Estaré a tu lado

MADRID.- Al otro lado de la línea telefónica, don Julio Scherer me dijo: “Cualquiera que sea tu decisión, yo estaré a tu lado. Cogido de tu brazo. Toda la revista lo está, ya lo viste. Lo sabes bien. Estoy totalmente de acuerdo con don Rafael (Rodríguez Castañeda, director del semanario Proceso); lo que él propone es la mejor opción”.

Don Julio se refería a la propuesta que esa misma noche del viernes 25 de mayo de 2007 me hizo el director del semanario, cuando me llamó a su oficina: “Ya tengo la mejor opción: Te vas a España”.

Esta decisión se tomó a consecuencia de una amenaza en mi contra vertida desde algún punto del convulso Michoacán de principios de la administración de Felipe Calderón.

Un reportaje bajo mi firma había desa­tado los demonios, según nos informó Ramón Eduardo Pequeño García, entonces titular de Seguridad Regional de la Secretaría de Seguridad Pública, quien al director primero, y luego a mí, nos dio algunos detalles de la información con que contaban en esa área del gobierno.

En el número 1988 del semanario, cuya portada se dedicó a Vicente Leñero, el también desaparecido subdirector fundador de la revista, don Julio publicó un emotivo texto, en uno de cuyos pasajes recuerda aquel episodio que califica de un “asunto grave”. Escribió que este tema provocó una reflexión con el director y con Leñero. “Optamos por nombrar a Alejandro, corresponsal de Proceso en España”.

No tengo conciencia de cuánto duró la citada llamada telefónica con don Julio, debieron ser largos minutos que yo traduje en horas. Colgamos en la madrugada.

En mi caso, colgué sintiendo el cobijo de todos los compañeros de la revista en las palabras de don Julio, el más importante periodista de México, y en la propuesta de Rafael, alentándome a “saltar el charco”, convencidos de que era lo mejor para disminuir los riesgos y para seguir reporteando. Sin duda, para mí representó una aleccionadora posición institucional del semanario, ante el agravio que era contra todo Proceso.

Esa noche recordaba las palabras del director en la reunión convocada esa misma tarde del viernes con toda la redacción para informarles de la situación.

Y también giraban en mi cabeza las palabras de don Julio: “Hemos recibido amenazas muy fuertes, pero esto es lo más grave que nos ha sucedido”.

Por desgracia, después de mi caso en Proceso hemos padecido otras amenazas y ataques graves contra otros compañeros. Sin duda, el más doloroso y agraviante es el asesinato de Regina Martínez, nuestra corresponsal en Veracruz.

En los repetidos viajes que posteriormente hice desde Madrid a México, los encuentros con don Julio siempre estuvieron regidos por el afecto. En ellos solía repetirme en son de broma: “Ya te quedas, ¿no? Dime que ya no te quieres ir”.

Me quedó claro que también la respuesta de Proceso –y la de don Julio en lo personal, en esos graves momentos– es parte de la construcción de la obra del más influyente periodista de México de los últimos años. Incluido, por supuesto, el aprecio y cariño que siempre prodigó por la familia de oficio que construyó en Fresas 13.