristina Fernández de Kirchner desató un enorme revuelo. Nisman estaba a cargo de la investigación del atentado terrorista contra la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA), perpetrado el 18 de julio de 1994 con saldo de 85 muertos y más de 300 heridos.

El fiscal acusaba a la primera mandataria de supuesto encubrimiento de los cinco exfuncionarios iraníes a quienes la justicia argentina culpa del ataque. Nisman debía presentarse el lunes 19 ante la Comisión de Legislación Penal del Congreso para explicar detalles de su denuncia. Un día antes, sin embargo, el presagio sobre su propia muerte se hizo realidad.

Signos contradictorios

Nisman tenía 51 años y dos hijas –una de 15 y otra de siete años– producto de su matrimonio, disuelto en 2012, con la juez Sandra Arroyo Salgado. El fiscal vivía solo en un departamento del piso 13 de una torre del exclusivo barrio Puerto Madero. Diez policías federales se turnaban para su custodia. Por órdenes suyas, los escoltas debían permanecer en el recibidor del edificio.

La tarde del domingo 18, después de intentar comunicarse con el fiscal a lo largo de 10 horas, un escolta llamó a su puerta. Nadie respondió. En el suelo estaba todavía el periódico de la mañana. Tras consultar a la secretaria de la fiscalía, el escolta llamó y pasó a buscar a la madre de Nisman, quien tenía copia de las llaves del departamento, aunque no conocía la clave de acceso de la puerta principal.

Para poder entrar por la puerta de servicio fue necesario, pasadas las 22:00 horas, el trabajo de un cerrajero. La madre había abierto con su llave una de las cerraduras. Con la segunda, el cerrajero necesitó empujar un poco la llave puesta del lado de adentro, ya que la puerta estaba abierta. El miércoles 21 se supo, además, que un pasadizo para los equipos de aire acondicionado unía, mediante puertas metálicas, el departamento de Nisman con el de su vecino.

Adentro todo estaba en su lugar. Nisman era conocido por su apego al orden. Nunca descuidaba su imagen. Jugaba tenis. Se había sometido a un retoque facial. Sobre su escritorio se desplegaban las carpetas con los documentos que pensaba presentar ante los diputados. Párrafos y frases habían sido resaltados con un marcador amarillo.

Un custodio avanzó junto a la madre del fiscal hasta la habitación. En el baño contiguo un cuerpo inerte bloqueaba la puerta. La fiscal Viviana Fein llegó pasada la medianoche. La presencia en el lugar del secretario nacional de Seguridad, Sergio Berni, anterior a la llegada de los representantes de la justicia, es motivo de suspicacia.

El cuerpo del fiscal presentaba un solo disparo, en la sien derecha, y “sin intervención de terceras personas”, según el informe del Cuerpo Médico Forense. Una pistola Bersa calibre .22 fue encontrada bajo su cabeza. Nisman se la había solicitado el sábado –“por seguridad”– a uno de sus asistentes. El informe de la División Rastros descartó que alguien hubiera podido acarrear o acomodar el cuerpo dentro del baño, para después salir dejándolo contra la puerta.

En el barrido electrónico realizado sobre las manos del fiscal no se encontraron vestigios de pólvora. No se halló ninguna carta de despedida. Sí una nota para la empleada doméstica con la lista de compras para el día siguiente.

Políticamente la muerte de Nisman perjudica al gobierno. El lunes 19 por la noche, en Buenos Aires y otras ciudades, grupos de manifestantes exigían el esclarecimiento de la muerte. Desde los medios opositores se criticó el “apuro” del gobierno por señalar que se había tratado de un suicidio. Se resaltó el carácter político de la muerte, cualquiera que haya sido su causa. La carátula del expediente consigna una “muerte dudosa”.

