La figura del cosmólogo Stephen Hawkings abraza todos los ingredientes necesarios para cocinar una impecable biografía presentada en el marco de una película de época. Genio atacado por una enfermedad degenerativa que lo va destruyendo en la medida que acumula éxito y crece su fama; historia de amor que desafía a la fatalidad cuando al joven estudiante se le dictamina que no vivirá más de dos años; esposa abnegada que sostiene al héroe y vela por su salud.
La teoría del todo (The Theory of Everthing; Reino Unido, 2014) se basa en las memorias de su exesposa Jane Wilde, lo que permite un acercamiento más afectivo y a la vez establece un punto de vista externo, pero muy poco se indaga del mundo interior del científico; sus teorías se explican con papas y tenedores, en contraste con las complicadas y misteriosas ecuaciones que muy pronto ya no puede escribir en el pizarrón. La ironía es que Hawkings, aun en condiciones tan precarias de salud, ha sido uno de los científicos que más se han esforzado por divulgar la ciencia.
Del director James Marsh, conocido por un par de documentales (El proyecto Nim, Hombre en el cable) donde predomina un gusto por lo desorbitado, podría esperarse una mirada más penetrante sobre Hawkings; a menos que la batalla por sobrevivir, el encuentro con dispositivos que van de la silla de ruedas a sofisticadas máquinas de comunicación, señale a la capacidad humana de adaptación en condiciones extremas, La teoría del todo es un monumento a lo políticamente correcto.
En el primer caso se apunta al prodigio, y lo interesante no es ya la sapiencia de Hawkings sino su batalla; en el segundo, en el que se complace en aplaudir el espectáculo del dolor y la inexorabilidad del genio, al lugar común de la cinta de superación personal. En esta versión de Hawkings, los representantes de la comunidad científica y académica, o encomian su genio o lo descalifican, sin que quede claro por qué.
Eddie Redmayne no podrá faltar en la lista de los Óscar; encarnar a un personaje heroico con restricciones físicas extremas, abre un camino directo a los premios; la situación con Mr. Stephen Hawkings era delicada porque aún vive; su persona, situación física y gestos son familiares a todos. El verdadero reto del actor era acceder a la corporalidad y a los gestos contraídos de esta celebridad sin caer en la caricatura, o en lo grotesco, habitar ese cuerpo y darle un alma. Redmayne lo logra; ojalá los jurados sepan reconocer este mérito y no premien el mero espectáculo. Se sabe que Hawkings es reacio a hablar de su vida privada (con todo derecho), seguro evitará comentarios, pero en su caso no puede resultar halagador verse en la pantalla por más que se aplauda su genio.
Si se mira como historia de amor, Jane (Felicity Jones), madre y esposa perfecta, es el centro y el alma de La teoría del todo, la mujer que entiende y cree, lucha física y emocionalmente por Hawkings y defiende su propia carrera. Sus memorias resuenan, en el fondo, como un ajuste de cuentas su propia suerte.








