Los impactos de la labor periodística de Julio Scherer García trascendieron los medios que dirigió y el mismo ámbito periodístico; a través de ella incidió en la vida pública nacional, afectó al régimen autoritario y, por ende, modificó el ejercicio del poder en México. Los personeros del priiato percibieron de inmediato los riesgos que él representaba para ellos y, por ello, lo mantuvieron bajo constante asedio prácticamente desde que asumió la dirección de Excélsior el 1 de septiembre de 1968.
Desde la llegada de Julio Scherer a la dirección favoreció las condiciones para impulsar el periodismo de investigación, la búsqueda incansable de la verdad y, particularmente, ensanchar la libertad de expresión, tanto por medio de los reportajes como de los artículos de opinión, que pronto incluyeron a plumas críticas e incómodas para el régimen. Julio no cedió a las presiones del gobierno para vetar articulistas o censurar el trabajo de los reporteros del entonces mejor diario de México. Ante su persistencia, la única opción disponible era eliminarlo a él; arrebatarle la dirección del diario e imponer a alguien dócil a sus designios, lo cual concretaron el 6 de junio de 1976, tres meses antes de que Scherer cumpliera los ocho años en dicha posición.
Sin embargo, contrario a lo que calcularon, la expulsión de él y su grupo fue insuficiente para detenerlo, e incluso resultó contraproducente pues potenció sus alcances y consecuencias. A pesar de que entonces la mayoría de los medios y los periodistas se sometían sin resistencias a los dictados gubernamentales, sí había precedentes de ataques a la libertad de expresión; mas en este caso los resultados fueron muy distintos: La deleznable acción del gobierno encabezado por Luis Echeverría se convirtió en un parteaguas en la historia del periodismo mexicano.
Julio Scherer y su equipo más cercano empezaron ese mismo día los trabajos para lanzar, antes de que concluyese el sexenio, una nueva publicación, y la concretaron cinco meses después: El 6 de noviembre de ese mismo año apareció Proceso, el único semanario de información y análisis político exitoso en la historia del periodismo mexicano.
No todos los integrantes del grupo que salió con Scherer se integraron a Proceso; algunos –entre los que destacan Octavio Paz y Manuel Becerra Acosta– decidieron impulsar sus propias publicaciones y dieron vida a la revista mensual Vuelta y al diario Unomásuno, que también contribuyeron a modificar el paisaje de los medios de comunicación en México. Miguel Ángel Granados Chapa participó en la fundación de la revista, pero pronto renunció para incorporarse a otros medios y escribir una columna política diaria que dejaría profunda huella en la prensa y la conciencia nacionales.
Parece que el golpe a Excélsior fue la poda que provocaría una acelerada reproducción de las ramificaciones; al margen de los orígenes, las intenciones, la calidad periodística y el éxito de las publicaciones, éstas se multiplicaban mientras Proceso ensanchaba los espacios de libertad de expresión y exhibía la injusticia, el uso arbitrario del poder, la corrupción, la impunidad, la violación de derechos humanos y el resto de las lacras que caracterizan a la vida pública nacional.
El gobierno ya no podía dictar a su antojo lo que se divulgaba y lo que se ocultaba. A partir de ese momento lo público se empezó a ensanchar y, por ende, el control gubernamental sobre los medios empezó a diluirse (aunque hay que reconocer que todavía hoy el camino por recorrer es muy largo).
El ejercicio del periodismo en México comenzaba a cambiar, y su impacto e incidencia en la vida pública también. No es casualidad que un año después (en diciembre de 1977) se haya aprobado la reforma política que inicia el proceso de liberalización del régimen (sería presuntuoso pensar que fue la única causa; pero también sería mezquino negar su incidencia). La marcha apenas comenzaba; ésta era una de muchísimas batallas que (todavía hoy) hay que librar para construir la democracia en México.
Julio Scherer fue el protagonista principal porque cumplió cabalmente con su tarea periodística en las publicaciones que dirigió, y por ello las trascendió. Sus principales aportaciones se produjeron a través de estos medios y los periodistas que contribuyó a formar, pero no fueron la única vía; su compromiso con el periodismo de calidad y el rechazo, sin excepción alguna, a cualquier injerencia del gobierno y los diferentes grupos de presión le permitieron impactar a todo el ejercicio periodístico nacional.
Todavía hoy son minoría los medios de comunicación nacionales que cumplen con las características enunciadas, pese a que son indispensables para avanzar en la construcción democrática, frenar la impunidad y establecer límites al ejercicio del poder. Algo se ha andado en este camino, como lo demuestran las denuncias de los crímenes de Estado en Tlatlaya, Iguala y Apatzingán, entre otros, y la revelación de la existencia de la “Casa Blanca de Las Lomas”.
No obstante que el camino es todavía muy largo y las batallas serán arduas, la ruta ya está marcada y el sendero abierto; Julio Scherer García fue el ariete que permitió abrir los primeros boquetes en las murallas del autoritarismo, que sigue resistiéndose a caer. Al cumplir su vocación, transformó el ejercicio periodístico e impactó al sistema político nacional. El gran reto es mantener incólumes los principios, el compromiso y la vocación; redoblar el paso y avanzar firme e incesantemente en la dirección señalada.








