La evocación cercana de Del Toro, Mandoki y Cazals

Guillermo del Toro, director de las películas Cronos,  Hellboy,  Blade II, El laberinto del fauno y Pacific rim, entre otras, plantea que “ahora, más que nunca en México, hombres como Julio Scherer García son indispensables”.

El famoso cineasta lo define en seguida:

“Julio Scherer García estaba siempre abierto a los amigos y era justo, intachable y feroz con los enemigos: los nombraba sin miedo, frontal y públicamente.”

En su libro La terca memoria, que el fundador de este semanario  publicó en 2007, dedicó cinco páginas a Del Toro, quien también es guionista, narrador y productor con una trayectoria y notoriedad mundial no sólo en la pantalla grande, también en la chica, ya que creó la serie de drama, terror y ciencia ficción The strain (en español La cepa) basada en la primera novela de la Trilogía de la oscuridad que escribió el realizador junto con Chuck Hogan.

El texto del exdirector de Excélsior y doctor honoris causa en 2006 por la Universidad de Guadalajara (por cierto Del Toro es jalisciense), inicia así:

“Guillermo del Toro se presentó en mi casa y pidió un vaso de agua. Al rato, un huisqui en las rocas. Amistoso, platicador, nos reunimos con su esposa Lorenza, su representante Bertha Navarro (productora de cine), Luis Mandoki y su hijo Daniel, aún niño, y apretado contra él, María, Ana y Julio, mis hijos.

“…Julio, provocativo, le dijo que ni él, Del Toro, ni Alejandro González Iñárritu, ni Alfonso Cuarón, representaban al cine mexicano. Mexicanos los tres, de enorme talento, sus méritos reconocidos internacionalmente eran para el cine europeo y el cine estadunidense. Del Toro habló de su irrenunciable condición de mexicano y algo aportaba, junto con Iñárritu y Cuarón, a nuestro país. Julio respondió que donde está el trabajo está la vida, así el trabajo resulte profundamente ingrato. Respecto al país de origen podemos desvivirnos por un amor remoto que nos arranca pesares, pero que ya se fue. Otras relaciones, otras uniones fueron creando vidas nuevas. Así es y no podría ser de otra manera. La tierra arraiga a la semilla promisoria, se hace de ella. El trabajo es, por su propia condición, el único bien universal que nadie discute.

“Siguió Julio y le dijo que le encantaría verlo trabajar en México, en los callejones mexicanos, en el habla nuestra, en los guiones de Vicente Leñero, humor, gracia y cabronería. Pero ya partía Del Toro para Budapest, un año, para trabajar con magiares, para vivir las dos capitales en una, la de los acomodados y la otra, pero una sola gran ciudad bañada por el agua del mismo cielo.

“Del Toro nos invitó a todos a encontrarlo allá. Sería una fiesta. Sentía que en la noche que se iba haciendo muy noche, nos habíamos consagrado a una amistad que no debíamos perder. Coincidimos en otros puntos: México ha ido por un mal camino, ha perdido oportunidades, vive un declive que alarma sin que sepamos aún cuál será la salida, si ésta existe, pensando seriamente en ciento diez millones de mexicanos y no en la mitad o menos.”

Ahora Del Toro, refiere para Proceso:

“Su ausencia resulta imposible: un hueco enorme en nuestro mapa social y cultural. Pero el legado que deja detrás –el legado valiente, inteligente y comprometido– se vuelve ahora, frente a su partida, aún más importante. La labor de su vida está tejida en las vidas nuestras: está en nosotros buscar que su voz nunca se apague.”

Luis Mandoki

También célebre cineasta en Hollywood y México, Luis Mandoki, nacido en la Ciudad de México en 1954 y creador de dos documentales acerca de las elecciones presidenciales de México de julio de 2006: ¿Quién es el señor López? y Fraude: México 2006, se refiere así del autor de Siqueiros. La piel y la entraña: y El poder. Historias de familia:

“Hay muchos momentos que disfruté con don Julio Scherer García. Le tenía un cariño, como si fuera mi propio padre. Era de las gentes más inspiradoras en este país, con su ejemplo, pero al mismo tiempo con su humanidad a muchos niveles. ¡Claro!, es el luchador de la libertad de expresión y por otro lado el padre y el esposo. Hablaba de su mujer que ya había fallecido y hurgaba el alma humana en todos sus escritos, podía ir desde esas largas entrevistas, como en La Reina del Pacífico, y encontrar la humanidad de esa mujer, y al mismo tiempo estaba en esa lucha incansable  por la libertad de expresión y la democracia en este país.

