Julio Scherer era tan gran periodista como gran amigo. Y ser amigo de Julio era como sacarse la lotería. ¡Julio Scherer! ¡Yo lo tengo! Siempre lo tuve y lo disfruté porque sobre todo sabía escuchar a sus amigos. Scherer sabía escuchar como ninguno el ruido de la corrupción, los gritos de la injusticia, el escándalo de las masacres. Se nos ha ido un gran mexicano. Uno de los orgullos más grandes que tuve en la vida fue tenerlo como jefe en la revista Proceso, y como amigo en toda oportunidad.