El jueves 22, a través de su cuenta en Facebook, Cristina Fernández sugirió que Nisman había sido asesinado. “El suicidio (que estoy convencida) no fue suicidio”, escribe. “Lo usaron vivo y después lo necesitaban muerto”, agrega. Sostiene que la denuncia de Nisman “se derrumbaba a poco de andar” y que “la verdadera operación contra el gobierno era la muerte del fiscal”. No aportó precisiones acerca de los supuestos responsables. Días atrás el gobierno había tildado la denuncia del fiscal de “ataque iné­dito” y de “disparate”.

Diversos funcionarios sugirieron una venganza orquestada por el recientemente desplazado jefe de Operaciones de la Secretaría de Inteligencia, Antonio Stiuso, y por un sector del Poder Judicial. Por orden de Cristina Fernández el lunes 19 se autorizó la desclasificación de los archivos de la Secretaría de Inteligencia referidos a la denuncia.

Un día más tarde la Corte Suprema de Justicia hizo públicos los 350 folios de la denuncia presentada por Nisman.

Entre espías

Sobre los escombros todavía humeantes de la AMIA comenzó una trama de encubrimiento que incluyó testigos falsos y destrucción de evidencias. La hipótesis defendida a ultranza por el gobierno del entonces presidente Carlos Menem, las propias organizaciones judías y el juez interviniente, Juan José Galeano, sostenían que el atentado había sido realizado con un coche-bomba por una célula de Hezbolá apoyada por Irán.

Esta versión fue acordada “hace más de 20 años por los gobiernos de Israel y la Argentina, con el respaldo de Estados Unidos, cuando aún no había terminado la remoción de los escombros: acusar a Irán y no investigar la participación de Siria”, sostuvo el diario Página 12 en su edición del domingo 18.

El fracaso de la justicia para investigar el atentado fue estrepitoso (ver recuadro).

En 2005 el entonces presidente Néstor Kirchner puso a Alberto Nisman al frente de la Unidad Fiscal de Investigación, para una causa que se hallaba en vía muerta. “Pibe –le dijo Kirchner–, vos vas a trabajar junto con éste”. Se refería al espía Antonio Stiuso.

Conocido en el medio como Jaime o El ingeniero, Stiuso (o Stiles) ingresó al servicio de inteligencia en 1972, durante la dictadura. Fue convirtiéndose en el hombre fuerte de la inteligencia argentina, a quien políticos y jueces temen. Sabe casi todo de casi todos.

Desde un primer momento, a tono con el espía, Nisman avaló la línea de investigación sobre la “pista iraní”, en desmedro de la “pista siria”. En 2006 la justicia argentina acusó al gobierno iraní de haber planeado y financiado el atentado.

En 2007 la Interpol libró circulares rojas, de máxima prioridad de búsqueda y captura, contra cinco exfuncionarios iraníes a quienes el fiscal acusaba por el atentado. Cristina Fernández exigió su extradición en la Asamblea General de la ONU en 2009.

Stiuso exhibía contactos aceitados con los servicios de inteligencia israelíes y estadunidenses. El jefe de los espías le acercaba a Nisman la información en crudo y el fiscal evaluaba la factibilidad de convertirlo en prueba.

“A mí no me manejó ni Stiuso ni nadie. Las decisiones las tomo yo y son exclusivamente mías”, dijo Nisman al canal Todo Noticias el jueves 15.

Numerosos cables de la embajada de Estados Unidos en Buenos Aires, recopilados en el libro Argenleaks (Sudamericana, 2011), de Santiago O’Donnell, revelan algo diferente. Nisman recibía instrucciones de funcionarios estadunidenses. “Los oficiales de nuestra Oficina Legal le han recomendado al fiscal Alberto Nisman que se concentre en los que perpetraron el atentado y no en quienes desviaron la investigación”, señala un cable del 22 de mayo de 2008. Los estadunidenses no querían que la investigación se apartara de la “pista iraní”.

Denuncia y muerte

En 2003, como integrante de la Comisión Bicameral de Seguimiento de los Atentados del Congreso, la entonces senadora Cristina Fernández sostenía que había que buscar en Siria la conexión internacional del atentado.