“Siempre era escuchar una voz que rompía lo que uno esperaba. Transgredía simplemente las pláticas cotidianas con su agudez.”

Mandoki rodó el filme mexicano Voces inocentes, el cual transcurre durante la guerra civil salvadoreña de 1980. La estrenó el 16 de septiembre de 2004 y se basa en la infancia del escritor salvadoreño Óscar Torres. La película aborda el uso de los niños por parte del Ejército y también muestra la injusticia en contra de personas inocentes que se ven obligadas a combatir en la guerra. Rememora en entrevista que el periodista Julio Scherer García le platicó que uno de los momentos de la cinta que le conmovieron fue el de los niños bajo las camas mientras las balas cruzaban las paredes de sus casas:

“Encontraba ahí, la inocencia, el juego que se interrumpía por la violencia de balas irracionales que eran ciegas al tictac del corazón de un infante.”

Siempre obsequiaba un libro, revela Mandoki, quien filmó La vida precoz y breve de Sabina Rivas (2012), The edge (2003), Trapped (2002) y Angel Eyes (2001).

“Con don Julio los momentos no eran comunes, te dejaba conmovido, también tenía un increíble sentido del humor que rompía la solemnidad”, agrega.

El director cinematográfico revive otra circunstancia:

“En 2006, cuando Andrés Manuel López Obrador traza el plantón, yo estaba con mis cámaras y mi equipo y nos encontramos con don Julio en una habitación del hotel de la Ciudad de México, desde donde  por una ventana  realizábamos algunas tomas. Entonces me confió: ¿Será que el plantón nos llevará a la posibilidad de la democracia? o ¿el plantón  será una forma de válvula de escape para impedir que se desate la violencia?  Y en su mirada había un dolor que no era el dolor simplemente del político, o de otras formas de ver la vida, sino la del hombre que amaba este país, y que ya estaba cansado de que México no avanzara en ese rumbo.”

Felipe Cazals

El actor Pedro Armendáriz, hijo, reunía en su hogar, o en algún restaurante, al Premio Nuevo Periodismo 2002, Scherer García, y al narrador, periodista, guionista y dramaturgo Vicente Leñero, con cineastas como Felipe Cazals, y hablaban de todo: cine, literatura, teatro, política, un sinnúmero de temas.

El nada más y nada menos realizador de Canoa, Las Poquianchis, Los motivos de Luz y Su Alteza Serenísima, entre otros filmes polémicos, recuerda para esta revista esos tiempos con el autor de La piel y la entraña, Los presidentes y Salinas y su imperio:

“Entre los afortunados que compartimos la mesa y el whisky de la casa de Armendáriz Jr. queda el vivo y afectuoso recuerdo de don Julio Scherer, vaso en ristre, agudo, atento y certero como ninguno de los presentes al tema en turno; sin pretensiones de ser considerado como un árbitro pero siempre dispuesto a ejercitar su derecho irremediable a no anticipar concesiones ni conclusiones.

“Don Julio Scherer, siempre alerta, con el fino paladar de un experto cazador de erratas históricas convertidas en noticias de falso cuño, enseñado, por su propia voluntad, a conservar la mirada serena de aquel que mucho ha oído y visto antes de decidirse a ser escuchado, sin ceder, sin alardear, y con los pelos de la burra en la mano.”

El además guionista y productor de cine mexicano completa:

“Así. Muy afortunados comensales fuimos con la presencia de don Julio entre nosotros, y más todavía, cuando afirmaba que: ‘Las verdades pueden ser muchas pero la conciencia sólo es una’. ¡Salud !”