Del pintor José Hernández
Señor director:
Le agradeceré publicar esta contribución, compuesta de palabras y de imagen.
Partió el símbolo del periodismo, Julio Scherer, dejando un legado y un ejemplo para los presentes y futuros periodistas, y aunque dicho vacío es irreparable, debe continuarse su lucha, que abrió paso a un periodismo libre a pesar de la opresión gubernamental de los años 70 que controlaba a los medios.
Se fue aquel que hacía temblar los cimientos de la política por buscar la verdad y la transparencia. Ese era su trabajo intachable y muchas veces polémico, obsesionado como estaba por desnudar al poder y sus injusticias, las cuales vivió y denunció abiertamente en Proceso hasta su partida.
Gracias, Julio Scherer García, por enseñarme la verdad, aunque no pocas veces fue muy dura y dolorosa.
Atentamente
José Hernández
Pintor plástico
De Julio Figueroa
Señor director:
Le solicito atentamente un espacio para esta reflexión colectiva sobre la muerte de Scherer y su último reportaje: Morir a tiempo, que incluye las preguntas a la maestra Gordillo y la conciencia del periodista.
–¡Todo el Proceso 1993 dedicado a Julio Scherer García, 1926-2015! / Cumplida la profecía de Becerra Acosta: Proceso es el mausoleo de Scherer. ¡Oh! / ¿Pues qué otra cosa se podría esperar? / Scherer era Proceso y seguirá siendo Proceso. / El suplemento R de Reforma dedica su portada a Scherer, y tres retratos. / Y La Jornada Semanal se ocupa del acto de fe de Vicente Leñero. / Lo que dicen todos –los compañeros, amigos y colegas–, Leñero y Scherer se fueron juntos. / Último reportaje de Julio Scherer, su reportaje sobre su alma: Morir a tiempo. / Y las preguntas a la profesora Gordillo en el penal. / Todo en el Proceso número 1993 del domingo 11 de enero de 2015. / Y las experiencias vitales de un buen puñado de personas en torno a su nombre. / Crece la lista de nuestros muertos y estamos en la fila. / Tiempo cumplido, tiempo reporteado. / La historia sigue su curso. / La muerte es la abolición total de la conciencia. / Queda la vida en las palabras, las obras y los gestos. / Y el periodismo floreció y se hizo árbol, bosque, libros, periódicos, revistas, mural de palabras. / Hay muertes envenenadas. / La muerte de Scherer nos ha enriquecido todavía más. / Gracias.
Atentamente
Julio Figueroa
Querétaro, Qro.
De Guillermo Zamora
Señor director:
Le solicitó publicar las siguientes líneas en Palabra de Lector.
Privilegio en el periodismo fue haber sido reportero de Proceso bajo la dirección de Julio Scherer y Vicente Leñero. Firmes en las buenas y en las malas con nuestra revista. ¡Ahora y siempre!
Atentamente
Guillermo Zamora
De Raúl Hernández Rivera
Señor director:
Me gustaría colaborar en Palabra de Lector con estas remembranzas.
Los domingos descansaba el ayudante de don Julio. El director de Excélsior (aquel Excélsior) lo primero que pedía era el reporte de suscripciones y del tiraje final. Invariablemente requería un cuartito de leche… “la úlcera me está matando, mi hermano”.
Pregunté: “¿Para qué le sirven los reportes de suscripciones y del tiraje, don Julio?”.
Levantó la mirada y me dijo: “Vente a la hora en que decidimos el contenido de la primera plana”.
“Todo Excélsior es primera plana (según rezaba el anuncio publicitario)”, repliqué.
Sólo me miró, no contestó.
En la redacción del tercer piso en Reforma 18 se acumulaban los boletines oficiales. Algunos reporteros abrían los sobres cuyo contenido iba al cesto de la basura. Todos llevaban buen material. No recuerdo un mal reportero de aquel Excélsior… todos, o casi todos, seguían la batuta de don Julio: todo un periodista, completo.
En 2001 me ofrecieron regresar a lo que quedaba del otrora “uno de los 20 periódicos más importantes del mundo”. No quedaban ni las cenizas. Los cooperativistas se creían dueños… y se robaban hasta las manijas de las puertas, las llaves de agua de los baños. En un reportaje de Canal Once, un cooperativista declaró: “Antes le quitabas una pluma al tecolote (el logotipo del periódico) y le salían cien más; hoy casi ya no tiene plumas”.
No lo podía creer. Los mismos que decían que la debacle del periódico era culpa de los periodistas como don Julio, no se daban cuenta de que mientras duró esa inercia, los cómplices de Luis Echeverría, empezando por Regino Díaz Redondo, habían amasado una gran fortuna. Ellos, los cooperativistas, recogían (y se robaban) sólo las cenizas.
Pudo haberse rescatado dicho periódico si esos “dueños” se hubieran percatado de la importancia de un medio de comunicación escrita como Excélsior, dirigido y administrado por el sector social de la economía. El cooperativismo, sólo de etiqueta, hacía prevalecer el gran trabajo que don Julio había desplegado desde que asumió la dirección general en 1968. En ocho años, don Julio construyó lo que a los carroñeros les tomó 25 años en destruir.
Excélsior, en 2001, tenía suscriptores de más de 50 años. Varios de ellos llamaban para renovar su suscripción, pero no eran atendidos. Una señora de más de 80 años llegó a Reforma 18 en limusina y exigió que la recibieran. Su difunto esposo le había dicho: “Debes conservar la suscripción de ese periódico, quizás algún día regrese don Julio”.
No la atendieron. Estaba el plantón de los “Azules” (el grupo disidente al Consejo de Administración que había sacado a Regino) en la puerta, muy violentos.
No había nada que hacer.
Poco después de que don Julio asumió la dirección general de “el periódico de la vida nacional”, leí La piel y la entraña. Desde ese entonces entendí lo que don Julio nos enseña involuntariamente: el testimonio de los hechos.
¡Me queda (nos queda) tanto de lo aprendido con don Julio en ese Excélsior que él edificó, en la revista Proceso que él fundó y en sus libros! Ahí está lo escrito, lo publicado, en el papel… en la piel y la entraña.
Gracias, don Julio.
Atentamente
Raúl Hernández Rivera
Director de El Barlovento
elbarlovento@gmail.com
https://elbarloventocomercioexterior.blogspot.mx/
De Javier Soberanes Romero
Señor director:
Desde Palabra de Lector, y muy respetuosamente, permítaseme sugerir al señor rector de la Universidad Nacional Autónoma de México, José Narro Robles, que el Consejo Universitario analice la posibilidad de crear la “Cátedra Julio Scherer García”, en coordinación con la Dirección General de Proceso, para justipreciar la aportación de vida y obra de don Julio en las materias periodística y literaria, sin duda ejemplar e inspiradora, que nos permitiría encontrar y entender la realidad del México de ayer y hoy.
Si ya don Julio fue un educador asistemático y a veces incidental, un acto de justicia sería que desde su hereditaria pauta periodística se honrara su tenaz rectitud.
Aprovecho para saludar los testimonios incluidos en la edición de Proceso 1993, de 114 páginas, que más que una revista fue para mí una cátedra a libro abierto.
Atentamente
Javier Soberanes Romero








