“La piel y la entraña”, las memorias que Siqueiros no escribió: Híjar

Heredero intelectual y especialista en David Alfaro Siqueiros, el historiador de arte Alberto Híjar considera el libro La piel y la entraña, primero en la trayectoria de Julio Scherer García, como un documento histórico imprescindible.

Destaca sin embargo como más determinante en su vida el impacto de la protesta en el diario Excélsior, dirigido entonces por Scherer, por su desaparición y tortura tras la masacre ocurrida el 14 de febrero de 1974 en Nepantla, Estado de México.

Publicado por la editorial Era en 1965, La piel y la entraña reúne las conversaciones que tuvo el fundador de Proceso con el pintor y muralista en su encierro en la penitenciaría de Lecumberri entre 1960 y 1964, durante el gobierno de Adolfo López Mateos que lo acusó del supuesto delito de “disolución social”.

A decir de Híjar son un testimonio “muy importante”, incluso “sustituye a las memorias que nunca escribió Siqueiros”:

“Pareciera que es un anecdotario, pero en realidad son momentos clave de la vida comunista de Siqueiros, por fortuna no limitada a la pura cuestión estética, es mucho más que eso, es la referencia a las luchas que dio por el socialismo durante toda su vida.”

El historiador de arte, especialista del Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información de Artes Plásticas (Cenidiap) del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), responde, a pregunta de este semanario, que no obstante haber trabajado cercanamente con Siqueiros, nunca presenció ninguno de los encuentros de Scherer con el pintor en el llamado Palacio Negro.

Entonces evoca el trágico acontecimiento que vivió tras haber pertenecido a las Fuerzas de Liberación Nacional (FLN) durante la llamada “guerra sucia” en México:

“La relación más cercana fue cuando yo estaba desaparecido: Cómo las páginas editoriales de Excélsior fueron ocupadas por compañeros periodistas que escribieron sobre lo que estaba pasando, después que se supo de la masacre en Nepantla.”

Recuerda que el columnista Nikito Nipongo decidió publicar un texto con su nombre real, Raúl Prieto, acerca de la joven Dení Prieto, quien fue masacrada junto con cinco compañeros en un ataque militar a la casa de seguridad que tenían las FLN en Nepantla:

“Raúl Prieto publicó un bello texto relacionando esto con la ejecución del último preso político, que se llamaba Salvador Puig Antich, muerto a garrote vil (una silla para la pena capital) por la dictadura de Francisco Franco.”

Hace él ahora la comparación del caso:

“Entonces, en la feroz dictadura de Franco, el acusado fue procesado, su familia lo pudo visitar, se le dio licencia de pasar la última noche de su vida con la familia, su cuerpo les fue entregado a sus compañeros, hicieron un funeral público, fue enterrado por ellos; mientras en la democracia mexicana el cuerpo de Dení Prieto estuvo un buen rato sin saberse dónde había quedado, fue masacrada sin juicio y asesinada por esa combinación espantosa de federales, seguridad y ejército.”

–¿Un caso que recuerda Ayotzinapa?

–¡Claro! Y en especial yo fui beneficiado por las páginas editoriales del Excélsior de Scherer, cosa que agradeceré siempre… No sólo escribió Raúl Prieto, otros más también.

Híjar no estuvo en Nepantla, pero “fui el único del Distrito Federal de las FLN que fue sacado a patadas de su casa, desaparecido y torturado por lo que empezaba a ser la brigada blanca de Miguel Nazar Haro. Entonces, mientras estuve desaparecido empezaron a escribir en Excélsior y a dar la noticia.

“Me tuvieron que aparecer gracias a toda la gran campaña que se hizo. Estaba yo con otros compañeros de Monterrey, a quienes obviamente no conocía porque así es el clandestinaje revolucionario. Y bueno, pues las menciones que se hicieron de mi caso fueron importantes para que no acabara       yo aventado en una barranca, en un pozo o algo así.”