A partir de 2010, con Cristina ya presidenta, el intercambio comercial entre Argentina e Irán fue resurgiendo. En enero de 2013 el gobierno negoció el Memorándum de Entendimiento con Irán. El juez de la causa AMIA, Rodolfo Canicoba, podría interrogar en Teherán a los funcionarios iraníes imputados. Se crearía, asimismo, una Comisión de la Verdad. Entre los familiares de las víctimas hubo apoyos y rechazos. Las entidades judías, al igual que el fiscal Nisman, se manifestaron en contra.

En mayo de 2014, la justicia argentina declaró la inconstitucionalidad del acuerdo.

En julio de 2013 Nisman presentó ante el Congreso Judío Latinoamericano un informe en el cual denunciaba que Irán montaba desde los años ochenta una red terrorista en América Latina. Irán desestimó sus acusaciones y lo tildó de sionista.

El 17 de diciembre de 2014 Fernández removió la cúpula de la Secretaría de Inteligencia. Entre los desplazados estaba Stiuso. El fiscal perdía de este modo el apoyo de un espía al que veía casi todos los días.

Nisman salió hacia España el pasado jueves 1. Tenía vuelo de regreso el viernes 23. Su hija mayor, que lo acompañaba, había cumplido 15 años y el viaje era su regalo. Pero Nisman regresó solo el lunes 12.

“Debí suspender intempestivamente mi viaje de 15 años a Europa con mi hija y volverme. Imaginarán lo que eso significa”, escribió el fiscal en un mensaje de WhatsApp dirigido a sus amigos. “Pero a veces en la vida los momentos no se eligen. Simplemente las cosas suceden –continúa–. Y eso es por algo. Esto que voy a hacer ahora igual iba a ocurrir. Ya estaba decidido. Hace tiempo que me vengo preparando para esto, pero no lo imaginaba tan pronto”.

El miércoles 14, en pleno periodo vacacional del Poder Judicial, el fiscal presentó su denuncia. Durante su viaje le habría llegado información de que el gobierno quería apartarlo de la causa.

Desde el gobierno, por el contrario, se cree que a Nisman se le “ordenó” volver al país. La hija del fiscal debió esperar tres horas sola, en el aeropuerto madrileño, la llegada de su madre, quien también se hallaba de vacaciones en Europa. Se sugiere que Nisman recibió a su llegada una “carpeta armada” por Stiuso.

El malogrado fiscal acusó a Cristina Fernández de idear un plan para “fabricar la inocencia” de los cinco exfuncionarios iraníes supuestamente implicados en el atentado. La imputación alcanza al ministro de Exteriores, Héctor Timerman, y a otros tres políticos alineados con el oficialismo.

El pedido de indagatoria se basa en escuchas telefónicas de las cuales se desprendería que el gobierno pactó –mediante una “diplomacia paralela” formada por un reducido grupo de operadores– un acuerdo comercial con Irán a cambio de dar de baja las circulares rojas de la Interpol que pesan sobre los cinco acusados. El acuerdo no se habría logrado, sostuvo Nisman, pues la Interpol no retiró las circulares.

El fiscal dio profusas entrevistas a canales y diarios. “Se le notaba hiperkinético, verborrágico, con párrafos extensos llenos de subordinadas”, dijo el diario La Nación el martes 20.

Sus afirmaciones fueron desmentidas de manera lapidaria por el entonces secretario general de la Interpol, Ronald Noble: “Lo que dice el señor Nisman es falso”, escribió por e-mail al canciller Timerman el viernes 16. “Jamás hubo una sugerencia o gestión para que se levantaran las capturas con alertas rojas. Todo lo contrario”, sostuvo.

Para el juez de la causa AMIA, Rodolfo Canicoba, la denuncia de Nisman “tiene escaso o nulo valor probatorio. Es información de inteligencia”.

La fundamentación de su denuncia podría haberse convertido para Nisman en un trago amargo, pero quitarse la vida por esta razón parece improbable.