Susana Robles, mujer de teatro

El miércoles pasado murió a los 70 años la dramaturga actriz y directora teatral Susana Robles. Fue alumna de Héctor Azar, Hugo Argüelles y Gerardo Velázquez en la dramaturgia, y de Seki Sano, José Solé y Ludwik Margules en la dirección y actuación. Incursionó en diferentes ámbitos de la escena trabajando desde actriz de cabaret hasta  autora de obras cercanas al surrealismo o al absurdo.
En su juventud se avocó a la actuación y es hasta los noventa que decide dedicarse a la dramaturgia tanto en la escritura de textos como de maestra. Transitando desde estos dos polos, Susana Robles hizo su debut en el Teatro Blanquita en 1960 como bailarina, para después trabajar con Manolo Fábregas y Mauricio Garcés en Una pareja dispareja y Las golfas, conducida por Luis G. Basurto, y Cuidado con los cuernos en la Carpa México.
En los setenta la dirige Héctor Azar en un par de obras en el CADAC: El otro de Unamuno y Noche de huéspedes de Weiss. En los ochenta incursiona en la dirección escénica con Markeinn y El largo adiós, además de una decena de obras con la Compañía del Colegio de Bachilleres.
La obra de teatro con la que se dio a conocer como dramaturga fue Mishima en 1992, que llevó al  escenario Abraham Oceransky con la memorable interpretación de Alejandro Reyes representando al propio Yukio Mishima. Inspirada en la vida de este escritor, Susana Robles supo exponer sus conflictos existenciales sin grandes aspavientos, apoyándose más en marejadas internas que en los acontecimientos exteriores. El trabajo estilizado en la actuación y la estética del montaje, junto con la fuerza del texto, provocó un éxito rotundo en el Foro Shakespeare en una larga temporada. Hasta el 2006 fue publicada como parte de la colección de La Centena editada por Conaculta y el Milagro. En ese mismo año también se editó su obra El pasillo en el libro Escena con otra mirada en Plaza y Valdez, antologado por la crítica teatral Reyna Barrera. En esta obra, aparentemente sencilla, refleja el vínculo entre dos personajes de los que se sabe poco y flotan en el lugar en un caos mental que revela vidas interiores poco accesibles.
Si bien Susana Robles no fue una dramaturga muy representada, sus puestas en escena dieron mucho de qué hablar y Mar blanco fue una de ellas. Esta obra, basada en la novela Los ojos azules, pelo negro de Margarite Duras maneja la ambigüedad de géneros y nos muestra a una pareja donde los roles parecen invertidos. Un homosexual refinado y frágil, frente a una mujer fuerte que se enamora de esta delicadeza del otro. La puesta en escena de Sandra Félix, sobria en la concepción, fue enriquecida por la escenografía e iluminación de Philippe Amand, ubicando la relación en un espacio blanco donde la playa y las olas eran el contexto. En la  propuesta  de Susana Robles, la ambigüedad es uno de los temas fundamentales en el cual su principio básico es mostrar, sin una anécdota específica, cómo el amor está por encima del sexo de los personajes.
Mar blanco obtuvo el premio Eliseo Diego y en 1988 recibió la Medalla Virginia Fábregas.
Susana Robles, cercana por muchos años a la Sociedad General de Escritores de México cuando su presidente era Víctor Hugo Rascón, apoyó iniciativas en favor de los dramaturgos, en particular cuando se luchó porque la casa de Hugo Argüelles se convirtiera en museo. Su labor como maestra en la escuela de escritores y en otros lugares, la acercó a jóvenes generaciones, que junto con sus colegas, lamentan su fallecimiento.